Cultura

El asesinato como una de las Bellas Artes

  • Dibbuks publica la trilogía 'La cólera de Fantomas', una creación de Oliver Bocquet y Julie Rocheleau

LAS calles del París de principios de siglo se ven amenazadas por la letal amenaza de un enmascarado criminal.

¿Qué nos arrastra, como lectores y espectadores, a asomarnos a ese abismo sin fondo, oscuro, que es el corazón de las tinieblas? El villano siempre nos atrae, su personalidad, maquinaciones, terribles planes nos apasionan y hacen que, sin nosotros darnos cuenta, nos pongamos, casi sin querer, de su lado.

Es innegable el atractivo, la magnética personalidad de Hannibal Lecter, ese psiquiatra amante de la "buena comida" creado por Thomas Harris y ahora magistralmente recreado en la pantalla por Bryan Fuller. ¿Cuántos enmascarados amenazan día sí y día también a los sufridos defensores del bien, los héroes? Ese "Hombre que ríe", el Joker, agente del caos, que pone en el límite a su eterno oponente, Batman (por cierto, muy interesante la recreación que stá realizando con el maloso el guionista Scott Snyder…) El atormentado rostro que se oculta tras una máscara de acero, los desfigurados rasgos del líder de Latveria…

¿De dónde proviene este concepto del Villano con mayúsculas? Pues me atrevería a decir que uno de los primeros que se ajustaron a la perfección a este "traje" fue la genial creación de dos escritores galos, Pierre Souvestre y Marcel Allain. Este tándem literario recreó durante treinta y dos novelas las andanzas del más temible enemigo de la ley, Fantomas: un ser sin rostro, ni edad, ya que los años no parecen pasar por él. Y tiene maquiavélicos planes, crímenes que salpican de sangre la sociedad parisina que vive aterrorizada.

Con más de 100 años desde su nacimiento literario, este asesino sin rostro sacudió a todos los estratos de la época, sobre todo al artístico y figuras notables elogiaron esta obra folletinesca. En todo este tiempo se han retratado sus aventuras en otros medios, como el cine, con una serie de filmes dirigidos por Louis Feuillade, en los albores del celuloide.

El tiempo pasa y las peripecias del singular tipo pasan al medio tebeístico, con la edición mexicana de Fantomas. La amenaza elegante, tras este curioso título de Novaro se realizó un lavado de cara al malvado, rebajando bastante la dosis de sadismo y violencia del personaje original, aunque hizo que éste se hiciera muy popular y, sobre todo, junto a las películas protagonizadas por el estomagante Louis de Funes, definieron físicamente al malhechor, dotándolo de una máscara blanca, clara herencia de los surrealistas luchadores charros (Santo, el enmascarado de plata….)

Toda esta larga, pero necesaria introducción nos lleva a la actualidad. Dibbuks es una de esas editoriales que, además de mimar al máximo sus publicaciones, nos viene ofreciendo desde hace ya años, lo mejorcito de la producción francesa, en lo que a bande dessinee se refiere. Y en este caso publican el primer volumen de una trilogía, titulado La cólera de Fantomas, escrito por el guionista Olivier Bocquet (Lune et l´autre; La princesse del glaces) y magistralmente ilustrado por Julie Rocheleau ( La fille invisible; Le Merveillographe) nos devuelven al asesino original, al malvado ladrón, rey de los delincuentes parisinos, que regresa de la muerte (no hay guillotina que pueda con él…) y en cuyo camino se cruzarán un niño a cuya madre asesina y un agente de la ley: 1911. Cuando todos creen haberle apresado y lo están sometiendo a juicio, el escurridizo malhechor escapa, no sin antes dejar su inconfundible sello, un cadáver…

El chaval huérfano ha crecido y trabaja como redactor en el periódico La Capitale, aunque la sombra del asesino de su madre lo perturba, necesita resolver ese misterio. Por otro lado, el inspector Juve, que ha perseguido durante años al criminal se verá envuelto una vez más en la espiral de terror que va a azotar a los habitantes de la Ciudad de la Luz, un terremoto que sólo acaba de comenzar y que nos mantiene a nosotros, ávidos lectores, pegados a las viñetas de esta genial homenaje al mayor criminal de todos los tiempos. El guión de Bocquet, que se nota conoce a la perfección a los personajes que maneja nos empuja sin descanso de una lugar a otro, persecuciones, muertes y suspense salpican las magníficas páginas ilustradas por Rocheleau, con un estilo suelo, pictórico a veces, que retrata al villano como una oscura fuerza de la naturaleza. El mal no tiene rostro, ¿o sí?

Y como todo buen folletín, éste no termina, si no que nos deja al borde al abismo, sujetos con las puntas de los dedos a un "continuará…"

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