Cultura

Sinfonía para guitarras, cencerro y motosierra

  • Warrior Soul (USA) y White Cowbell Oklahoma (Canadá) esta noche a partir de las 22:30 horas en la sala Supersonic de Cádiz

Un doble cartel de lujo de la mano de la promotora granadina Wild Punk. Ambas bandas coincidieron en la última edición del jerezano Serie Z ofreciendo dos de las mejores actuaciones del festival.

En 1987 Warrior Soul eran algo parecido al Flameado de Moe: un ulcerante cóctel de hard rock y actitud punk en ascensión meteórica. Tras nueve meses de gestación y apenas cuatro conciertos a sus espaldas, la banda liderada por Kory Clarke, único miembro constante en la formación, firmaba con Geffen un contrato cercano al millón de dólares. Su impresionante disco de debut, Last decade dead century (1990) derrochaba talento y autenticidad en cada surco, sin embargo su modesto impacto comercial no colmó las expectativas de David Geffen, que con la mirada fija en Seattle relegó la promoción de sus siguientes lanzamientos a un segundo plano. En 1994, tras tres fantásticos discos y otro más irregular, Warrior Soul eran finalmente expulsados de la multinacional y Kory Clarke, asqueado con la industria discográfica, parecía decidido a abandonar el mundo de la música. Afortunadamente para su pequeña legión de seguidores, regresaría poco después con otro debut espectacular, el de The Space Age Playboys (1995), banda esencial aunque de corta vida, al que siguieron dos discos en solitario, una breve temporada como vocalista de los legendarios Trouble, y la ansiada e inevitable reactivación de Warrior Soul. El año pasado la banda presentó su último trabajo, Stiff Middle Finger en el Serie Z de Jerez. Hoy, las crónicas de perdedores, rock & roll e insurrección política de Kory Clarke regresan a la ciudad.

White Cowbell Oklahoma son un verdadero panteón viviente dedicado al rock de los setenta. Lo suyo está entre el boogie rock de ZZ Top o Humble Pie, el sonido de dobles guitarras de Allman Brothers, la espectacularidad de Kiss y la potencia de unos Grand Funk. La excusa que les trae de nuevo a nuestros escenarios es la reedición, esta vez en vinilo y con temas extra, de su cuarto y último disco de estudio, Buenas nachas [sic] (2012), que continúa con la evolución hacia la psicodelia de su anterior trabajo sin dejar de lado el sabor tex-mex de sus orígenes.

A pesar de que cuentan con una discografía envidiable, la reputación de WCO se basa principalmente en ser una de las bandas más divertidas que pueden verse sobre un escenario. Su directo se sirve de todos los sucios y efectivos trucos del rock de estadio: interminables jams, strippers, fuego, motosierras… y otros ciertamente más inusuales, como tocar slide guitar con el pene al estilo de Errol Flynn o lucha libre en el barro a lo Andy Kaufman. Será interesante y tal vez peligroso ver como se las arreglan estos seis cowboys canadienses, han llegado a ser hasta 17 miembros, en el reducido escenario de la Supersonic. 25 euros en taquilla.

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