Cultura

"Una mala película no se arregla con una buena banda sonora"

  • Ganador de un Goya por 'Un monstruo viene a verme', el músico vasco dirige este mediodía a la ROSS con el coro Ziryab de Córdoba en el Gran Teatro Falla durante un concierto de cine

-¿qué le atrajo de componer para el cine?

-No te puedo decir el qué porque como siempre ha estado ahí... No sé cuando empezó, siempre ha estado ahí, siempre ha sido una cosa que quería hacer y que me gustaba hacer. Para mí el contar las historias a través de la música es una cosa como respirar.

-Y le hace feliz

-Absolutamente feliz. En el colegio ya ponía la música para las obras de teatro con una guitarra, con un Casio, ¡con lo que tuviera! Es como si fuera una manera natural de entender, por un lado, la realidad, y por otro, la realidad paralela que nos inventamos con las historias.

-Creo que en la decisión de tomar este camino tuvo mucho que ver Koldo Serra con quien empezó haciendo la música de sus cortometrajes, ¿cómo surgió la relación con el cineasta?

-Bueno, pues de la manera más tonta porque teníamos una amiga en común que le dijo "mira, este loco seguro que te hace la música del corto". Así que lo conocí, hice un primer corto con él y todo el rato lo fuimos pasando muy bien, hicimos más trabajos juntos y todo de una manera amateur en el buen sentido, con gente que en su tiempo libre hacía un corto o una película, y así hemos crecido juntos. Y luego Koldo me presentó a Jota (J. A. Bayona) y empecé a trabajar con Jota que me presentó al otro y al otro, y el otro al otro... Al fin y al cabo los cineastas con los que tuve la suerte de trabajar son colegas de generación.

-Su instrumento es el violonchelo pero creo que se siente muy bien en la dirección. ¿Qué le impulsó a tomar la batuta?

-Lo mismo que te decía antes de hacer música para el cine... Yo tocaba el chelo y me gustaba mucho, y me sigue gustando, pero cuando me pongo delante de la orquesta es como si fuera yo, como si hubiera salido del armario, soy feliz y, además, no tengo ningún problema en expresarme y en llevar a los músicos al terreno al que quiero que vayan para que la música que tengo en la cabeza sea como yo creo que tiene que ser. Es una versión de mí mismo que me gusta mucho.

-Un buen recuerdo de su época como intérprete

-¡Uy, todos! Estoy pensando, qué se yo, cuando estaba de chelista en el Teatro Real de becario en una Valkiria con Plácido Domingo y Waltraud Meier. Yo era el último chelo de la orquesta en el foso y eso sí que es magia, Wagner, Waltraud Meier y Plácido Domingo. Otro recuerdo, uno divertido, cuando tocaba con una orquesta en Bilbao, tenía yo 16 años o así, recuerdo haber hecho las Antífonas de la Coronación de Jorge IV con un coro y emocionarme muchísmo, decir qué música tan bonita y luego darme cuenta que es la música de la Champions.

-Antes del Goya por 'Un monstruo viene a verme' ya era un compositor reconocido pero, ¿supuso el premio algo más a nivel profesional?

-El Goya supuso una alegría muy grande para mí, para mi familia y para mis amigos, una ilusión muy grande, un día de fiesta, pero profesionalmente, como decías, ya estaba haciendo las películas antes y, gracias a Dios, las estoy haciendo después, no me he quedado en un one hit wonder, que hizo una película y ganó un Goya porque para cuando lo gané ya había hecho 40 películas. Lo bueno es seguir después haciendo otras 40.

-¿'El orfanato' es especial?

-Muchísimo. Además en Cádiz vamos a interpretar la suite, una suite que es bastante coherente, que es la pieza más larga que vamos a hacer, 15 minutos, pero es una especie de resumen de la película en forma de pieza sinfónica y yo cada vez que la interpreto pienso, madre mía, cómo fui capaz de hacer esta obra, me sorprende que la música está muy inspirada pero es que la película era un enorme punto de partida para la música.

-¿Hay un método a la hora de enfrentarte a la creación de una banda sonora? ¿Espera a un punto concreto del montaje, a que esté terminado...?

-Lo más bonito es que no hay ningún metodo y cada proyecto es radicalmente distinto. Por un lado eso hace que nunca te aburras y por otro es muy acongojante porque nunca sabes si vas a saber hacerlo porque cada vez es distinto. Sólo se parece en que hay una película y en que hay que ponerle música. A veces la película ya está montada, en El orfanato, por ejemplo, empezamos por la escena final, pero otras películas hay que empezar sin que haya montaje, otras en las que empezamos incluso antes de que se ruede, hay otras en las que tienes que integrar la música dentro de un discurso en el que ya hay otras músicas porque hay canciones... Cada proyecto es una página en blanco y el reto es aprender a hacerlo cada vez que lo vuelves a hacer.

-El reto más complicado

-Uff... Todos... Pero recuerdo como reto especial Lo imposible porque fue muy difícil encontrar el tono que queríamos, que es ciertamente arriesgado, porque la película es muy intensa y la música es muy emocional, pero fue... Fue la primera que fue difícil y, además, evidentemente, Jota tenía una gran presión porque la primera fue un éxito y queríamos que la segunda fuese muy bien y llegara al público, así que teníamos bastante presión.

-¿Los directores se implican o se entrometen mucho en su trabajo?

-Cada uno es diferente. Hay directores que incluso me dicen qué nota tengo que tocar. Recuerdo, especialmente a Jota en Lo imposible tocando en el piano (ríe) Y luego otros, estoy pensando en Wim Wenders, que este año he tenido la suerte de hacer una película con él, Inmersión, con Alicia Vikander y James McAvoy, nada menos. Pues Wim me dijo "haz la música" se la presenté y me dijo "me encanta", tal cual, no me pidió ningún cambio. Pero esto es como en cualquier relación, como con los amigos, tienes uno que está loco, otro que es un aburrido, otro que es un triste... Y les tienes que pillar el punto.

-En cartelera tenemos ahora 'El secreto de Marrowbone' y a principios de año tuvimos 'El guardián invisible'. Sé que son dos películas diferentes pero ambas tienen ese ambiente oscuro, esa relación con la naturaleza... ¿Cómo se enfrenta a dos proyectos, así, tan parecidos en el tono?

-Sí cierto que tienen que ver, las dos tienen esos oscuros secretos en el bosque, la naturaleza salvaje, bella y amenazante... Así que para cada uno de ellos me coloco donde me lleva el director y el corazón y, al final, yo creo que me llaman para que sea mi voz la que suene, y ahora la gente está empezando a identificar mi música y eso me gusta. Luego, dentro de esa voz hay muchas maneras de contar cosas diferentes y es cierto que aunque esas dos películas tienen dos tonos comparten muchas cosas. A veces lo hago de manera muy analítica, muy semiótica, pero también hay una parte de improvisación y de inspiración.

-¿Se encuentra más cómodo en esos terrenos emocionales, 'Un monstruo viene a verme', también por ejemplo, que en las comedias?

-No, me lo paso muy bien en cualquier reto. La vena melódica me gusta mucho y como a nadie le dejan hoy hacer melodías en la música contemporánea, me tomo la revancha y hago las melodías de todos los demás.

-Su primer recuerdo sonoro cinematográfico

-Pues creo que el primero es Star Wars pero el primero no tiene por qué ser el más importante porque, de hecho, el más importante, sin duda, es La misión. Por la música y por lo buena que es la película.

-¿Una buena banda sonora levanta una mala película?

-No. Una buena banda sonora pone a la película en su sitio. Una mala película no se arregla con una buena banda sonora, la maquillas un poco. Sí hay grandes películas con bandas sonoras mediocres que han trascendido, curiosamente. No te voy a decir cuáles porque parece que me estaría metiendo con el compositor y llamándole mediocre.

-Leí que se inspira corriendo, ¿es así?

-Sí, y caminando, y me consta que no sólo yo, a Müller y Brahms también les pasaba. En cuanto me muevo mi cabeza imagina cosas, parado me cuesta más.

-Dice usted también que las excentricidades sonoras que funcionan dejan de serlo, ¿me descubre alguna?

-Una muy fácil es la banda sonora de Interstellar o la de Dunkerque que son usos muy extremos y pelmas de la música, muy intensos y continuos, que te llevan a un estado de ánimo concreto. Si yo propongo eso me dirían que me estoy pasando, pero lo hacen Hans Zimmer con Christopher Nolan y está guay. Pero eso es ley de vida, hay gente a la que le dejan probar cosas y gente a la que no nos dejan todavía.

-Bueno, pero alguna habrá hecho ya usted...

-Sí, hay una de la que estoy especialmente orgulloso que es el final de Contratiempo, son siete minutos de un crescendo continuo en el que al final va entrando poco a poco una batería que está metida por un amplificador de guitarra, muy distorsionada, es una cosa un poco loca, pero como es una gran película funciona muy bien.

-¿Se cuida en España el proceso de posproducción en las películas? Es decir, cuando llega vuestro momento, ¿hay cuerda aún?

-Es como que se agotan las fuerzas y llega ya todo el mundo muy cansado y con poco presupuesto pero también es verdad que cada vez hay más productores y directores que lo cuidan más. La pregunta está muy bien traída y poco a poco vamos defendiendo eso para que las cosas luzcan.

-Además de películas, también vemos su nombre en trabajos musicales como el último disco de Pasión Vega con la que también trabajó en 'Pasión por Cano'

-Sí, al fin y al cabo también es contar historias, construir el relato y producirlo. Es un proceso muy parecido. En el caso de Pasión es muy tranquilizador trabajar con ella porque es una suerte de Reina Midas, porque todo lo que toca lo convierte en oro. Pero, bueno, lo del cine me ocupa más tiempo en mi vida.

-¿En qué anda ahora?

-Tengo por estrenar una comedia dramática preciosa de Patricia Ferreira que se llama Thi Mai, que se estrena en enero, que estoy muy orgulloso porque la vi y me enamoré. Y luego grabaré dentro de poco Los futbolísimos, que es una adaptación de las novelas de Roberto Santiago, que es para chavales, de aventura, así que me lo paso pipa.

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