Concentración de creadores en la sierra de Cádiz La localidad ubriqueña se consolida como escenario pictórico

Los pinceles invaden el casco antiguo de Ubrique

  • Un centenar de artistas de todos los puntos de la geografía redescubren el pueblo en las obras que presentan al concurso de pintura rápida Las Cuatro Esquinas

Desperdigados por cuestas o afincados en esquinas forasteras o patrias. Armados hasta las cejas de pinceles, pinturas… Y expuestos a las miradas ajenas, que recomponían sus obras a cada trazo.

Así trabajaron ayer en Ubrique un centenar de pintores venidos de todos los puntos de la geografía para participar en la octava edición del Concurso de Pintura Rápida Las Cuatro Esquinas. La idea consiste en hacer una pintura en un espacio acotado de tiempo. En este caso, los creadores debían parir sus obras en el plazo máximo de unas ocho horas.

Y así lo hicieron. El magnífico mural del casco antiguo de esta localidad serrana, de unos 18.000 habitantes, fue la inspiración. Caballetes sellados por la organización desde las nueve de la mañana iban cobrando vida a medida que el sol se hacía más impetuoso. A las cinco de la tarde, procedían a la entrega de las obras al jurado. Pasadas las siete y media, el veredicto.

Aún con los grados en avanzadilla en el termómetro, el arte tomó ayer las calles de Ubrique. Lienzos y telas cobraban vida al lado de la ermita de San Antonio, la calle Real, la plaza del Ayuntamiento, el callejón del Norte, Higueral… Los acompañó decenas de personas anónimas que compartieron momentos con los protagonistas.

La joven Victoria, de 15 años, que empieza a hacer sus pinitos en la materia, viajó desde su Lebrija natal hasta Ubrique para recibir una clase magistral de pintura sin ella saberlo de antemano. El aula, la calle. El contacto con los pintores le acercó el conocimiento de la técnica. La chica no perdía puntada del pincel de Antonio Darias, procedente de Barcelona, quien compartió concurso con su mujer Felipa, pintora también.

Unas calles más allá, pintores de reaños como los ubriqueños José Luis Mancilla y José Antonio Martel, le sacan luz a la perspectiva. Otro trecho más acá, el también ubriqueño consagrado Pedro Lobato Hoyos palpa a pocos centímetros de su espalda la presencia de un grupo coral de observadores mientras el pincel dicta contornos y siluetas de lo que parece que antaño fue el emplazamiento de las antiguas tenerías.

Ubrique es tierra de pintores. Mancilla, sin dejar su tarea, recuerda cómo se engendró la movida pictórica en el pueblo de los artistas con Pedro de Matheu y compañía. Martel añade que en este pueblo blanco hay más de 40 licenciados en Bellas Artes. Por eso se entiende el aire que ayer se respiraba en la zona. Ellos dos con otros nueve más apadrinan estos días en la localidad la exposición Arte para todos, con la que se pretende vender obras en pequeños formatos que sean asequibles a los bolsillos.

Mención aparte merece el padre de este concurso. Es Cristóbal Ríos, el dueño del bar Las Cuatro Esquinas, aficionado de pro, que hace ocho años se lió la manta a la cabeza para organizar este evento. Hoy por hoy, es una iniciativa consagrada que pone a Ubrique en el punto de mira de las convocatorias culturales más allá de sus fronteras.

Para la pintora onubense, Carmen Márquez, encuentros como éste "potencian la cultura y es una garantía de futuro para estos pueblos". En sus palabras, este tipo de acciones son elementos en los que se percibe que los pueblos "están sanos" y a las gentes les "funciona la cabeza", por la sensibilidad que demuestran.

En paralelo, se desarrolló ayer la primera edición del Concurso de Fotografía Digital.

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