Cultura

Más canino que turístico

  • Repaso del rol y de los restos arqueológicos que atesora este espacio, con motivo de la próxima llegada de nuevos enterramientos

El Parque Kotinoussa, que junto al de Erytheia conforman el parque Varela, no ha variado mucho en los últimos tiempos. Fue concebido para disfrutar de la botánica y también de la historia gaditana a través de algunos restos arqueológicos sobre rituales de enterramientos fenicios y romanos a los que ahora se sumarán tres nuevos, procedentes de las obras de viviendas en San Severiano, 10. Pero también se le asignó el papel de parque canino. A priori, es un concepto un tanto extraño y, objetivamente, mantiene más bien su rol de espacio canino que de punto de paseo o visita de turistas.

Sin ir más lejos, en el recorrido que hizo ayer Diario de Cádiz por este agradable lugar, se otearon muchos más perros acompañados de sus dueños que turistas, aunque había uno haciendo fotos. Nunca ha sido de otra manera, porque nunca se ha fomentado la inclusión de este parque y del anexo -éste comparte rol de parque infantil y arqueológico- en las rutas turísticas guiadas por la ciudad. Para ser justos, el anterior equipo de gobierno ideó la denominada Ruta Gadir, que terminó de ejecutar el actual, en la que se despliegan algunos paneles informativos por la ciudad para guiar al espectador por todos estos rincones rociados por la cultura fenicia y romana. Este parque se incluye en esta nueva ruta, dentro del afán por conferir cierta coherencia a la interpretación del patrimonio. Si bien, al haber sido diseñada para paseos particulares se desconoce el impacto real.

Pero... ¿Cuál es el estado actual de Varela?, ¿está preparado para recibir y dejar con buen sabor de boca a los turistas?, ¿difunde bien los restos históricos que atesora?. No está mal, pero no luce en perfecto estado. En su línea. De hecho, se percibe cierto estado de dejadez en algunos rincones. Nada más entrar por la puerta que da a la Avenida Andalucía, nos encontramos las primeras lonas informativas y el panel de la Ruta Gadir. Las lonas, algo desgastadas, informan del conjunto en su globalidad, y de lo que este enclave contiene en cuanto a la evolución de los ritos funerarios de Gadir y Gades. El agua permanece estancada en la fuente y enterramientos y los bancos están sucios, y aunque los restos se dejan ver, hay puntos negros. El principal, el desprendimiento que ha sufrido la cisterna romana procedente del yacimiento Gadir. Fue la última incorporación al parque y, de hecho, está protegida con una pantalla-baranda de cristal. Pero se han desprendido algunas piedras, que yacen sobre el suelo algo sucio.

Esto último va de la mano del mantenimiento del parque y del propio conjunto arqueológico, que queda en evidencia con la disposición de los senderos que conducen a los restos, señalados por una mini valla en madera mal dispuesta; también falta algún cartel informativo y hay alguna hierba crecida, como ocurre en la reproducción del sarcófago antropoide masculino. Y una vez más destacala la falta de civismo ciudadana, de los que permiten que sus canes depositen sus excrementos sobre algunos restos, como los que podían verse ayer en enterramientos, así como colillas de cigarros en el interior de otros. Quizás la nueva llegada de restos le confiera algún mimo a este espacio, arqueológico, botánico y canino.

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