Cultura

Pisito con viático en el Festival de Comedias

Ficha artística y técnica: Juanjo Seoane Producciones Obra: El pisito. Autor: Rafael Azcona Dirección: Pedro Olea. Versión Teatral: Juanjo Seoane y Bernardo Sánchez. Reparto: Pepe Viyuela, Teté Delgado, Asunción Balaguer, María Felices, Rafael Núñez, Manuel Millán, José Mª Álvarez, Jorge Merino. Escenografía: Wolfgang Burmann Vestuario: Javier Artiñano. Iluminación: Juan Gómez Cornejo. Día: viernes 6 de agosto. Duración: 1 h. y 45 minutos sin descanso. Lugar: Patio porticado de san Luis Gonzaga. Aforo: Lleno.

Cuando Rafael Azcona firmó el guión de El Pisito a partir de su novela, y Marco Ferreri lo llevó a la gran pantalla con José Luis López Vázquez y Mari Carrillo como protagonistas a finales de los años cincuenta, probablemente no vislumbrarían ni uno ni otro que en pleno siglo XXI la naturaleza de aquél experimento desplumado por la censura franquista tendría tanta fibra crítica en la sociedad actual. Para ello, el trabajo de Seoane y Bernardo Sánchez en la adaptación de la cuarta versión del texto con el beneplácito del propio autor antes de morir, se antoja fundamental para que la trama se convierta en algo potable para un público harto de sucedáneos mal engranados.

En una nueva incursión dentro del mundo teatral del cinematográfico director vasco Pedro Olea, que además de rodearse de un rumboso elenco actoral, resuelve a través de Wolfgang Burmann con una escenografía movible y con tintes propios de la revista La Codorniz -el semanario de humor de más fama y repercusión del siglo XX-, la tragicómica vida de Rodolfo, Petrita y Doña Martina que, junto con su gato conforman y exponen con amarga verosimilitud las carencias vitales de una posguerra, en este caso la española de mediados del siglo pasado. La tómbola de la vida pone en suerte un pisito de alquiler con las papeletas marcadas. Chotis, pasodobles y boleros entre cuadros nos sitúan en la época, y la maestría de Azcona refriega al unísono la codicia y la ternura consustancial a todo ser humano. El uso del matrimonio en el wáter quedó santificado en un pisito con viático. La frescura y vitalidad de Asunción Balaguer llena la escena de matices que recogen como testigos de una carrera de relevos Pepe Viyuela y Teté Delgado, que convienen el triángulo necesario para que El Pisito crezca sobre las tablas y cale en el subconsciente del espectador.

Tan sólo una mácula: después de un año de gira por los escenarios españoles cabría pensar que la obra está más que rodada, pero en la representación que nos ocupa se notaron algunos desajustes en los diálogos que bien podrían achacarse al levante moderado que soplaba en el Patio de San Luis. Así y todo, la sesión inaugural del Festival resultó del agrado general de los concurrentes, que despidieron a los actores con sentidos aplausos.

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