Cultura

Cuando escuchar por primera vez se convierte en Arte

  • Juan Isaac Silva expone en Rivadavia la muestra 'Cochlear', en la que muestra instalaciones sonoras conceptuales vinculadas a su propia experiencia vital

Juan Isaac Silva posa ante su autorretrato interior en la Sala Rivadavia. Juan Isaac Silva posa ante su autorretrato interior en la Sala Rivadavia.

Juan Isaac Silva posa ante su autorretrato interior en la Sala Rivadavia. / joaqín pino

Una caja con la fotografía de una azotea en la que se visualiza un micrófono con las coordenadas del lugar exacto del barrio de Santa María donde se crió el artista Juan Isaac Silva es el arranque de Cochlear. Es la primera instalación sonora de la propuesta que ha llevado a la Sala Rivadavia, en la que a través de este reencuentro con los sonidos de su infancia, el artista narra su propia experiencia de vida, la de un niño que perdió el oído a los 3 años y lo recupera a los 30 tras un implante coclear, transformando esta toma de contacto con todo lo que se oye en arte conceptual y con una función claramente social.

Así lo explica el autor de este interesante proyecto interactivo, donde el sonido se convierte en las "pinceladas" de su obra, en la que juega con los timbres de la voz y los sones cotidianos que muchas veces pasan desapercibidos, manejando sus texturas y situándolas en espacios inusuales en cada una de sus instalaciones, con el fin de que el espectador lo perciba desde este otro enfoque.

"Me dijeron que tenía una memoria auditiva de unos tres años y por eso me puse en contacto con los sonidos de mi infancia", explica. Los sonidos de sirenas de barco procedentes del Muelle, del din don del reloj del Ayuntamientos o del cantar de los pájaros se integraron inicialmente en su proyecto Cuaderno Sonoro, que ya acumula más de 800 horas de base de datos, y que ha desembocado en varias iniciativas artísticas conceptuales para las que se ha inspirado en los cuadernos de viaje de los pintores del XIX. "Y Cochlear es la selección de las piezas más relevantes de este cuaderno".

Silva, que tuvo una formación oralista y aprendió a leer los labios - pues su madre, también sorda, quiso que se integrara en la sociedad en los ámbitos y centros educativos comunes-, no lo tuvo fácil, reconoce. Por eso, la forma en que este licenciado en Bellas Artes se relacionó con todos estos sonidos que un buen día regresaron a su vida se han ido convirtiendo en las interesantes obras que expone en la sala que gestiona la Fundación Provincial de Cultura, que invitan a la experiencia sensorial y a la reflexión.

Y como ejemplo, su experiencia sobre el aprendizaje de las Vocales, en su afán de "acercarme a la esencia del lenguaje". Acudió así a las vocales, a la forma en que distintas personas la pronuncian en bucle, en alusión a las largas tardes de logopeda a las que asistió, donde aprendió sobre la infinitud de modulaciones o entonaciones, insistiendo en el fin pedagógico de su obra. "Lo que me interesa del arte es comunicar y la función social que desempeña. A mí me ayudó bastante este método a recuperar el oído y si esto ayuda a otras personas me doy por satisfecho", asevera. Por este motivo ha dado un giro desde la pintura, pues cuando lo hacía se planteaba: ¿Para qué servía el arte?. Ahora sabe para qué, y se ha marcado un objetivo social desde la propia textura de los sonidos.

Pero nada de esto se entiende sin mostrar un autorretrato de esta exhibición sensorial, una radiografía de su cabeza ditigalizada con el implante coclear. De hecho, frente a esta pieza muestra Artefactos auditivos. En ella pueden verse diseccionado en fotografías las seis partes que integran este implante, confiriéndole un sentido artístico y también funcional.

Junto a esta pieza se proyecta una obra sonora y visual, en la que se alterna el sonido del mar y la playa desde su Paisaje exterior-paisaje interior. Para ello muestra la percepción auditiva de los sonidos de la playa de la Caleta sobre la arena, y bajo ella, para ver "cómo interactúa el sonido en el espacio". Fue así como enterró una caja con una grabadora, cuya imagen puede verse y escucharse. También se oyen las palmas y pasos grabados en el interior de un edificio como puede ser la sacristía de la Catedral, donde él mismo tuvo sensaciones distintas escuchando estos gestos cotidianos.

Una pieza escultórica a la par que poética del yunque, martillo y estribo, así como la sonora y visual Oigo pero no logro escuchar, en la que trabaja el presente indicativo del verbo Oír con la voz lírica de Beatriz García Gallardo completan el circuito.

Un recorrido en el que integra uno de sus grandes hitos, Círculo, cuadrado y triángulo , "una obra que siempre quise hacer" y con la que se exponen las planchas y el grabado de estas formas básicas geométricas, y el sonido que produjeron en su manufactura. Para hacerlo grabó el sonido que generó el buril en este proceso, y que por lo pronto le ha traído una satisfacción, la de un niño "también implantado que hizo círculos en el aire mientras escuchaba su sonido", explica Silva con una amplila sonrisa, la misma que mantiene mientras desgrana el sentido de una obra que ha macerado a paso lento, pero firme. Oyendo, escuchando y dibujando artísticamente cada uno de estos sonidos con los que ha encontrado nuevos estímulo artísticos en su carrera.

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