Cultura

"La Red crea un gran espacio para la mentira pero también para la verdad"

  • Lorenzo Silva acudió ayer a la Biblioteca Provincial dentro del ciclo 'Ficción, Memoria y realidad', organizado por el Centro Andaluz de las Letras. El escritor fue presentado por Javier Castro

Comenta Lorenzo Silva que sus dos abuelos, uno malagueño y otro salmantino, tenían maneras distintas de ver la vida pero que ambos guardaban "un gran sentido de la dignidad". Un concepto, junto a solidaridad o conciencia, que termina apareciendo en muchas de sus historias. El autor de La flaqueza del bolchevique acudió a la Biblioteca Provincial para hablar, acompañado del escritor Javier Castro, de su relación con la literatura.

Un baile que comenzó asombrosamente pronto, cuando con 12 ó 13 años comenzó a escribir sus primeros relatos. "Mi primera novela la escribí con diecisiete -confiesa-, aunque, como muchas que siguieron, la terminé quemando". Silva estudió Derecho y trabajó, durante doce años, en ocupaciones relacionadas con la asesoría y las finanzas: "Escribir obedecía a una necesidad íntima -afirma-. Era algo que formaba parte de la esfera personal, que hacía para mí y que en ningún momento esperaba que llegase a ser significativo".

De esta época -"cuando había muy poco tiempo para escribir"-, aprendió que "gran parte de la novela se hace en la cabeza, cuando no estás escribiendo".

La gran diferencia, confiesa Silva, llegó en 1997, cuando fue finalista del Nadal con La flaqueza del bolchevique. "Antes de eso -explica- había publicado un par del libros. El premio llegó justo cuando había decidido que la literatura, para mí, no era una vía profesional". Así, Lorenzo Silva comenzó a repasar los manuscritos que aún tenía por publicar -cinco en total- cuando vio la convocatoria del concurso. La flaqueza del bolchevique se convertiría en película en 2003, de la mano de Manuel Martín Cuenca, con el propio Lorenzo Silva colaborando en la elaboración del guión. Un proceso que el autor considera especialmente complicado, sobre todo, "en una historia como ésta -indica-, que era muy literaria, esencialmente verbal, y que trataba una cuestión tan inaprensible como la conciencia".

En 2000, Silva terminaría haciéndose con el Nadal gracias a El alquimista impaciente: "Algo que supuso -comenta el escritor- una doble verificación: como escritor fue una especie de recompensa a largo plazo, porque llegó justo cuando se cumplían veinte años desde que me dedicaba a la escritura. Y luego supuso también la aparición de un público fijo".

De la obtención del Premio Primavera de Novela, en 2004, por Carta Blanca, Silva destaca el hecho de que un premio tan comercial - "que se regala muchísimo en el Día de la Madre"-, se concediera a un libro "arriesgado e incómodo".

Creador de dos de los personajes más populares de la novela policíaca en España (Bevilacqua y Chamorro), su última novela, El blog del inquisidor, utiliza la Red como plataforma de construcción: "Internet -explica- es una obra humana y sus características son esencialmente humanas. Y una característica humana fundamental es la paradoja. Así, la Red crea un gran espacio para la mentira pero, también, para la confesión, para la verdad".

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