Cultura

El año que grabamos compulsivamente

  • Los conjuntos y solistas españoles han tenido una presencia destacada en la producción discográfica de 2010, sobre todo en la música antigua y contemporánea · Las ventas continúan desplazándose a las tiendas 'online'

La pregunta me la hacen a menudo: "Pero ¿todavía hay gente que compra discos?". La respuesta, obviamente, es sí, pero su trasfondo resulta singularmente complejo, porque, como me dijo hace poco un eminente productor y distribuidor discográfico, "hoy es mucho más fácil hacer un disco que venderlo". El abaratamiento de los costes de producción, unido al siempre oscuro mundo de las subvenciones y los patrocinios, explica sin duda la proliferación de sellos pequeños y la creación por parte de artistas, conjuntos e instituciones varias (orquestas, teatros, fundaciones...) de sus propias marcas. Pero, en un mundo dominado por las descargas digitales, por Spotify, por iTunes, por Youtube, ¿por qué se mantiene vivo el mismo concepto de "disco"? Jamás se ha escuchado tanta música como ahora, nunca se ha grabado tanto, pero ¿por qué subsiste la idea de concebir productos más o menos cerrados con entre 50 y 80 minutos de música previstos para ser publicados en un soporte físico, aunque su principal difusión se realice ya mediante la transmisión de datos por internet?

Desde el punto de vista del productor, hay razones vinculadas al prestigio, a la inercia empresarial e histórica, incluso al orgullo o a la misma supervivencia física, a las que el artista suma también el objetivo de la promoción de su trabajo -algo que, de cualquier forma, podría realizarse (casi) igual a través de la red-; desde la perspectiva del comprador, no deben olvidarse motivos puramente fetichistas ni tampoco el aprovechamiento de las potencialidades de los grandes equipos de audio, que en gamas medias y altas ofrecen prestaciones de una calidad muy superior al estándar de sonido de los equipos informáticos: aunque no solo, el audiófilo sale en gran medida de entre los oyentes de música clásica.

Sea como sea, y aunque a muchos aún pueda resultar inexplicable, la producción de discos dentro del amplio sector clásico no se ha reducido lo más mínimo en 2010; más bien al contrario, la oferta ha seguido creciendo, por más que las reglas del mercado estén cambiando velozmente sin que resulte clara su concreción definitiva. Liquidados la mayor parte de los puntos minoristas, sí parece ya irreversible el desplazamiento de las ventas a las tiendas online. Por otro lado, es de esperar que, pese al confusionismo creado en este fin de año por el inesperado fracaso de la llamada ley Sinde, las descargas legales vayan imponiéndose en España como alternativa al soporte físico tradicional, pero ¿será eso suficiente para acabar con el concepto de "disco"? Difícil hacer afirmaciones categóricas en este sentido.

Conviene huir de los profetas. Y nada mejor que hacerlo desde la pura realidad: 2010 ha sido un año en el que los músicos y la música española han tenido una presencia destacadísima en el terreno de la producción discográfica, muy especialmente en los ámbitos de la música antigua y contemporánea. Del amplísimo y diverso número de propuestas selecciono las que me parecen más atractivas, que tienen que incluir sin duda a los más significativos conjuntos y solistas sevillanos: el Scarlatti de la OBS con Carlos Mena para su propio sello (OBS Prometeo), el CD dedicado a Marais y Forqueray por la Accademia del Piacere en el suyo (Alqhai & Alqhai), Yr a oydo, la nueva grabación (¡una década después!) de More Hispano para la marca alemana Carpe Diem o el trabajo con música de Cabezón que Andrés Cea grabó para Lindoro. Otros importantes grupos españoles de música antigua que han publicado trabajos significativos en 2010 son Forma Antiqua (Concerto Zapico, su segunda contribución al exquisito catálogo de Winter & Winter), Hippocampus (que por fin presentó el segundo volumen de Sonatas Op. 2 de Krieger en Arsis), Musica Ficta (extraordinario trabajo dedicado a Tomás Luis de Victoria en Enchiriadis), Concierto español (Il più bel nome, ópera de Caldara, para Glossa), Los Músicos de Su Alteza (Amor aumenta el valor, ópera de José de Nebra en Alpha), la Real Compañía de Ópera de Cámara (Martín y Soler en su propia marca, RCOC) o la Capella de Ministrers, uno de los conjuntos más activos (Moresca y, ya acabando el año, su libro-disco dedicado a Tirant lo Blanc, ambos en su sello, CDM). No debe olvidarse aquí la detallada colección dedicada a Victoria por el Ensemble Plus Ultra de Michael Noone para Archiv que ha llegado a su octavo volumen.

Javier Perianes presentó un disco dedicado al sevillano Manuel Blasco de Nebra en Harmonia Mundi, el mismo sello que publica al soberbio Cuarteto Casals, cuyo último CD está dedicado a Bartók, Ligeti y Kurtág. Merecen también la mención los trabajos de Pedro Halffter al frente de la Filarmónica de Gran Canaria en Warner, dedicados a Schreker y Schoenberg, y entre los jóvenes el debut del director asturiano Pablo González (Schumann en el sello Hänssler) y la presencia de músicos como Katia Michel, Alejandro Bustamante, Enrique Bagaría o Judith Jáuregui en el catálogo de un sello en pleno crecimiento, el barcelonés Columna Música.

En Columna Música ha empezado a publicarse también la integral de la obra pianística de Joan Guinjoan, que sirve para encabezar un apartado que se ha convertido casi en inabarcable: el de la producción de música contemporánea. Siendo muy selectivo, conviene destacar la presencia de los compositores españoles en el sello austriaco Kairos, con grabaciones recientes de Aura de Sánchez Verdú, la obra orquestal de César Camarero, Cuartetos de Jesús Rueda, Conciertos de José Manuel López y trabajos de Héctor Parra y Alberto Posadas. Terminando el año llegaba también la segunda entrega de Anemos, que parece será la última, pues el Inaem se retira del proyecto: se incluyen discos con música de Halftter, De Pablo, Casablancas, Lanchares y Aracil. De este último conviene destacar también la grabación de sus cuartetos para el sello Verso, que presentó en 2010 otros discos con obras de Jesús Torres, Consuelo Díez, Carlos Cruz de Castro, Tomás Garrido y rescates de autores como Arturo Dúo Vital o Evaristo Fernández Blanco. La Katia Kabanová de Janácek (FRA) y el Ulisse de Monteverdi (Dynamic) registrados en el Real son, junto al Árbol de Diana de Martín y Soler (Dynamic) en el Liceo, una simple muestra de un terreno que nuestros teatros de ópera continúan sin explotar suficientemente. No preveo grandes cambios de tendencias para 2011.

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