la hora del bocadillo

El 'noir' nuestro de cada día

  • El crimen, una vez más, visto desde la particular óptica del guionista norteamericano Ed Brubaker, un escritor curtido desde su juventud

Género negro, criminal, noir, hard boiled, polar… todas estas acepciones, y algunas que se me escapa, definen a esa manera de sumergirse en historias protagonizadas por detectives, policías, ladrones, hasta criminales… Reflejo visceral de la novela de intriga y misterio, tan perfectamente cultivada por los británicos, con dos cabezas visibles como son Sir Arthur Conan Doyle y Agatha Christie.

Sin embargo, en Estados Unidos se comenzaron a publicar en revistas pulp historias que, aunque en sus inicios, también contaban con el elemento misterioso, de investigación, se centraban más (y muy acertadamente) en mostrar un descarnado retrato de una sociedad herida, contaminada en sus raíces por los elementos mafiosos que se habían establecido a raíz de la proclamación de la Ley Seca, así como traumatizada tras las dos grandes contiendas bélicas.

El detective norteamericano es un tipo duro, adusto, con pocos amigos, un pasado gris y amargo y una tendencia para caer con extrema facilidad en las redes de una, o varias, femme fatales. Las obras de Dashiel Hammet y Raymond Chandler son buena prueba de ello.

Pero si ellos fueron los 'padres' de este nuevo género negro, rápidamente aparecerían autores que renovarían este tipo de historias, llevándolas hacia otros terrenos: Jim Thompson, James Hadley Chase, Ross MacDonald, Horace McCoy, Donald Westlake, Mickey Spillane, Elmore Leonard, James Ellroy… Y así una larga lista de escritores que ponían como protagonistas de sus obras a tipos de dudosa moral (el Parker de Westlake) o directamente a asesinos que rozaban la psicopatía (Thompson y sus El asesino dentro de mí o 1.280 almas)…

Pero aquí estamos para hablar de tebeos, así que tras esta necesaria introducción vayamos al grano, y es la figura del guionista norteamericano Ed Brubaker, escritor curtido desde su juventud, que ha reflejado siempre a la perfección esas historias urbanas, oscuras. De hecho, él mismo tuvo una juventud problemática, como refleja en su obra Lowlife, donde ya iba dando pistas de por dónde irían los tiros (y nunca mejor dicho) en un futuro.

Obviamente, su entrada en las grandes editoriales, DC, lo 'obligó' a encargarse de series de tipos con mallas y capa, como Batman. Pero, nunca dejó de aplicar esa pátina de noir a sus historias. Es precisamente durante esta larga estancia en la casa de Superman (y no, no me refiero a Krypton, sino a DC Comics) que publica una historia en el sello Vertigo, que hasta aquel entonces se había caracterizado por albergar, en su mayoría, cómics de corte fantástico o terrorífico. Pero tanto el barbudo Brian Azzarello, con su obra maestra 100 Balas, como Brubaker con La escena del crimen iban a demostrar que el género criminal había vuelto para quedarse.

Jack Herriman no es el típico investigador privado. No sobrepasa los cuarenta años, es un tipo joven. No viste sombrero Fedora ni gabardina, más bien lo podríamos encontrar en cualquier suburbio de la Norteamérica más gris. Sí, tiene un despacho, pero está situado en casa de sus tíos… En fin, que no es el protagonista que esperaríamos para este tipo de historias, pero eso no hace que sea menos atractivo para el lector: tipo rebelde, con un pasado que lo atenaza pese a su juventud y que arrastra una amarga relación con una chica, el único destello de luz que hubo en su vida en los últimos tiempos.

Como todo buen detective, cuenta con la ayuda y amistad de un agente de la bofia. Y es precisamente Paul Raymonds el que le pasa un 'encargo': deberá encontrar a la desaparecida hermana de Alex Jordan, Maggie. En principio parece la típica escapada de joven rebelde a la que ha tenido que enfrentarse en más de una ocasión. Pero cuando la chica es encontrada muerta en una habitación de motel con varios disparos hechos a bocajarro, el tema se oscurece, y mucho.

Jack irá dando tumbos hacia una historia del pasado de este trío de mujeres, unos terribles hechos que lo atraparán en una espiral de mentiras, violencia y muerte. En fin, las características de una buena, muy buena historia de género criminal.

Ed Brubaker sabe rodearse de buenos ilustradores y en esta ocasión lo hace junto a Michael Lark (con el que volvería a encontrarse tiempo después en su etapa de Daredevil) a los lápices y Sean Phillips (su compañero en muchas aventuras comiqueras, Sleeper, Criminal, Incognito, Fatale, Fade Out…).

Un sorbo amargo, pero no menos satisfactorio, a una gran historia del género criminal en las viñetas, cortesía de Planeta Cómics.

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