Alejandro Medina R. Periodista y escritor

"Siempre he sido enemigo de la novela histórica tal cual"

  • El autor acaba de publicar con Lapsus Calami su primer título, 'Una aventura pop': un inusual acercamiento a los escenarios del Doce

-El etiquetaje es algo que los editores aman y los autores detestan. Con 'Una aventura pop' lo ha puesto difícil...

-La verdad es que sí... lo cierto es que no es una novela encasillable en ningún sentido, si tuviera que ser un género sería simplemente de aventuras, que es lo que buscaba. Creo que en el propio nombre están las dos claves: es una aventura y tiene el espíritu del pop, es decir, el coger todo tipo de referencias culturales y mezclarlas. Podría identificarse con un western crepuscular, que presentaría la misma historia en sí: la trama se desarrolla en un momento de crisis, en el que a España como tal le quedaban sólo dos ciudades, había perdido toda su soberanía y no se sabía muy bien cuándo iba a terminar aquello, y esa situación de no tener casi nada que perder es la propia de un western crepuscular.

-Aún así se nota que ha leído o sabe del tema. Con toda la ebullición que se vivió en torno al Doce, ¿cuándo decidió que podía tener algo más que contar de lo que se estaba contando?

-La primera idea fue bastante anterior a toda la ebullición del Doce. Una aventura pop fue elaborándose entre 2007 y 2011 en Cádiz, pero prácticamente la terminé en 2007, incluso antes de empezar a trabajar allí. Pero de hecho, el prólogo casi tal como está lo escribí mucho antes, en 2001-2002... Quizá en aquella época de lo que se hablaba mucho era del bicentenario de Trafalgar, con la famosa novela de Pérez-Reverte. Y dejé la idea hasta que fue el momento de retomarla.

-De hecho, uno de los episodios más curiosos del conflicto es cuando los barcos franceses que están retenidos en la Bahía tras Trafalgar ven, de un día para otro, que sus aliados son de repente sus enemigos. Hay cosas demasiado absurdas para no ser contadas...

-Para empezar, normalmente los españoles aprovechamos muy poco nuestra propia historia. De hecho, para una vez que ganamos no lo destacamos. Es un poco lo que cuento en el epílogo: la batalla de la Barrosa es como se conoce en Internet a la batalla de la Torre del Puerco, porque es así como la llamaban los ingleses. Pero, de hecho, la entrada en castellano de la batalla en la Wikipedia es simplemente la traducción del inglés, con la versión inglesa del episodio: si no somos ni capaces de revisar nuestra propia historia en la Wiki, pues figúrate. Al hablar de 1812 se ha hablado mucho de Las Cortes y de toda la fanfarria oficial, y habría mucha historia pequeña que contar y mucho jugo narrativo. Difícilmente se puede tener un escenario más idóneo, pero hasta ahora sólo se han hecho cosas demasiado oficiales, incluso la propia novela de Pérez-Reverte es de las más serias que ha hecho, demasiado ceñida a la historia, que también está bien... pero cansa que todo sea del mismo corte. Yo mismo he crecido en San Fernando y he jugado mucho por la Torre del Puerco y La Barrosa, y hasta que no se me ocurrió esta historia no descubrí que existía la batalla de la Torre del Puerco. Y toda la zona del Puente Zuazo, que se ha arreglado ahora, yo la recuerdo como un aparcamiento impresionante y una chatarrería. Es lo que decía: no sabemos aprovechar la historia.

-Pop es también la manera de contar, con un narrador completamente actual. Y las recomendaciones musicales de cada capítulo.

-Cuando me puse a escribir la novela, como suponía que se iba a escribir mucho del Bicentenario, me dije: "No voy a contar ninguna historia nueva, no voy a revelar nada especial". Siempre he sido enemigo de novela histórica tal cual y, aún más enemigo de la novela histórica con masones e historias secretas. Había escrito el prólogo en un tono desenfado y contemporáneo, con referencias actuales, y me dije: "Pues voy a seguir en este tono, como para hacerme entender por alguien de ahora". Y en el tema de las canciones hay un poco de todo, pero la canción suele tener que ver con lo que pasa, con el tono de cada capítulo.

-Entre unas cosas y otras, la novela tiene un cierto espíritu de Tarantino meets 1812...

-Y mira que es anterior a Malditos Bastardos, pero es un poco ese tono. Además está la música, que siempre me ha llamado la atención, y Tarantino siempre la utiliza muy bien.

-Una de las claves es que la gran historia es sólo el escenario.

-La Historia es una especie de McGuffin como efecto para que la acción avance. Los personajes se van a Tarifa y se encuentran allí al ejército español acampado, y tienen que salir en barca de una forma, desembarcar en un sitio determinado... Lo que hace la historia es montar el escenario.

-Hay grandes golpes de efecto que uno no espera, como la aparición surrealista de la pequeña compañía de circo, o esa especie de bruja protectora...

-Lo que se busca precisamente es eso: el quiebro, la sorpresa. En todas las películas en las que se ha basado el libro -que son muchas de las icónicas de los 80: Los Goonies, Indiana Jones...- sucede un poco esto. En todas esas películas hay también tiros, por ejemplo, pero también hay escenas un poco surrealistas o mágicas y de fantasía, y a mí lo fantástico me gustaba mucho. La novela podría ser un homenaje continuo a toda esa cultura sentimental.

-¿Le ha cogido el gusto a la, digamos, heterodoxia histórica? ¿Va a seguir por este palo?

-Esta forma de contar se me ocurrió sólo con esta novela, que es la primera publicada, pero escribo desde que era pequeño y ya he terminado seis... Esta era la cuarta. Otra cosa es que vuelva algún día a estos personajes, De hecho, el mayor colofón de esta novela sería una segunda parte.

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