Flamenco

El definitivo paso adelante de Anabel Rivera

  • La cantaora gaditana presenta el viernes en la Central Lechera su primer espectáculo propio, 'Puerta con puerta'

"¡A esta es!", se dijo ella una mañana. Su decisión ha sido acogida entre los que la conocen y quieren casi con algarabía. "Por fin" o "Ya era hora" son las expresiones que nos han salido de la boca a los que siempre hemos creído en las cualidades de Anabel Rivera (Cádiz, 1976), una viñera confesa a la que se ha visto la mitad de su vida en el atrás de otros artistas, haciéndoles coros y segundas voces. Ella lo cuenta con claridad y con la misma viveza con que aparece afrontar todos los avatares de la vida: "No lo veía -explica-, me tenía que llegar, pero yo le tenía muchísimo respeto a los cantes y a los cantaores de alante. Hasta que un día te levantas y dices ¡ya!, ¡ahora o nunca!". "Tengo ya mi edad, más años que el hilo negro", añade, pero no es sólo eso. Es que hay un momento en que tienes que ver el límite". Quizás esa línea haya venido muy determinada por un sustillo que le dio la salud y del que, una vez curada, parece haber salido con más fuerzas si cabe para comerse el mundo. A ella, que reconoce que su carácter le lleva a querer estar en todo y no puede ser: "Soy así, pero reconozco que no se puede estar en todos lados".

Ciertamente, Anabel Rivera ha estado en muchos sitios y con mucha gente, desde que, en una travesura de colegiala, se fracturase una pierna y abandonara para siempre sus sueños de bailaora. Con dieciséis años, comenzó a cantar para acompañar el baile en la academia de la también gaditana Pilar Ogalla, y ella, que goza de una tendencia innata a extraer algo positivo de todas las experiencias, destaca de aquella la disciplina que desde el principio se le inculcó en ese trabajo donde coincidió con un buen grupo de artistas gaditanos de su generación, como El Junco y Juan Ogalla, el entonces tocaor José Luis Figuereo (El Barrio) o Reyes Martín. Con otros artistas gaditanos iniciaría su carrera de una forma ya profesional. Con el pianista Manolo Carrasco estuvo cinco años y, además de recorrer España tres veces y de visitar Japón, China o Alemania, entre otros países, la siempre positiva Anabel dice que aprendió mucho, especialmente con los espectáculos junto a la Escuela Andaluza de Arte Ecuestre: "Era impresionante. Había que seguir a Manolo, al baile, a los caballos… Te salían humo de las manos de tanto palmear". También, en esos años, participó del grupo Levantito junto a su hermano, el guitarrista Ricardo Rivera, y el cantaor David Palomar, las dos personas que con el tiempo más le han empujado a dar el salto adelante.

Siguiendo con este historial de "jornalera del cante", papel en el que, citando las palabras del maestro Chano Lobato, ella se reconoce, nuestra cantaora fue reclamada por la bailaora Manuela Carrasco para el espectáculo Así baila Sevilla, estrenado en la Bienal de Flamenco de 2000 y por el coreógrafo Javier Latorre para la obra coral Rinconete y Cortadillo. Tras ello llegaría la llamada de El Barrio con quien realizó las giras correspondientes a las grabaciones Mal de amores y Playas de invierno, y, por fin, y desde 2004, con Niña Pastori, con la que ha estado colaborando cuatro años, los que corresponden a las grabaciones María y No hay quinto malo. De su etapa con la artista isleña, Anabel nada más que refiere cosas buenas: "He aprendido muchísimo, siempre con los mejores músicos y trabajando muy a gusto. Ella, además de muy sencilla, es una profesional impresionante. Quien se piense que hace siempre el mismo concierto se equivoca. Cada uno es distinto. Siempre está abierta a la variación y a la improvisación, y eso exige mucho".

Es tan sólo una más de las muchas enseñanzas que le ha brindado su larga experiencia en este trabajo de corista, del que reconoce que puede llegar a acomodar demasiado, pero del que no deja de destacar su dificultad. "Hay que tener mucho oído y no es nada fácil". Igualmente, añade que también ocurre que, "de tanto acompañar, hay momentos en los que ya te sales y te entran ganas de meter la voz". Es lo que le ha podido ocurrir en algunas de sus últimas colaboraciones que, en fechas más recientes, han sido con dos cantaoras flamencas, Marina Heredia y Argentina, un hecho que no es ajeno a su decisión de cantar por fin en solitario. Antes ha habido algunos ensayos con los que afianzarse: un ciclo de mujer en el Pay-Pay, su participación en el ciclo 'Flamenco en los balcones', durante el Congreso de Arte Flamenco de 2007, y las puestas de sol en el Castillo de Santa Catalina del pasado verano. A través de esas experiencias, especialmente la del Pay-Pay, ha ido configurando un tipo de recital en el que tienen cabida todas sus dos querencias cantaoras. De un lado, el flamenco, y de otro la canción. Porque, ante la posibilidad de decantarse por una u otra vertiente, Anabel ha decidido que ella quiere hacer las dos.

Esa intención se sintetiza en el nombre que le ha puesto al espectáculo: Puerta con puerta. La puerta del cante, la de los estilos de Cádiz -alegrías, tientos, soleares…- y la de los otros estilos que han pasado por Cádiz y por su puerto: milonga, bolero… Y hasta un poquito de copla, subraya recordando que ella se presentó con doce años a un certamen de copla de la Peña Isabel Pantoja. En su actuación del próximo viernes en La Lechera, va a estar acompañada de José Manuel Posada 'Popo' al bajo, Javier Katumba a la percusión, Alex Romero al piano y su hermano, Ricardo Rivera, a la guitarra. De él serán también algunas de las canciones originales que interprete, dentro de un repertorio en el que también quiere introducir composiciones de Jesús Bienvenido y del cubano Alejo Martínez.

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