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Arte

Tanto lo uno como lo otro

  • Artistas de la provincia de Cádiz, o ligados a ella, en dos exposiciones

Una imagen de la inauguración de la muestra. Una imagen de la inauguración de la muestra.

Una imagen de la inauguración de la muestra. / Jesús Marín

La exposición que se presenta en el Palacio Provincial es una muestra que, por su propia definición de colectiva, presenta a una serie de artistas elegidos por un comisario –en este caso Cristina Sánchez– bajo un personalísimo criterio. Por eso, el claro sentido de la subjetividad es manifiesto. Se trata de su visión y de su particular modo de pensar como conocedora de la circunstancia que la ha llevado a plantear tal diseño expositivo. Este, ni mucho menos, es equivocado. Los artistas son todos nacidos en la provincia de Cádiz en la década de los ochenta de la anterior centuria. Otra cosa es que ofertan una mínima realidad como artistas gaditanos. Todos viven y trabajan fuera y su sentido como autores íntimamente vinculados a la provincia es más bien escasa. Sin embargo no nos dejemos cegar por algo tan nimio cuando el arte no tiene –o no debe tener– frontera de ningún tipo. Por eso, la exposición es totalmente adecuada desde el planteamiento que aporta. Artistas nacidos en la amplia zona geográfica de la provincia gaditana en unos años determinados.

La década de los pasados ochenta es el comienzo de ese importante momento que vive el arte que se hace en Cádiz. Desde el Campo de Gibraltar hasta la Sierra, pasando por Jerez, su zona, la capital y la Bahía, el dinamismo artístico es impresionante. En 1984, Magda Bellotti aterriza en ARCO, su trabajo anterior la avalaban para tan importante paso. Los artistas campogibraltareños están en primera fila. Nombres de tanta significación como Guillermo Pérez Villalta, Chema Cobo, Antonio Rojas, Evaristo Bellotti, Pepe Guerra, entre otros, son artistas de referencia. En poco tiempo, aparece la indiscutible figura de Manolo Alés. Con él, ya, todo iba a ser diferente y La Línea se convertiría en estación término hasta donde llegaba un tren cargado con lo mejor del arte contemporáneo. En la capital, en la Diputación, con Eduardo Rodríguez y Manolo Caballero, se llevaron a cabo proyectos expositivos de primerísima categoría. La Facultad de Bellas Artes de Sevilla acogía en su seno un grupo de artistas que,.con el tiempo, manifestaron máximos perfiles de auténtica importancia. Fue, en definitiva, el comienzo de un proceso artístico lleno de entusiasmo y creatividad.

En esos años ochenta nacieron gran número de artistas en la provincia de Cádiz; artistas que muchos de ellos son conocidos por su significación, sobre todo, en el aspecto pictórico. No podemos olvidar los nombres de los jerezanos, Eduardo Millán (1979 ), uno de los que mejor interpreta la pintura realista, Antonio Lara (1985), Javier Palacios (1985), Nacho Estudillo (1985), Rocío Cano, Ana Barriga (1984 ), entre otros muchísimos como José Carlos Naranjo (Villamartín, 1984), los gaditanos José Dodero (1989) o Pepe Baena (1979). Todos ellos dignos de merecer en cualquier gran exposición. Fueron, sin duda, unos años de cosecha extraordinaria. Los artistas que ocupan esta exposición son artistas con amplio proceso; dispar pronunciación y, demasiadas posiciones tangentes a esa contemporaneidad de rudos perfiles hasta dónde se quiere llegar, a veces, con demasiado gratuidad y con la necesidad de un libro de instrucciones para saber a qué atenernos. La muestra presenta demasiados dientes de sierra. Hay algunas piezas poco convincentes y, creo, que metidas a calzador. No obstante, se observan felices excepciones, Silvia Lermo con sus atractivos enigmas representativos, Cristina Mejías con un vídeo –Temps vècu– muy significativo y de entrañable estructura social que, además, aporta el desenlace que propone las imágenes, Christian Lagata con esa fotografía sabiamente yuxtapuesta a los soportes para magnificar la propia realidad representada, así como la fortaleza visual de las fotografías y la videocreación de Curro Rodríguez.

Aquel inicio tan esperanzador de la modernidad que ocurrió en la provincia de Cádiz, sirvió para abrir cauces, buenos cauces. El tiempo lo ha demostrado. Hoy, aquellos que nacieron en tan especial década, con tanto por conseguir, están demostrando que el horizonte, cuando se tienen las ideas claras y las bases creativas adecuadas, se presenta diáfano y lúcido. Esta exposición, que tiene su base de actuación en un proyecto presentado a Fronterasur, el programa de ayudas convocadas por la Diputación de Cádiz, nos sirve para saber que lo artístico tiene muchos perfiles, tan buenos como tan menos buenos. En el Palacio de la Diputación tienen ustedes la prueba.

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