Cultura

Un teatro de imposibles posibles

  • José Luis Cerzo demuestra ser, en la colección que puede verse en los claustros de Diputación, un relator de bellas y rocambolescas historias, repletas de un lenguaje intenso y lleno de fórmulas

Una de las piezas expuestas en el Palacio Provincial. Una de las piezas expuestas en el Palacio Provincial.

Una de las piezas expuestas en el Palacio Provincial. / d.c

El primer golpe de vista a esta exposición produce un acusado sentimiento de entrañable nostalgia. El espectador rememora aquel tiempo en el que hasta el Claustro de Exposiciones de la Diputación de Cádiz llegaban importantes exposiciones; Eduardo Rodríguez mantenía expectante el espíritu artístico de los buenos aficionados con muestras de los más grandes. Y lo hacía permanentemente, no de forma esporádica como en los últimos tiempos. El gran arte, aquel salido de los mejores, llegaba, sin solución de continuidad, al antiguo edificio de la Aduana gaditana para goce y disfrute de todos. Uno llega al Palacio y parece recuperar un tiempo que se fue por culpa, entre otras cosas, de la crisis económica.

Esta muestra de José Luis Serzo es grande e importante en continente y contenido y nos lleva a experimentar variados planteamientos. Por un lado, nos encontramos con un autor distinto que hace una obra distinta; un artista que hace conjugar distintas posiciones expresivas y que nos descubre un arte diferente con infinitos registros. Asimismo, nos introduce en un universo maravilloso, surreal, inventado y evocador. José Luis Serzo nos cuenta inquietantes historias bellamente ilustradas.

Y, ¿quién es este mago capaz de extraer de su chistera tan felices historias?, ¿cómo puede encontrarse en este mundo del arte actual tan bellos desarrollos plásticos, provenientes de un genio felizmente embaucador que describe historias decoradas con barroquizantes elementos? El espectador que no sepa nada de él se puede imaginar que tales maravillosas obras han salido de un sesudo y añoso artista. Nada de eso, se trata de un hombre, todavía joven -nació en un pueblo de Albacete en 1977- pero con un currículum amplísimo y tremendamente significativo, lleno de importantes comparecencias en las primeros foros artísticos, con exposiciones de referencia comisariadas por críticos de absoluta solvencia. En Cádiz, lo vimos en la Sala Rivadavia, en el 2008, con una exposición protagonizada por uno de sus ilustres personajes, I Ming, El Pequeño Amarillo. La segunda pregunta se contesta fácilmente y los espectadores la pueden encontrar después de haber visto la exposición. Simplemente porque se trata de una obra artística absoluta y total, llena de sentido, de trascendencia creativa, que toca todos los postulados plásticos -dibujo, pintura, escultura, instalaciones, videocreaciones- y que, además, nos cuenta una serie de historias perfectamente descritas y con unos desenlaces formales llenos de contundencia y dimensión artística.

El Claustro de Exposiciones al completo y la sala del centro se nos han convertido en un escenario donde se teatralizan varias representaciones a la vez, con sus mágicas históricas, sus personajes imposibles y sus infinitas lecturas. José Luis Serzo es un relator de bellas y rocambolescas historias protagonizadas por personajes que descubren una sociedad donde la ficción alimenta una realidad presentida. Todo ello, con un lenguaje intenso, lleno de fórmulas barrocas, de instalaciones que transportan a mundos sugeridos, que desarrollan relatos con actores que surgen de un sueño permanente.

Pero la exposición no sólo nos hace transitar por un espacio escénico que atrapa por su belleza y sus infinitos recursos escenográficos; también permite encontrarnos con un artista plástico total, dominador de la pintura narrativa, de un dibujo elegante y diferenciador; con un manipulador de una materia plástica que establece una escultura que conjuga, a la perfección, fondo y forma; así como con un artista que interviene los espacios para crear esas instalaciones donde se ofrece su poderosísimo concepto artístico bellamente descrito realidades y esquemas ficticios.

Teatrorum es una realidad creada para que el espectador mire - teatro significa "lugar para contemplar"-, para que observe un espacio y encuentre los sistemas para asistir a un universo de imposibles posibles. En su teatro, la realidad y la ficción rompen sus espacios fronterizos y nos hacen transitar por un estamento liberador que abre las perspectivas emocionales y refleja entidades donde lo mediato es cada vez más cercano o, si se quiere, lo más inmediato adopta formas irreales.

Me alegra infinitamente esta exposición. Y me alegro por Eduardo Rodríguez. Él, que ha sido artífice de tantas buenas historias artísticas en la Diputación Cádiz, vuelve a traernos una historia importante, llena de sentido plástico y con todos los aditamentos para que el espectador encuentre sabias y distintas posiciones de un arte diferente y de otra dimensión.

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