Cultura

Un hombre en el prodigio

Para quienes consideran la poesía una prospección en las verdades subterráneas de la vida, un diálogo con el espíritu y con cuanto de inmortal puede tener el hombre, la obra de Tomas Tranströmer propone un afianzamiento de esa condición sagrada del verso. En sus poemas, el autor se estremece con los milagros de la naturaleza (Y sin embargo el sol, tan fuerte como antes. / Pintaban sus pinceles impacientes el mundo) y la experiencia íntima ante el paisaje (Quien yace de espaldas bajo los altos árboles / también está allá arriba) parece invocar al cosmos.

Hay una celebración constante en la lírica del nórdico (un asombro siempre luminoso), pero la expresividad de su escritura, la abundancia de quiebros imprevistos (Dormí entre golondrinas / y desperté entre águilas), esquivan sabiamente el peligro del empalago. Pese a la búsqueda de sí mismo, a los hallazgos puntuales de Dios, Tranströmer se contempla sin solemnidad: ...nada de grandes ademanes, proclama, aquí hay que abandonar toda la retórica. Afirma, incluso, que es fantástico sentir cómo el poema crece / mientras voy encogiéndome y desaparece, como un ilusionista, en la grandeza de su poética: Y eso que era yo / es sólo una palabra / en la lúgubre boca de diciembre.

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