Cultura

Tom Petty y el corazón roto

  • Desaparece a los 66 años el que siempre fue hermano pequeño de los dinosaurios del 'classic rock'

Hay cientos de momentos memorables en esa novela río que Martin Scorsese dedicó a George Harrison en su fresco del rock clásico Living in the material world. Uno de ellos tiene que ver con el músico monumental que ayer desapareció en Malibú, California, a los 66 años de un ataque al corazón tras un verdadero lío de si se ha muerto no se ha muerto, que es como se hacen las cosas en California cuando el portal de noticias TMZ está de por medio. Pero tuvo que ser el corazón, no podía ser de otra manera con Tom Petty, cuyo nombre está vinculado a su incombustible banda, los Heartbreakers, los rompecorazones.

El 'momento Scorsese' al que hago referencia tiene que ver con la idea del ex beatle de marcarse un supergrupo. Harrison llamó a Tom Petty, la mascota, el 'hermano pequeño', para que se encargara de la infraestructura de juntar nada menos que a Roy Orbison (de la añada del 36), Bob Dylan (1941), Jeff Lyne, el cerebro de la Electric Light Orchestra y antes The Move (1947) y Jim Keltner, eterno batería de los beatles en solitario, un virtuoso segundo espada de Ringo Starr (1942). Por supuesto, Tom Petty (1950) era el peque de aquel experimento fugaz y divertidísimo (véanlo en el documental de Scorsese) que ellos bautizaron como Traveling Wilburys. El disco que nació de aquello, al que siguió la muerte de Orbison casi en plena grabación, no es que tenga relevancia (no dejan de ser algunas canciones divertidas pero menores). La relevancia de hoy la encontramos en lo que significó Tom Petty, original de Florida (buena credencial) en la perpetuación de un movimiento creativo y musical, lo que hoy conocemos como rock clásico, más allá de su generación natural.

Tom Petty and The Heartbreakers mantuvieron el canon del rock más allá de cualquier movimiento. Un buen punteo para Tom Petty seguía siendo un salmo, una buena canción con estribillo que se convirtiera en parte de tu día, sostenida sobre arreglos sin florituras y una batería y un bajo siguiendo una idea básica melódica era las sagradas escrituras.

Tom Petty era un músico esencialmente americano, se dejó caer poco por Europa. Se ganó un lugar en el Olimpo y en el paseo de la fama con algunos cuantos éxitos que eran aclamados en su tierra, aunque alguno, como American Girl, trascendió. Pero ya hemos dicho que él ejercía más bien de profeta de sus deidades, a los que acompañaba con devoción. Porque no eran sólo los citados. Si había que hacer un cameo con Roger McGuinn, Bruce Springsteen o el que fuera, allí estaba Tom Petty dispuesto a ser el chico para todo.

Bob Dylan, uno de los últimos dinosaurios vivos, se mostró impresionado ante la noticia y declaró "fue un gran artista, lleno de luz, un amigo, y nunca le olvidaré". Mick Jagger, otro superviviente de los tiempos del Jurásico, se manifestaba igualmente "triste" en twitter (Dylan lo había hecho de manera analógica en el Rolling Stone): "¡Qué gran música hizo!". Y Ringo Starr: "Dios te bendiga. Estoy seguro que te voy a echar de menos". Porque Petty era el alma de la fiesta cuando la fiesta se había acabado. Pero también dejó un legado y grandes de generaciones posteriores como Ryan Adams (nacido en 1974) se sumaban al cortejo fúnebre: "Gracias por lo que nos diste, tu música ha cambiado este mundo para mejor". O Los chavales de Cage the Elephant: "Era tan dulce con nosotros...". Cuando ejercía de hermano mayor. Aunque posiblemente Ryan Adams se exceda, sigue siendo una maravilla pinchar, en plan funeral vikingo, mientras escribo esto, Here comes my girl, tan stoniana (porque él siempre pillaba de las fuentes de sus mayores la inspiración) o la encantadora The waiting. Da mucha penita que se haya ido Tom Petty, pero la ventaja de esta gente es que les seguiremos escuchando mucho tiempo y diremos "jo, eras el hermano pequeño, pero eras muy grande".

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