Arte

La espiritualidad de la materia plástica

  • La pintura de Garikoitz Cuevas se estructura desde una personalísima escenografía

Garikoitz Cuevas, ante su obra. Garikoitz Cuevas, ante su obra.

Garikoitz Cuevas, ante su obra.

Muy importante exposición la que se presenta en la Pescadería. Importante porque su autor es uno de los artistas abstractos con quien, hoy, hasta los más exigentes se pueden encontrar; importante porque las piezas que cuelgan de los paneles de la que es la más determinante sala jerezana son de muchísima significación; importante porque las mismas generan un especialísimo sentido museográfico que nos transportan casi a una dimensión basilical y a una latente espiritualidad y, en definitiva, importante porque la muestra nos ofrece un episodio pictórico de absoluta fortaleza plástica y contundencia formal; toda una lección sobre pintura no concreta, esa que traspasa los límites de la mirada y se clava en los más profundo espacios del alma.

Garikoitz Cuevas es, a pesar de lo que pudiera pensarse por el nombre, un pintor nacido en Sanlúcar, ciudad donde vive y trabaja y desde la que, desde hace años, viene desarrollando uno de los trabajos pictóricos más afortunados del actual panorama artístico; con una pintura personal posicionada desde un lenguaje único lleno del más absoluto poder plástico. Además, es un artista con una gran proyección nacional, no en vano es, desde hace tiempo, uno de los pintores de la prestigiosa e histórica Sala Parés de Barcelona, en la que expone habitualmente desde hace años. Hace poco, su obra Éxodo obtuvo el Premio de la Bienal San Lucas de Arte, siendo adquirida por el Cabildo Catedralicio de Plasencia para su importante colección.

La pintura de Garikoitz Cuevas se estructura desde una personalísima escenografía cromática salida desde unas formas personales a través de la técnica del decollage que consiste en ir superponiendo telas pintadas de las que, más tarde, se van arrancando piezas para ir descubriendo trozos del primitivo sustrato compositivo. Con ello, la pintura va encontrando, con el tiempo, su posición, va generando nuevas presencias y eliminando aquello que el propio sistema compositivo va desechando por innecesario. Esta pintura de aluvión regresivo potencia el concepto de materialidad conformante y le proporciona una nueva dimensión a la realidad formal; es decir, la pintura sobre el soporte, su tiempo de crianza y solera, su posterior circunstancia anómala que provoca su desprendimiento y desecho es una entidad en proceso, un análisis profundo del sistema compositivo y una reflexión indiscriminada de la propia situación material.

Las obras de la exposición de Pescadería están realizadas mediante encáustica; es decir, utiliza ceras mezcladas con pigmentos pictóricos para producir masas densas y pastosas que va extendiendo sobre el lienzo para, posteriormente, ir despegándolas consiguiendo una deconstrucción de lo ya construido. El resultado son bellos espacios llenos de colorido, de mucho y determinante colorido, que provoca, aparte de una poderosa visión cromática llena de contundencia plástica, un juego de referencias y evocaciones. Con distintos formatos, algunos en forma de medio punto o de cruz latina, Garikoitz Cuevas nos descubre una serie de pasajes coloristas constituidos por misteriosos juegos de formas que interactúan produciendo una especie de puzzle cromático lleno de entusiasmo creativo y vibrante ritmo colorista, en el que la encáustica perfectamente integrada con los pigmentos y su posterior desprendimiento forzado, nos envuelve con el misterio de la forma para, desde ahí, llevarnos a posiciones infinitamente más íntimas, más emotivas; casi espirituales. Es como si la materia plástica nos indujera hacia universos presentidos, hacia posiciones que evocan, que crean expectativas e inquietudes y que someten al espíritu desde las formas volubles del color y la materia. Con esta obra, Garikoitz Cuevas introduce al espectador en el universo del abstracto pero dejando abiertas compuertas que nos inducen a la sugerencia, a la evocación, a lo íntimamente presentido, a las marcas de lo mediato a través de la inmediatez absoluta de esas texturas conformadoras.

Estamos, en definitiva, en una espléndida exposición que nos descubre a un importante artista cuya obra jamás podrá dejar indiferente a nadie.

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