Cultura

La mirada a la conciencia histórica

  • Juan Carlos González-Santiago y José Manuel Vera Borja presentan Interiores robados, una llamada de atención al recuerdo de Cádiz como patrimonio de riqueza y libertad en su época de mayor esplendor

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Interiores robados refleja, principalmente, la cotidianidad en la arquitectura gaditana de aquellos siglos, XVIII y XIX, en los que las personas que construyeron las imágenes que tan bien han sabido recoger los fotógrafos gaditanos, Juan Carlos González-Santiago y José Manuel Vera Borja, fueron las mismas que alcanzaron los cambios económico y social que modernizaron todo un país. Este trabajo fotográfico y escénico se ha plasmado en la exposición que, desde mañana, se abre al público en los claustros de la Diputación Provincial. Son fotografías de casas y patios del casco histórico de Cádiz, con algunas imágenes tan inéditas como sorprendentes, que se han combinado con la presencia de actores ataviados con trajes de época para recrear la historia de aquella ciudad. Un montaje indudablemente atractivo.

Durante los últimos años, ambos autores se han unido para numerosos trabajos, como la exposición Guada. Memoria del agua, que invitó a meditar sobre el mal uso de este bien natural, a través de la belleza de los paisajes de nuestra provincia; o Mirando desde el Cabo Trafalgar, que conmemoró este lugar.

Esta vez, los objetivos de Juan Carlos y de José Manuel nos conducen con nitidez a la memoria de una época de la que heredamos el dorado que todavía ilumina, a través sus ventanas, las casas, los palacetes, las bibliotecas o los jardines de la ciudad, por los que la recreación de varios personajes, conocidos actores de la ciudad, caminan cual recuerdo fantasma.

Cuando Lord Byron visitó Cádiz, se quedo tan “prendado” de ella como de ningún otro lugar, y así lo señala Vera Borja, según el cual el deseo de sus fotos era llegar a ese lugar del que tanto se ha hablado con unas “palabras arrebatadoras” y al que nadie ha puesto imágenes. Para el fotógrafo, este trabajo se trata de un “ejercicio de memoria histórica”. Junto con  González-Santiago, el fin de Vera Borja es “reivindicar un futuro que se parezca, aunque sea de lejos, a este pasado”, el pasado de un Cádiz que son “los comerciantes, la burguesía que en su día luchó contra la aristocracia”. Y no sólo eso; además, recalca entusiasmado y amando la ciudad -quizá haciéndonos también amarla-, donde las “grandes protagonistas del siglo XVIII fueron las mujeres gaditanas”. Y es que es un hecho que Cádiz y 1812 son un símbolo de libertad y alegría, en el reflejo del orgullo de sus gentes; es la ciudad que sigue siendo dueña de los mares que trajeron la mercancía que le dio la riqueza y que arrastró hasta ella los libros que la convirtieron en una ciudad tan avanzada en sus pensamientos y en unas ideas democráticas, propias de una cultura, por entonces impensable en el resto de España. Parece ser cierto que “Cádiz es a España lo que París es a Francia” -de nuevo se elevan con admiración sus palabras.

Realmente resulta sorprendente este maravilloso paseo que enseña con imágenes -de nuevo, magníficas- la pasada vida, no tan lejana, de los gaditanos; sus lujos y sus costumbres, la riqueza contenida en lo bello de su singular arquitectura, que fundió lo romántico y lo clásico con la esencia de su pueblo. “Creo que esta va a ser la joya del verano”, dijo el diputado Federico Pérez Peralta en la presentación de este flashback al pasado de una ciudad llena de luz, y de un ambiente que incita al visitante a sentirse, ante todo, un ciudadano libre.

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