Cultura

Un banquete de cerámica

  • El colectivo Vendaval recrea en la galería Weber-Lutgen el festín del palacio de Chantilly que hizo célebre al chef François Vatel

La relación entre la comida y el arte contemporáneo está en alza. Las pipas de girasol del chino Ai Weiwei -hechas de porcelana, moldeadas, fundidas en un horno y pintadas a mano- no sólo han constituido un hito en la Tate Modern, donde se derramaron más de 100.000 piezas de tamaño natural para conformar la instalación Sunflower Seed, sino que incluso Sotheby's las subastó en Londres al peso a razón de 4.000 euros el kilo. Ahora puede verse en la galería Weber-Lutgen, muy cerca de la sevillana Plaza del Pumarejo (c/ Fray Diego de Cádiz, 9b), otra instalación que utiliza los fogones y la cerámica para indagar en las conexiones entre los manjares y la estética contemporánea. Se trata de El banquete de Vatel, la primera muestra individual en esta ciudad del colectivo Vendaval.

Rocío Arévalo y Pablo Alonso de la Sierra constituyen este dúo al que no le gusta ser clasificado como "ceramista" porque "dependiendo de cada proyecto, podemos emplear también cuerdas de colores, plásticos, papeles reciclados o maderas". Pero en su trabajo para Weber-Lutgen, al igual que ocurre con la serie sobre el tema del relicario que ahora exhibe en Finlandia (Wanting to Be Adored), el colectivo gaditano Vendaval sí ha recurrido al material que le sirvió de tarjeta de presentación y, con él, construye un festín para la vista que seduce al visitante ofreciéndole pasteles reales, cartuchos de pescado, brochetas, sopas de letras y tartas de faisán con sus plumas y todo.

El punto de partida, explica Rocío Arévalo, ha sido su interés por indagar en el trato social que se establece alrededor de una mesa y la fascinación por la trágica historia del primer chef, François Vatel, y su célebre Banquete de los Tres Días, que ellos recrean. "Contratado por el príncipe Luis II de Borbón-Condé para organizar una fiesta al Rey Sol en el palacio de Chantilly, Vatel no se limitó al extenso menú sino que lo tuvo que organizar todo, desde los fuegos artificiales al alojamiento. El Rey Sol acudió con muchos más invitados de los esperados y esto provocó una gran ansiedad en este cocinero que llegó a inventar la crema Chantilly para salvar el postre. El último día del banquete, el pescado que debía servir no llegó a tiempo y Vatel, que no pudo soportar la tensión, se mató clavándose una espada en el corazón, como escribió a su hija Madame de Sévigné", relata Pablo Alonso de la Sierra mientras señala las tres mesas dispuestas en hilera y repletas de reclamos apetitosos, pero ninguno comestible. "Todo son módulos de cerámica, que son piezas muy básicas repetidas, como palitos, triángulos y cilindros", añade. Por no faltar detalle, en El banquete de Vatel encontramos incluso las cartas de Madame de Sévigné, elaboradas con una técnica tan precisa que parecen de papel.

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