Cultura

Dos joyas que seguir puliendo

  • Alcances y el FIT, los dos festivales más señeros de la capital gaditana, han demostrado este año que tiene aún margen para mejorar sus programaciones · Sus directores han pedido más presupuesto

Cádiz tiene la suerte de contar con dos festivales culturales señeros, respetados más allá de Cortadura y que llevan tras de sí un largo recorrido en el que ambos han sabido superar, con imaginación, trabajo y acierto, los vaivenes a que han sido sometidos. Los cuarenta años de Alcances, recién celebrados como se merecen, y el cuarto de siglo al que sigilosamente se acerca el FIT demuestran que estos dos acontecimientos –teatro, cine; cine, teatro- no son productos de la casualidad. Hay tras ellos una historia que los respalda. Pero de la historia no se vive, no se debe vivir. De la historia se puede malvivir y, como mucho, sobrevivir. Y coincide que los dos máximos responsables de estos festivales, José Bablé en el FIT y Vega López en Alcances, han cogido el toro del balance de las dos últimas ediciones por el mismo lugar, por los cuernos de los presupuestos, por las astas. Hasta aquí hemos llegado, parecen haber querido decir a los dirigentes políticos cuando los dos han reclamado, sus razones tendrán, más dinero para alimentar dignamente a sus respectivos hijos y que éstos crezcan de forma adecuada y equilibrada. Se deduce de sus palabras, y de la atenta observación del desarrollo de las últimas ediciones, que los dos festivales guardan aún margen para la mejora. Puede que sea cuestión de dinero. Y de imaginación.

Arranquemos con el FIT, último en celebrarse. Nació hace ya 23 años fruto de una necesidad cultural e histórica. Lo recordaba con su envidiable lucidez el homenajeado José Monleón. El FIT es para Cádiz lo que en su día fue el puerto y el comercio marítimo con las Indias: puente para el suculento intercambio de ideas, ritmos, tradiciones o lenguajes. El primer puente que tuvo Cádiz no fue con Puerto Real. Fue con Iberoamérica. Ahí se incrusta el FIT, un festival que siempre ha aportado a la ciudad, aunque fuera por unos días, una presencia sudamericana física que este año, con el exilio a Bahía Sur, se ha perdido. Esto es algo que, aunque con la boca chica, se reconoce en el entorno municipal.

Y tiene solución. Hay en la capital hoteles suficientes para dar cabida a los participantes e invitados del festival. Sólo hace falta gestionar con tiempo la reserva, o sea ya, para lograr lo que este año se consiguió en el complejo hotelero de la Isla: el mejor precio. Y si no, más dinero. Hasta que la Residencia del Tiempo Libre no esté lista -esperemos que no le afecte el virus de la eternidad que ataca a cada obra de la Junta-, habrá que echar mano de otros lugares para que Cádiz no pierda el dulce y agradecido acento que al castellano se le da en el otro extremo del Atlántico.

También para que los actos paralelos se celebren en Cádiz y cobren, algunos de ellos, un carácter público que se antoja fundamental. Un ejemplo: si José Monleón está en Cádiz, su presencia no puede reducirse a recoger el homenaje en el Ayuntamiento. Un encuentro público con él hubiera dotado al FIT de una apertura que, sencillamente, no tiene. Y quien dice Monleón, dice Magüi Mira, Rodrigo García, Paco el de La Zaranda o Javier Gutiérrez, de Animalario.

Otra cosa es la programación, siempre sujeta a la producción del momento y a muchas dificultades, sin duda. Pero hay que cuidarla para que no se produzcan lamentables medias entradas en el Teatro Falla. Es relativamente fácil llenar La Lechera o las salas del Baluarte. Casi basta con los invitados y participantes, pero no conviene programar en el primer coliseo de la ciudad espectáculos que, ya de entrada, no concitan el interés general. Otra cosa es que sean buenos o malos, eso es relativo y entra de pleno en el campo de la subjetividad. Pero si ya con su solo anuncio no llenan el Falla, algo no funciona. Lo mismo habría que reflexionar también, eso se deja en manos de los programadores, sobre la conveniencia de sacar la danza del FIT, sabiendo que apenas dos semanas después hay un festival, Cádiz en Danza, específico de esta actividad artística.

Tampoco hay que olvidar el teatro de calle, imprescindible en el FIT y que debe ser el enganche con el público. En lo posible, no debe haber un solo día sin un espectáculo al aire libre, aunque fuera un sonoro pasacalles que recuerde al gaditano que en su ciudad hay un festival de teatro al que está invitado. Muchos ni se enteran.

Alcances también tiene margen para la mejora, como todo en la vida. En este caso se ha apostado por una especialización arriesgada, la del cine documental, que, aseguran los organizadores, permitirá que la muestra impulsada por Fernando Quiñones siga viva. Es posible. Pero no se puede esperar que en Cádiz surja el amor por el cine documental por generación espontánea. Hay que trabajarlo también durante el resto del año, con pequeños ciclos, algunos cursos, sencillas y acertadas conferencias. Un trabajo, en definitiva, de calle para que el género vaya calando e interesando a los gaditanos, que este año han respondido muy bien ante determinados ciclos especializados y ante los documentales musicales y sus posteriores conciertos, lo que demostraría que no todo en Alcances son proyecciones. Así lo ideó Quiñones y así, en la medida de lo posible y adaptado a los tiempos, hay que respetarlo.

Adolece también el festival de una mayor apuesta por actos públicos. Este año se programaron dos encuentros de un interés excepcional. Aunque en principio pocos conocieran a la finlandesa Pirjo Honkasalo y al colombiano Ospina, sus palabras, sus reflexiones, demostraron el acierto de invitarlos al festival. Pero se falló en la hora, a las doce de la mañana, y un encuentro tuvo más prensa que público y el otro acabó en tertulia en la mesa de un bar.

Ambos festivales, además, tienen una asignatura pendiente que serviría para ir garantizando el futuro: los más pequeños, para quienes no hay absolutamente nada ni en Alcances ni en el FIT.

Son ellos el futuro, y tienen que saber que en su ciudad, además de carnavales y de una rica tradición cofradiera, se venera, entre otras cosas, al cine y al teatro, dos artes escénicas por las que Cádiz apostó hace tiempo y a las que hay que asegurarles el futuro. Con más dinero, seguro. Y con más imaginación.

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