Cultura

Protección, criba, drenaje

Leemos muchas páginas, lúcidas o rutinarias, a propósito de la pregonada sustitución del papel por los nuevos dispositivos de lectura o sobre la más probable convivencia entre los formatos impresos y digitales, pero entre tanto siguen naciendo y muriendo revistas que desmienten las implicaciones no estrictamente tecnológicas del cambio de paradigma. A los tecnófilos impenitentes les gustaría entonar de una vez y para siempre -lo hacen de hecho cada vez que se les deja- el réquiem por los viejos modos de agavillar artículos que se corresponden con la idea clásica de una revista literaria, pero lo cierto es que ese concepto secular mantiene intacta su vigencia -palabras e imágenes o sólo palabras- y no precisa de recursos adicionales para cumplir su saludable cometido. Vemos por otra parte que algunas de las publicaciones digitales mejor planteadas, valga el exitoso ejemplo de Jot Down, no renuncian al papel como modo de consolidar o de acrecentar su implantación en la red, siendo así que al menos de momento muchos lectores de revistas digitales parecen seguir interesados por hacerse, cuando estas existen, con versiones impresas asociadas a sus cabeceras predilectas.

Es el caso, aunque ya póstumo, de la antología que reúne Lo mejor de 'Ambos Mundos', la efímera -sólo un año de trayectoria, correspondiente a 2012- revista digital de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) dirigida por el escritor y periodista Ignacio Peyró, que suma a sus múltiples facetas la de traductor -Waugh, Auchincloss, Huysmans- y representa ejemplarmente la línea, por desgracia poco extendida entre sus destinatarios naturales, del conservadurismo ilustrado. En el ámbito estético, como argumenta Peyró en el prólogo a la recopilación que ha publicado Renacimiento, esta línea se traduce en "un entendimiento patrimonial de la cultura", concebida como "transmisión, traditio, entrega de un tesoro acumulado". Con un discurso elegante que tiene algo de manifiesto, el director de Ambos Mundos -que de hecho ha continuado su andadura con otro nombre- celebra la "dimensión europea, hispánica, americana" de la revista y hace un balance, entusiasta pero no inexacto, de los logros alcanzados, cuya mejor prueba son los estupendos artículos recogidos en la selección. Piezas como París: elegía por la vieja Hune de Juan Manuel Bonet, Josep Pla y lo que hemos comido de Valentí Puig, El último poemade Osip Mandelstam de Eduardo Jordá, las consideraciones sobre la arquitectura del búnker de Fernando Castillo o las inquisiciones de Juan Bonilla sobre autores casi desconocidos de la vanguardia hispanoamericana, justifican la adquisición de un volumen en el que se reúnen otras asimismo valiosas de Jordi Amat, Eduardo Gil Bera, José Carlos Llop o Enrique García-Máiquez. De este modo la antología, que resume una trayectoria, se ofrece también como muestra del mejor articulismo literario.

Unas nacen y otras mueren, decíamos, como ha ocurrido siempre, e incluso del minoritario ámbito de la poesía continúan surgiendo revistas que desafían las profecías apocalípticas. Ligada asimismo al ámbito académico, proverbialmente ensimismado en España y que parece dar en los últimos tiempos algunas señales de apertura, Estación Poesía ha sido promovida desde el Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla (CICUS) que dirige Concepción Fernández y tiene en el programa Escritorio, coordinado por Juan Diego Martín Cabeza, uno de sus puntales. Su director, el ensayista, traductor y poeta Antonio Rivero Taravillo, ha invocado algunos de los referentes de la tradición hispalense -Grecia, Mediodía, la más reciente Renacimiento- en la escueta declaración de intenciones que acompaña al primer número de una publicación cuatrimestral donde se suceden los versos, el ensayo y la crítica, disponible en internet o asimismo en papel. La edición impresa, sobria, funcional, sin declaraciones programáticas de ninguna clase, usa un formato low cost muy apropiado para los tiempos que corren, en los que resultarían muy difíciles de justificar los lujos costeados a cargo del Erario. Felizmente ecléctica, la entrega inaugural de Estación Poesía alterna los nombres de autores ya veteranos -Felipe Benítez Reyes, Jesús Aguado, Álvaro García- con otros que forman parte de las promociones más jóvenes -Erika Martínez, María Alcantarilla- o apenas han empezado a publicar -Francisco Barrionuevo, Lola Terol-. La presentación no jerarquizada ofrece, en toda su deseable variedad, un estimulante mosaico de propuestas.

Pero también hay quienes defienden, en "un tiempo asediado por la disolución de los cauces tradicionales de lectura", la necesidad de revistas exclusivamente impresas. Así lo hacen los poetas Juan Carlos Reche y Abraham Gragera en el editorial no expreso que abre el número cero de Años Diez, publicado por la editorial granadina Cuadernos del Vigía. Con cuidado diseño -sus impulsores mencionan la inspiración de Diego Lara, revisitado por Andrés Trapiello en la antología de Ambos Mundos- y periodicidad semestral, la revista no se resigna a la idea de la poesía como "nicho especializado" y reclama "un carácter abierto, no tendencioso, que se construya también con los hallazgos de las reflexiones del pasado". Hay que agradecerles a sus responsables el conocimiento de dos poetas desconocidos entre nosotros, el inglés J.H. Prynne -presentado y traducido por Mario Jurado, que inaugura además una interesante sección titulada "La poética del traductor de poesía"- y la norteamericana Sandra McPherson, así como la declarada intención de recuperar a autores poco divulgados como Rafael Álvarez Merlo o la acogida de inéditos como Juan Manuel Cabrera. El número incluye cartas hasta ahora desconocidas de Gerardo Diego, el rompedor manifiesto de Charles Olson -heredero de Ezra Pound y William Carlos Williams- sobre El verso proyectivo y una excelente entrevista con Valerio Magrelli. Al principio de la misma dice el poeta italiano: "El editor es para mí un sistema de protección y de criba que, si funciona, drena -literalmente- los materiales del organismo social y cultural". Es lo mismo que hacen las revistas, impresas o digitales, que no se limitan a acopiar sin criterio ni medida.

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