Cultura

Para luchar contra todos los mínimos

OBRA SOBRE PAPEL. Galería Benot. CÁDIZ.

En estos tiempos que corren, con todos mirando hacia el bolsillo y con aquello de gastar en algo que no sea lo más absolutamente necesario guardado en los recovecos profundos de las ganas, no está nada mal poder encontrarse con obras de arte de calidad, de autores de solvencia contrastada y manifiesta trascendencia a precios altamente asequibles. Es tiempo sí de mínimos económicos, de sequías y de vacas no excesivamente con buen aspecto aunque algunos políticos de vieja guardia se empeñen en decir lo contrario y los otros, los de nuevo mejorable aspecto y gestos de soberbia ultramontana, no quieran hacer nada para contradecir a los que estuvieron y echarles la culpa de lo que ellos son incapaces de afrontar por mucho cacareo insustancial que provoquen. Sin embargo, aunque esta realidad inmediata pueda hacer suponer y, así lo promuevan espíritus apocalípticos, que no es tiempo para supuestas exuberancias económicas como las que supondría comprar arte, la historia y el sentido común han dejado buenas pruebas de lo contrario; sobre todo, cuando exista la oportunidad de hacerse con piezas artísticas a buen precio y estas, además, de artistas reconocidos.

Es lo que se puede encontrar en la galería de Fali Benot, obras sobre papel, la mayoría seriada, de autores consagrados y al alcance de muchos bolsillos para estos momentos de mínima bonanza social y económica. Porque ni los soportes de las obras ni el tamaño de las mismas ni la técnica utilizada deben importar si la importancia de los trabajos es alta y de significación artística evidente.

De esta manera, nos encontramos los paisajes luminosos de Cecilio Chaves, la bella arqueología pictórica de Pedro Escalona, la realidad transgredida de Juan Ángel González de la Calle, el exuberante urbanismo de Ricardo Galán Urréjola, la excelsa y mágica figuración de Manolo Cano, la cadencia natural en el paisaje costero de Carmen Bustamante, el relato feliz de una esencial sociedad de Marina Anaya, la fortaleza creativa de la joven María Escalona, la doblez representativa de Pilar Alonso, la elegancia compositiva de Carlos Morago, la festiva existencia de Eva Armisen, el colorista pictoricismo de Joaquín Capa, el paisaje cercano de Lola Montero, el jocoso e ingenuista dibujo de Moisés Yague y los justos encuadres de Javier Banegas; quince artistas con personalidad, poseedores de lenguajes particulares, con amplios desarrollos artísticos y sumo carácter creativo.

Por tanto, nos encontramos con una exposición que es interesante por varios motivos. En primer lugar porque puede suponer la puerta de acceso a un posible coleccionismo o a aumentar los fondos particulares de los buenos aficionados y, además, hacerlo con obras de artistas importantes que son auténticas referencias del arte de esta provincia. También porque es una manera clara de enfrentarse, con determinación y dentro de las posibilidades de cada uno, a esta crisis a la que hay luchar con carácter y decisión. Es asimismo, importante porque es el momento de contribuir a superar esta sequía expositiva en la que nos encontramos, con los espléndidos espacios expositivos que en la ciudad existen, casi, vacíos de contenido, por culpa de las escasa de luces de los que nos gobiernan que han dado la espalda o han quitado lo bueno que había a una de las ciudades con más dinamismo artístico que existía en Andalucía. Una galería, la única de la ciudad, apostando permanentemente por lo artístico es digno de tenerse en cuenta. Por eso hay que valorar una exposición que nos conduce por buena pintura y por un esclarecedor dibujo, por una obra gráfica que recoge todas sus diferentes expresiones, también esa modalidad nueva de estampación, y que generan la posibilidad real de acceder a un arte mucho más asequible.

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