Cultura

El silencio y la dignidad de la India, tras la cámara de Fernando Alda

  • El fotógrafo expone en el Colegio de Arquitectos 'Tu alma es el mundo entero', una selección de las imágenes tomadas el año pasado en el subcontinente. La muestra puede verse hasta el 8 de junio

Recuerdan de manera inevitable a los grabados de los viajeros románticos de finales del XVIII y principios del XIX o las láminas de geografías y edificios imposibles de Alan Lee. Las fotografías en gran formato de Fernando Alda muestran algunas de las construcciones más significativas del patrimonio indio. Entre ellas, el Fuerte Amber, el fascinante depósito de agua Baoli Dada o los edificios de Fatehpur Sikri, ciudad que fue capital de la India de 1571 a 1585 y que quedó abandonada, intacta, ante la dificultad de suministro hídrico.

Las reproducciones filtran, sin tregua, la calima omnipresente en el país y aumentan el sentido de irrealidad, de transcendencia, de las imágenes. A ello contribuye el hecho de que en ninguna de estas fotografías aparezca la figura humana: todo un reto en un lugar como la India.

"Es cuestión de paciencia -comenta su autor, Fernando Alda-. La gente termina siempre desapareciendo".

Peor fue, asegura, tomar fotos de esas características a pulso: según Alda, guardan la misma perspectiva que utiliza para fotografiar edificios contemporáneos. Unas construcciones que, atrapadas en distintos rincones del país, presentan una composición lineal que recuerda al clasicismo.

Las láminas están impresas en papel de algodón, con tintas pigmentadas, y muestran una selección de las fotografías que Fernando Alda realizó en el subcontinente durante el viaje de estudios del COA a finales del año pasado. Tú alma es el mundo entero, el título de la exposición que puede verse en la de sede del Colegio de Arquitectos de Cádiz, recoge sólo una parte de las imágenes tomada por Alda -y que quedaron clasificadas en arquitectura tradicional, Le Corbusier y contemporaneidad-.

Al inicio de la exposición, el fotógrafo posa frente a un panel con varias de las gentes retratadas durante el viaje. "Pregúntame algo, que si no me pongo nervioso", dice. Y cuenta que se levantaba tres o cuatro horas antes que sus compañeros de viaje para pasear por las calles. Era en esos momentos donde encontraba a sus modelos, improvisados y solícitos: "Arquitectura y población tienen una cosa en común en la India -explica-. Una tremenda dignidad".

"Olvidamos muy pronto -continúa el fotógrafo-. Cuando yo era niño, en Aranjuez, recuerdo que venían los autobuses de americanos y todos íbamos a pedirles caramelos... Nosotros los veíamos como lo más normal del mundo, pero seguro que a ellos les resultábamos tan exóticos como ahora nos resulta a nosotros esa misma imagen en India o Marruecos".

La frase que da título a la exposición, extraída del Siddhartha, pretende recoger precisamente ese espíritu del que habla Fernando Alda, esa "dignidad especial que rezuma en todo el país. Un modo de entender la vida que, sin embargo, no resulta agresivo como puede serlo en el mundo cristiano o musulmán".

"En la religión católica, todo está basado en el miedo o en el sufrimiento, en el llanto y crujir de dientes -reflexiona Alda-. En la India, sin embargo, todo obedece a un orden de mejora, y tal vez esa actitud influye en la vida diaria".

Pasamos de nuevo frente a las ruinas huérfanas. De nuevo la soledad, y el vacío, y silencio de atmósfera densa. Es difícil no sentir el pellizco. Fernando Alda se encaja las gafas, sorprendido y halagado ante el comentario.

"Es que... hoy en día -trata de explicarse- hay mucho soporte y poco fotógrafo. Y hay una gran diferencia entre una cosa y otra, diferencia que viene determinada por si te pone en contacto con lo que refleja o no. Una fotografía puede ser una obra de arte pero no por ello ha de ser forzosamente una buena foto".

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