historia | globos aerostáticos

La pionera de los cielos gaditanos

  • El Archivo Histórico Provincial presenta estos meses como Documento Destacado el legado de 'Una pionera de la aeroestación. Madame Betran de Senges en Cádiz (1850)'

Las ascensiones en globo eran un espectáculo popular en la primera mitad del XIX. Las ascensiones en globo eran un espectáculo popular en la primera mitad del XIX.

Las ascensiones en globo eran un espectáculo popular en la primera mitad del XIX.

Hallazgos como los que en esta ocasión presenta el Archivo Histórico Provincial son los que sirven de mecha a la imaginación. Visualicen el Cádiz de mediados del XIX; imaginen la llegada de una función con globos aerostáticos; imaginen, a más colmo, que las responsables de esos espectáculos, hijos de un pasmo circense, fuesen mujeres. Yfrancesas.

Una pionera de la aerostación. Madame Bertran de Senges en Cádiz (1850)es el Documento Destacado de marzo-abril en la entidad dependiente de la Consejería de Cultura. Como otra documentación similar, relativa a los permisos de ascensiones en globo, los legajos bajo el nombre de Bertran de Senges se guardan en la serie Espectáculos y diversiones públicas (1797-1868) del Gobierno Civil: el cargado de autorizarlos, poner pegas o denegarlos.

El primero de ellos es una instancia de febrero de 1850 solicitando el permiso pertinente y advirtiendo que previamente ya había realizado ascensiones con su marido, Mr. Arban. La función de Bertran de Senges se titulaba Grande espectáculo aerostático, filarmónico y gimnástico y burlesco, e incluía actuación de orquesta y varios números cuyo broche final era un baile inmediato a la ascensión. En su petición, señala que se avise a las autoridades de los pueblos inmediatos, donde pudiera descender para que le presten auxilio, y se destine a una pareja de la Guardia Civil o tropa de Caballería a su servicio en caso de tomar tierra. A los papeles de este primer expediente, se une una reclamación por parte del administrador de la Fábrica de Gas de Cádiz exigiendo el pago de servicios que debe abonarle Bertran de Senges para sus dos funciones. Se adjunta una factura de 2640 reales.

En el segundo documento, en diciembre de 1850, Bertran de Senges pide permiso para realizar una función en enero, que no se pudo realizar por mal tiempo y ante la que aseguró “que los gastos y deudas” se saldarían en una próxima ocasión –ocasión que, mucho nos tememos no tuvo lugar: o, al menos, no hay registros–.

Como explican desde el Archivo Provincial, “en la primera mitad del siglo XIX, las ascensiones en globo eran una diversión popular y festiva. En esta etapa, aeronautas extranjeros, sobre todo franceses, visitaron España con sus ‘compañías’, que muchas veces eran sagas familiares o matrimonios, de ahí la presencia femenina. Ejemplos de ello fueron los Garnerin, M. Arban y su mujer (Marie Bertran Senges) o Mr. y Madame Poitevin (Rosalie Goujon)”.

Mr. Arban llega a España en 1847 y realiza exhibiciones en Madrid, Sevilla y Barcelona. Acompañado siempre por su esposa, el espectáculo tiene lugar en sitios como plazas de toros. En su periplo andaluz, pasó por Cádiz, Sevilla, Jerez y Málaga. En el archivo gaditano se conserva también un expediente del 16 de diciembre de 1947, en el que el alcalde de Cádiz pide auxilio a Mr. Arban al descender su globo.Arban tuvo que ser ayudado por unos ganaderos, que le dieron cobijo durante la noche en su cueva, situada en el término municipal de Los Barrios. Previamente, había contratado los servicios de un barco de vapor para que le siguiera y lo socorriese en una supuesta caída al agua. En 1849, un golpe de viento en Barcelona lo internó en el mar, haciéndolo desaparecer para siempre.

Marie Bertran de Senges o Bertrand de Senges, su mujer, siguió con su negocio tras su desaparición. Curiosamente, el destino del matrimonio Arban fue muy similar al de otra pareja metida en el negocio de los globos aerostáticos, Mr. y Madame Poitevin, de los que hay constancia de que actuaron en Cádiz y en Málaga, ciudad en la que Poitevin terminó, premonitoriamente, cayendo al mar. Su destino final estuvo también en Barcelona, desde cuyo cielo se precipitó en el Mediterráneo.

¿Casualidad? Yo no lo creo. Y ustedes, tampoco.

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