Universidad de Cádiz Ese lugar entre cabeza y vísceras

  • El seminario 'Literatura y músicas actuales' concluye con la presencia de Carlos Zanón, Haze y Soleá Morente

  • Entorno, formación y creación fueron algunos temas tratados

¿A quién no le hubiese gustado convertir en relato literario la última actuación en vivo de Elvis Presley cantando Unchained melody? Un material apasionante para cualquier narrador, la historia del artista de éxito que se sentía en ese instante “el más solo del mundo”, en un “momento obsceno y patético” de su vida. El escritor Carlos Zanón cree que detrás del fulgor de esa estrella, como de tantas otras, “hay una rabia”, el sentimiento de “no conformarte con quien eres. Si no estás en guerra no puedes crear”.

La relación entre entorno y creación como realidades íntimamente ligadas fue una de las bases sobre las que descansaron las tres conferencias que clausuraron ayer el seminario Literatura y músicas actuales, que durante tres días ha acogido el Edificio Constitución 1812 dentro del programa de los Cursos de Verano de la Universidad de Cádiz. Tupelo, Mississippi, la cuna del Rey del Rock; el barrio de Los Pajaritos de Sevilla donde se crió Sergio López Sanz, Haze; o la Granada de Lorca, fuente de inspiración para Soleá Morente. Lugares que marcan carácter y talento. La tierra curte y obliga a vomitar realidades, te imprime idiosincrasia. La odias o la amas.

El otro asunto de debate fue el academicismo frente al impulso visceral de la creación. “Nos gusta tener esa idea del músico como outsider, del poeta dandi, de la imperfección. Como en el rock, cuanto mejor tocas peor lo haces. Es mejor sentirlo que hacerlo excesivamente bien”, explicaba Carlos Zanón. Para el autor de Carvalho: problemas de identidad, “te pueden enseñar a escribir, pero no a ser tú. Cada creador tiene que hacerlo a su manera. Los años de conservatorio a veces frustran el talento. Estudiar es aplicarte un estándar y la técnica se aprende equivocándote. Esos músicos de conservatorio jamás se atreverían a hacer esa cancioncilla idiota”, aseveró.

En ese sentido, el autor catalán apostó por la razón que emerge del corazón, de las vísceras. “Me gusta la conexión emocional del arte con el subconsciente. Por eso a las personas con problemas mentales se les recomienda escribir. Hay dos maneras de hacerlo, con mapa o con brújula, a través de la intuición, ir a sitios donde puedes encontrar maneras de expresarte, donde no sabes muy bien lo que estás haciendo. La literatura tienen un sentido emocional, que subraya lo instintivo como resorte de lo correcto. Y la música posee un carácter evocador. Yo tengo que escuchar cómo suenan las novelas que voy a escribir. Escribo con música, no me gusta el silencio”.

Por su lado el rapero sevillano Haze quiso denunciar “la vanagloria que se hace hoy del narcotráfico” en ciertos estilos musicales como el reggaeton o el trap. Una apología que le llevó a recorrer ayer a través de historias reales una vida marcada por un entorno de violencia y conductas poco edificantes en el barrio más pobre de España. En su conferencia Quiero ser narco el artista, graduado en Filología Hispánica y cuyo sueño es “convertirme en profesor”, lamentó que ciertos productos culturales como las canciones de Anuel AA, Bad Bunny y J Balvin o series de televisión ensalcen la figura de los narcos como “ejemplos de éxito”. Este tipo de manifestaciones, en opinión del rapero, “llegan a los más jóvenes a través de miles de millones de reproducciones en YouTube y hacen que ciertas actitudes como la violencia o el trato negativo a la mujer se vean como normales”.

Así, Haze admitió que “desde la academia queda mucho por hacer, hay que enseñar a consumir, a descodificar esos mensajes. A veces estos asuntos no se investigan porque se consideran banales, cómo el mensaje de la música urbana puede incidir en el desarrollo de los adolescentes”. Una apuesta por la mesura que da la razón. No obstante aclaró que “la música no puede ser censurada pero si hay un comportamiento negativo se debe señalar. El rap nació como una fiesta, después llegó la reivindicación del gueto y más tarde la industria quiso que generara pasta. Marcas de ropa, gafas, el porno o las armas son patrocinadas por el capitalismo. Yo intento transmitir mensajes positivos. No alabo ni al delincuente ni al policía corrupto”.

Por último, Soleá Morente abrió un diálogo con el coordinador del seminario, José Jurado, y el público asistente sobre la libertad creativa y la formación de la personalidad artística. La cantante, licenciada en Filología Hispánica, destacó “el mensaje como lo más importante” a transmitir a través de la música. Para Morente, “el artista tiene la obligación de estar comprometido socialmente con el mundo en el que vive. La música tiene que estar al servicio de la gente que ha sufrido”. Para este cometido y otros tantos más, “la música abre las puertas de la percepción y está interrelacionada con la poesía. Yo llego a ella a través de mi padre”, cuya primera conexión es Lorca. “Su obra tiene algo que no puede explicarse. Son imágenes llenas de misterio, fantasía pero también de cruda realidad”, afirmó en su conferencia La música de la palabra.

La familia, el flamenco y su origen granadino han marcado también firmemente la esencia de su talento. “Es importante el entorno para transmitir. Si no hubiese nacido allí”, rodeada de nombres como Lagartija Nick, Los Planetas o Napoleón Solo, "seguramente haría otra música”. La que le ocupa ahora verá la luz en un nuevo álbum, producido por La Estrella de David e inspirado en “la rumba catalana, con tres o cuatro guitarristas y palmeros. Es una reivindicación de artistas como Lola Flores, El Pescaílla o Rocío Jurado”, contó.

De su amor por meterse en todos los charcos, Morente defendió que “no hay límites para fusionar el flamenco. Cuanto más dialoguemos entre nosotros, mejor será la sociedad. ¿Por qué limitar la libertad de expresión? Me encantaría hacer trap”, dijo.

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