Músico y compositor

Pipo Romero: "A Andalucía siempre la llevas dentro"

El músico y compositor Pipo Romero.

El músico y compositor Pipo Romero. / Julio González

El gaditano Pipo Romero, músico profesional que ha tocado, grabado, hecho arreglos y trabajos de producción para bandas como El Canto del Loco, Largarto Amarillo, Nena Daconte y para artistas como Carlos Rivera, Amaia Montero o Andrés Suárez, emprendió hace 7 años un camino “solitario” pero lleno de sentido, el de buscar una voz propia dentro de la guitarra acústica. Una voz con su acento, el andaluz, a través de las técnicas de los universos clásico y flamenco, que ya apuntaba en Folklórico, que continuó en Ideario y que ahora explota en su tercer compacto, Ikigai.

–¿Encontró en la guitarra su ‘ikigai’?

–De alguna manera. Esta es una palabra que proviene de Okinawa, la región más longeva del mundo y, digo yo, que algo tendrá que ver esta filosofía de vida que se resume en el ikigai. No tiene traducción literal al castellano pero viene a significar algo así como utilizar el hacer, el trabajo, para llegar a la felicidad, pero siempre desde un punto bidireccional. Un quehacer, un trabajo que te llene, que te alimente y, sobre todo, con el que dejes algo en el mundo. Yo empecé a caminar en un desierto, la música instrumental, y dentro de ese desierto, otro más si cabe, introducir la guitarra acústica en el folklore español. Eso o te lo tomas como tu propio ikigai o no se puede llevar a cabo.

–¿Qué ha cambiado desde que comenzó ese camino?

–Pues han pasado 7 años desde de mi Folklórico, donde empecé a poner las bases de lo que quería a hacer como solista. Siete años defendiendo tus ideas, enfrentándote a todo el mundo y desarrollando mucho más el instrumento y una técnica propia para poder hacer que la acústica suene como quiero que suene. ¿Qué ha cambiado? Ahora me siento más tranquilo, más sopesado, con más experiencia, y esas características también se han contagiado a mi música y se puede notar en este Ikigai.

–Habla de técnica. ¿Qué es el ‘spanish fingerstyle’?

–El fingerstyle en acústica es la acción de acompañarse a sí mismo, tocar el bajo y melodías a la vez. También se utilizan otro tipo de técnicas que vienen del banjo, del country, y que le sientan bien a la cuerda de acero. Entonces, lo que yo hago es una mezcla de fingerstyle, clásico y flamenco porque sobre el folk, el clásico y el flamenco he construido yo mi propia voz como guitarrista, pues me pusieron esa etiqueta, aunque no sea yo muy fan de las etiquetas.

–Para conseguir ese sonido, ¿su guitarra tiene algo de especial?

–Es una acústica y se rasguea como se rasguea en e pop pero sí que es verdad que es el equivalente a un Ferrari dentro de las guitarras. Es una guitarra que aguanta y soporta la agresividad del toque de pellizco. Pero es una acústica con sus cuerdas de fósforo bronce. Realmente es la técnica la que pone en solfa todo lo demás y creo que es algo que se nota mucho más en este último disco, el de sonido más dulce de todos.

–Decía que no le gustaba que le hayan puesto una etiqueta a lo que hace, ¿por qué?

–Porque en el mundo tan cortoplacista que vivimos creo que esas carreteras tan definidas que construimos van en contra nuestra. La del flamenco, la del clásico, la del folk... Las fusiones lo tienen más complicado para estar en las listas de spoty, para entrar en los festivales, te tienes que hacer tu propia carretera.

–Bueno, más apasionante

–Y más cansado, la verdad que me gustaría que me abrieran la Nacional.

–Hablando de carreteras. Hace 20 años salió de Cádiz y tomó la que lleva a Madrid sin retorno. ¿Echa de menos Andalucía?

–Todos los días pero, realmente, a Andalucía siempre la llevas dentro. Cuando un andaluz se dedica a la cultura, llevas arraigada la tierra y te acompaña en todo momento. Yo siempre llevo a Andalucía por bandera y, sobre todo, a Cádiz, siempre lo diré y lo defenderé, es increíble que cómo en un istmo tan chiquitito cabe tanta gente con tanto talento.

–¿Y de industria cultural cómo vamos?

–Yo creo que ese tejido no está bien construido en España, ni veo que haya visos a futuro de estarlo. Creo que tenemos que ser muy exigentes con nuestra propia industria cultural porque, por muchos piropos que recibamos, creo que todavía no somos conscientes del tesoro cultural que tiene nuestro país. Tenemos de todo, ya sean manifestaciones ultrafusionadas, como lo que hago yo, o lo más puro. Así que, ahora que después de todo lo que ha pasado están las cosas muy distorsionadas, deberíamos aprovechar este renacer en todos los sentidos para ponernos a trabajar en un tejido fuerte porque nos sobra talento y ganas de hacer las cosas.

–¿Cómo lo vivió usted y en qué punto se vio afectado ‘Ikigai’?

–Pues, sinceramente, se vio afectado para bien porque tiene un punto más de calidad que no le podría haber dado sin el confinamiento. Cuando todo esto pasó decidí parar las máquinas. Se suspendieron los conciertos y nos encerraron así que, dentro de esa situación, intenté hacer algo lo más bonito posible ya que la vida nos daba, de alguna forma, esa oportunidad. Vi la posibilidad de mejorar, de hacer y rehacer los temas siete veces, si quería, hasta conseguir justo lo que buscaba. Y a nivel personal ha sido duro, claro, pero le he echado mucha paciencia y me he refugiado en el propio hacer de las cosas. Eso me ha salvado.

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