Cultura

La tradición escandinava y el exotismo documental coreano

  • La muestra se abre al mundo exhibiendo trabajos de dureza demoledora que llegaron del frío y las inquietudes de la cinematografía emergente asiática

A bote pronto, confesarse devoto del documentalismo escandinavo en cualquier reunión social en el que no dominen abrumadoramente los gafapastas puede ser origen de sonoras carcajadas. No es que yo llegue a tanto, pero negarle a la cinematografía sueca una gran tradición documental sería injusto. Alcances ha querido llenar esta laguna y ha preparado un ciclo con los últimos trabajos venidos del frío, algunos de ellos muy celebrados, y le ha quedado una oferta muy resultona.

Para empezar, el documentalismo escandinavo no habla necesariamente de Escandinavia. De hecho, el título imprescindible del lote, el que no se pueden perder, se rodó en la franja de Gaza. "Aquí harían falta mil psicólogos", dice el único psicólogo de Gaza, el protagonista de Un joven Freud en Gaza, de PeA Holmsquit, que podrá verse el próximo viernes. Contemplar el día a día de un psicólogo en una población asediada, marcada por el miedo, el estrés, la ansiedad y la muerte es una experiencia perturbadora. El documentalista escandinavo -ya no hay tantas risas- introduce su cámara en lugares miserables, sin esperanza, donde las enfermedades mentales germinan y se propagan como el ébola en el Congo, pero al mismo tiempo la mirada de este psicólogo, un héroe de la resistencia humana, nos dibuja personajes que no son extraterrestres. Por la pantalla desfilan adolescentes anoréxicas, niños infinitamente tristes que han perdido a sus hermanos y a sus padres y mártires, futuros hombres-bomba, atrapados en los dilemas de inmolarse sirviendo a un dios o continuar entre los suyos, en los dilemas del morir y del matar. Escalofriante.

La otra joya del ciclo tampoco tiene demasiado que ver con Escandinavia. La reina y yo es un documental con un magnífico material para una ficción. Lo rodó en 2008 Nahid Persson, una cineasta iraní exiliada en Suecia que contacta con Farah Diba, la viuda del Sah, derrocado en 1979 por la revolución islámica. La relación que traban estas dos mujeres, documentalista y documentada, no para de aportar sorpresas. Tuvo mucho éxito en casi todo el mundo, pero lo cierto es que en España casi nadie la ha visto.

Por completar el panorama, un español con más cara que espalda como protagonista de la otra sugerencia llegada de estas latitudes. El personaje es el arquitecto Santiago Calatrava, que le intenta colocar a un barrio de Estocolmo una costosísima torre. Los vecinos suecos, que no son como los valencianos, muestran cierta reticencia al proyecto de este iluminado que, como el rey desnudo, cuenta con algunos defensores en el filme dispuestos a declarar la majestuosidad del traje del emperador Calatrava. Como la película es de 2005, la perspectiva nos aclara muchas cosas de lo que tendría que venir.

Por otra parte, no se puede ser un devoto del documentalismo de Corea del Sur porque apenas si tiene tradición, aunque su cinematografía de ficción hace tiempo que rompió las fronteras. Los programadores de Alcances han buceado en su producción y han descubierto alguna joya que otra. Destaco Repatriation, que se proyectará el martes. Cuenta el regreso a la libertad de un grupo de personas excarceladas tras 30 años de encierro por delitos de espionaje. Hay otra sobre la amistad entre un viejo campesino y un buey, Old Partner, pero esta ya inspira un poco más de respeto.

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