Cultura

La isla de los descubrimientos

  • El festival internacional del blues, que cada año sorprende con joyas musicales, cumple catorce ediciones renovando su pasión por la música negra y apostando por figuras emergentes

Van catorce, siete en San Fernando y siete en Cádiz. El festival La Isla del Blues, auténtico oasis de música de calidad que cada temporada estival descubre nuevos colores para regocijo de la sufrida y ávida afición al rock y derivados, cumple una generación completa de carteles de postín. José Peinado, alma mater de Blueshow y regidor del cotarro, posee un ojo clínico envidiable. Nunca pincha en hueso, suele dar en el clavo en la elección de guitarristas de postín o grupos de futuro inmediato incuestionable, aunque su memoria guarda con especial cariño y emoción su contratación más sonada, la de Ten Years After, la banda de Alvin Lee, los triunfadores de Woodstock, que brindaron un sensacional espectáculo en el teatro Pemán. “Quién me iba a decir de jovencito, cuando los escuchaba con tanta pasión, que iba a traer a semejantes monstruos a la Bahía”, a su particular isla de los descubrimientos.

Esta noche, a partir de las diez en el Baluarte de la Candelaria, corresponde turno a otro guitarrista de los buenos, el británico Scott McKeon, de 24 años, que ya ha dejado patente su talento en un par de discos de altos vuelos; a un grupo español de prestigio internacional, los Right Ons, que pronto se embarcarán en otra gira, esta vez suramericana, y la extremeña Susan Santos, autodidacta de la energía. Contra viento y marea, con un presupuesto modesto y la imaginación por bandera, La Isla del Blues mantiene el tipo pese a la cacareada crisis y aun sin contar con el apoyo decidido de todas las administraciones, como ocurre en festivales de blues de la Piel de Toro, que corren mejor suerte y crecen en condiciones. Como está la cosa corta, sobre todo para la música no verbenera ni latinizada, La Isla del Blues no puede competir con los grandes, pero se hace fuerte en virtud de su coherencia y paladar. Atrás quedan carteles de gran categoría, figuras rutilantes como Hook Herrera, Deborah Coleman, guitarristas sensacionales como Lance López o Matt Schofield, o bandas hispanas del estilo de Red House. Ya nadie engaña a nadie, ahí están los myspaces o spotifys para comprobar el género y el acierto de Peinado, Robinson Crusoe al sur del blues en la tierra de la alegría, donde, aparte del tirititrán, también apasiona la música negra, la madre de todos los ritmos.

Encabeza el cartel de esta noche un chaval con cara de haber roto pocos platos que esconde un gusto furioso por tocar fuerte y componer canciones rotundas. Scott McKeon, cuenta la promoción de copiar y pegar, apareció en la tele a los siete años, por primera vez. Otra gente ha salido mil veces y no deja de ser un tarambana, así que el mérito del músico inglés reside tal vez en su manera de hacer música desde que era un imberbe. Premio al mejor guitarrista joven de la Guitar Magazine, prodigio y pródigo hijo del blues de Chicago, el género creado por los negros que emigraron al Norte de los Estados Unidos y enriquecieron el las seis notas del blues del Delta del río de los esclavos. Hijo de la Fender, compañero de escenario de gente tan puntera y dispar como Joe Bonamassa Dereck Trucks, Jimmy Vaughan o Buddy Guy, y telonero de Eric Clapton o Sheryl Crow en el Hard Rock Calling de hace un par de años, el guitarrista sigue sumando adeptos en sus conciertos. Si en el par de discos que ha registrado hasta ahora se muestra más respetuoso con la estructura de las canciones que salvaje a la hora de tocar su instrumento, en directo libera sus demonios de aquella manera, a la manera de Clapton o John Mayer. Explorador celeste, que debutó en el o6 con Can’t take no more y rubrica ahora su poderío con Trouble, el fino guitarrista acaba de participar en algunos festivales junto a su majestad BB King y dedicará el otoño a salir de gira como soporte de la banda del mítico bajista de Deep Purple, el gran Glenn Hughes. De hecho, McKeon acaso se sienta en deuda con los rockeros de los sesenta y setenta, los negros y sus paliduchos discípulos anglosajones. Quienes han visto a este chico en directo se han convertido a su religión, por así decirlo.

La Isla del Blues consagra este año a los extraordinarios Right Ons, madrileños con ramificaciones sureñas que obtienen un triunfo tras otro allá donde pisan sus pies. Con otro par de discos bajo el brazo, producidos por Paco Loco en El Puerto de Santa María, el primero, y en Boston, el segundo, Look inside, now, por Ed Valauskas, responsable del sonido de los primeros álbumes de Paperboy Reed, el quinteto actuaba anoche en el festival de Santiago de Compostela que reunía a miles de personas en torno a Muse y Pet Shop Boys. Otro paso adelante. Los Right Ons no paran, han realizado dos giras por Estados Unidos, conocen los escenarios de lugares tan distantes como Japón, Alemania e Italia, su nombre se codea con los mejores, y se bandean a la perfección entre el soul, el funk, el blues y la psicodelia rockera. Sus conciertos se transforman en fiestas enérgicas de complicidad y expresividad en su máximo exponente. Son buenos de verdad.

La extremeña Susan Santos completa la noche con su Papa’s read band, un trío que cuida el blues rock y apunta alto a base de grandes festivales y garitos de buena muerte. Dos discos en su haber, esta noche todos cuentan con dos discos en su historial y mucha carretera por delante. Con más kilómetros que el propio Peinado y su irreductible Isla del Blues.

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