Cultura

El enclave expositivo más visitado de la ciudad necesita un lavado de cara

  • El Castillo de Santa Catalina, que ahora acoge tres muestras, presenta humedades, grietas y desconchones en el recorrido externo

La concejal de Cultura, Eva Tubío, afirmaba hace unos días en rueda de prensa que el anterior equipo de Gobierno no dejó presupuesto para el mantenimiento de las infraestructuras culturales de la ciudad. Es la respuesta a la información publicada sobre el aspecto que todavía presenta la puerta de entrada del Castillo de Santa Catalina, donde puede verse el sistema de andamiaje que se colocó el pasado mes de marzo. Pero no se trata sólo del acceso principal, del que se desprendió una piedra de grandes dimensiones y que parece que estará a punto para recibir los conciertos de verano, sino del estado de la fortaleza gaditana en general, el enclave expositivo más visitado de la ciudad, al que le hace falta un lavado de cara en parte, y una reforma en profundidad en otra. No hay dotación, por tanto, para reparar el aspecto desaliñado que, en general, presenta la fortaleza. Antes incluso de llegar a la puerta, la primera impresión que se lleva el visitante cuando alcanza Santa Catalina es la del semiderruido pretil de entrada, desde donde se observa el abandonado foso. Sus antecesores también aprobaron pero no ejecutaron la rehabilitación de esta zona con un proyecto que pretendía devolverle su sentido primigenio, con la entrada de las mareas.

Una vez atravesado este puente y la puerta bajo el andamiaje, el patio de distribuye hacia las salas donde actualmente se exhiben tres exposiciones, con Ortiz Ventura al frente, que presenta Mirada Atlántica en la sala principal (San Nicolás Baja); la muestra fotográfica Photoluz Bahía y Planeta Agua, en la sala San Juan Baja, de Manuel Pérez Ruiz. Aparte, permanece abierta la capilla y la sala de artesanos.

Un espacio que desde su recuperación ha sido todo un reclamo para el turismo de la ciudad, durante años líder en número de visitantes. Y aunque se deja pasear sin grandes sobresaltos y ante las impresionantes vistas que lo sobrecogen, presenta signos de la falta de mantenimiento al permanecer muy expuesto a los embates del mar, el oleaje y la humedad. En un simple paseo pueden observarse muchas manchas de humedad, desconchones y grietas en los muros de todo el recorrido e incluso tuberías vistas entre las rocas, dado el desgaste y desprendimiento de la piedra ostionera en algunas zonas del pretil que circunvala las dependencias.

A modo de apunte, recordar que hasta el año 2014 este enclave del sistema defensivo gaditano era el preferido por el turista, hasta que finalmente la Catedral -con la aportación de la Torre y el Museo de la Contaduría- le arrebató el puesto el pasado 2015, aún con entrada de pago -salvo para gaditanos-. Quizás sea hora de ponerle valor a nuestro patrimonio, como en cualquier lugar del mundo, con visitas previo pago que podría revertir en su adecuado mantenimiento. Aunque primero, lógicamente, debe ponerse a punto.

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