Cultura

Rebajas de verano

  • La programación de conciertos, afectada por la dichosa crisis, margina al rock pero incluye figuras estelares como Manolo García, Serrat, Wim Mertens, Canto del Loco, Oreja de Van Gogh, la Pantoja o Raphael

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Rebajas en do mayor. Cortito y con sifón. Media ración de música al aire libre. La crisis del rocanrol. Crisis alrededor de la media noche. Pocas sorpresas, ningún riesgo. Elija titular, si lo paga antes del tres de enero le regalan un emepetrés de mentirijilla, de esos que sólo pillan radio marca bajo la sombrilla. Con la música a otra parte, emparedado entre esdrújulos y nada económicos inviernos, llega el ritmo del verano, con ustedes las rebajas del verano, cuarto y mitad de imaginación, una mijita de guasa y a buscar sensaciones con las que aliviar el sopor y el soponcio. La tanda de recitales del estío, tan proclive a nadar entre dos aguas, entre lo popular y lo elitista, se abre, el viernes en Sanlúcar, con el incombustible Manolo García, cuyo Saldremos a la lluvia se torna aún más metafórico con las nuevas calores de julio. El copiloto de El Último de la Fila apenas sufre la recesión, o al menos la disimula. Hablar de crisis en el sector musical parece una perogrullada. Este verano, por mor de la presunta crisis, cada rincón de la Bahía aplica las tijeras a sus presupuestos y programas musicales, los promotores tragan saliva, suena la melodía del ajuste fino y surgen los nombres de los presentes y de los ausentes. ¿Figuras del verano en la provincia? Salvo errores y omisiones, y todavía con algunos carteles por cerrar, anoten a Manolo García, Serrat, Wim Mertens, la Vargas Blues Band, Oreja de Van Gogh, Canto del Loco, la Pantoja y Raphael, por citar algunas estrellas por venir. El porvenir cercano, negro como el carbón, cortito con sifón. Los recortes afectan a la cantidad de conciertos, que en algunas localidades desciende de forma importante, y a la calidad de la oferta para ciertos sectores de aficionados. Como casi siempre, pierden el rock y sus derivados, la música eléctrica y sincopada, los estilos más rebeldes que el sol de capa caída.

No hay color con respecto al verano pasado, ni la sombra del 08, cuando visitaron la provincia Bob Dylan y Caetano Veloso. Este verano de chungos augurios combinará las atracciones con cuentagotas, las apuestas seguras, algunas reiteraciones, poco apoyo a los de aquí, que los hay y muy buenos, y los festivales especializados. Todavía hay clases. Quizá sea el momento de optar por espectáculos más modestos, sin delirios de grandeza, y los pequeños detalles, la sencillez y las propuestas de postín.

Si Sanlúcar inaugura julio con dos conciertos a modo de espejismos (Manolo García el 3 y Macaco el 4), y en la sala Woodstock de Cádiz se anuncia la presentación de Antonio Martínez Ares, la excitación por las novedades del verano se disuelven como un azucarillo a medida que pasan las hojas del calendario y cae por su propio peso la realidad. Otra fantástica quimera musical, la gran Vargas Blues Band (10 de julio en El Puerto), que llega con nuevo disco en directo bajo el brazo, hará olvidar que el verano se olvidó del rock y que, precisamente, el festival Isla del Blues, a celebrar el 1 de agosto en Cádiz con la participación de Matt Schofield y The Brew, se antoja el oasis del amante de los sonidos anglosajones.

Por contra, el público más joven, adicto a grupos mayoritarios y planteamientos eclécticos y/o comerciales, podrán disfrutar de varios exponentes de los líderes de listas de ventas, aunque en menor medida que durante veranos anteriores. Chiclana trae al Canto del Loco (8 de agosto), y San Fernando a La Oreja de Van Gogh (9 de agosto) y Melendi (7 de agosto). Se ve que artistas y promotores disponían de las agendas más apretadas que el bolsillo de los oyentes contribuyentes. En el apartado de pop, Mónica Naranjo ingresa con calzador en el programa de conciertos de la plaza de la Catedral de Cádiz, entre Joan Manuel Serrat y Sara Baras. ¿Sobrevivirá la gente? Marco incomparable. Dos años sin teatro Pemán. Y los conciertos de la playa, aún por definir. Como anticipaban los Rollin Estone del cuarteto de Gago, “este verano vamos a dar dos conciertos, two shows, un amplage tó malage y otro en la Victoria”.

Para envidia de indígenas propios y extraños visitantes, por el Festival de la Guitarra de Córdoba desfilarán Manolo Sanlúcar, John Fogerty, John Mayall y Pretenders, ahí es nada, y por Madrid, antes de la estampida de agosto, todo un plantel, desde Paquito D’ Rivera y Chano Domínguez, en soñado concierto acaso previo a un álbum compartido (9 de julio), hasta Joao Gilberto (día 18), Eagles (día 21) y Jeff Beck( 24 de julio). Por no hablar de la sensación del verano andaluz, el concierto de Bruce Springsteen en Sevilla, probablemente en la última gira rockera con la E Sreet Band. Mientras tanto, en Cádiz, los rockeros trincarán las migajas o se darán de cabezazos contra los muros de la incomprensión. Cádiz, al margen de circuitos nacionales e internacionales, no consigue integrarse en el mapa musical del mundo, y mira que hay músicas y músicos en Cádiz para dar cuatro o quince vueltas al planeta. Por si no había bastante, y pese a la crisis que anula festivales o aplaza ferias de muestras, en Atarfe contratan a Leonard Cohen, trece de agosto. Aquí ni siquiera invocan a los dioses del ritmo, ni al mismísimo Miguel Ríos, que monta su gira de despedida. Sintomático. Aquí el rock nunca hizo gracia, cayó en desgracia, maldita la gracia. En el disco homenaje a Miguel Ríos, por citar un ejemplo ilustrativo, apenas cantan rockeros de verdad. Sintomático.

Sorprende sobremanera que el verano gaditano no se acuerde de figuras señeras como Javier Ruibal, los resucitados Cai o numerosos grupos o artistas de carreras más escuetas pero evidentes merecimientos de mostrar su música al aire libre y ocioso de estos meses caniculares. Algún festival de rock, una noche de rock andaluz, más utopías. Huérfanos de rock, salvo que Bono se deje caer mañana por Cádiz para ingresar en el Ateneo, confirmarse como pregonero del Carnaval y firmar discos de su edición gadita.

Gotas contadas: el primer festival Gades Metal, el 18 de julio en la sala Anfiteatro, en clave de rock más que heavy. Esa misma noche, Me Río de Janeiro, Hay gente pa tó. Y una semana antes, en el estadio del Cuvillo portuense, una noche de rap, hip hop y demás ritmos urbanos en el Floridance Festival. Algo es algo. Los raperos y hip hoperos, acostumbrados a retroalimentarse, poseen claves secretas de la noche, garitos exclusivos y rimas imposibles. La Fundación de Raperos Atípicos en la Feria de Facinas, eso sí que promete. Fascinante. En otro rincón de la geografía gaditana, Espera, Rocinante paseará merced a los míticos Asfalto, lástima que el rock de los setenta, incluido el rock con acento andaluz, haya reaparecido en tiempos tan tacaños.

 Dos festivales de referencia, el superviviente cartel de Jimena y la emergente propuesta de Jerez y sus Noches de Bohemia, aportarán matices a las noches de verano. Macaco cerrará Jimena, igual que los Delinquentes tocarán San Roque y Zahara, pero el ciclo jerezano merece mención aparte: en los jardines de los Museos de Atalayas,  noches de Pasión Vega,  noche mediterránea con Omar Faruk, noche de fados con Misia, noche de jazz y minimalismo con Wim Mertens y “noche joven” (sic) con David de María. Noche de rock, ni soñando. El músico belga Wim Mertens, uno de los grandes del arte contemporáneo sin etiquetas, capaz de fundir clásica, jazz y música para películas en plena armonía, será la gran figura del verano junto a Serrat y el turco Omar Faruk.

Las propuestas jazzísticas de Sanlúcar, El Puerto y Cádiz saciarán la sed de aficionados tan exigentes, aunque agradecidos, quienes tendrán la oportunidad      de  escuchar a gente tan brillante y dispar como Tito Alcedo y Nono García, la Sonora Big Band, Sergio Monroy, Jorge Pardo o Tomasito. Mención especial para el ciclo femenino en Cádiz, desde Russian Red a Sole Giménez, y al Festival Internacional de Folklore gaditano.

Fuera de foco, en un mundo aparte, allá donde se cruzan los silencios, Cádiz ofrece también las puestas de sol de los miércoles, contrapunto al festival diario de la luz, y el flamenco en balcones y fuentes.

En la frontera del verano, agosto dios menguante, El Puerto de Santa María, otrora santuario del rock junto al colegio La Salle de Puerto Real, se decantará por la veteranía y el gancho de Isabel Pantoja y Raphael. Noches de cotilleo, coplas de entrar a matar, casos malayos o Sálvame, por favor. Noches de Qué sabe nadie.

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