Cultura

Piezas de resistencia, 2

Hay escritores empeñados en contar de otra manera, y lectores que les seguimos. A tenor de los resultados, la cosa no marcha nada mal. Narrar en fragmentos cuya conexión ocurre a un nivel inconsciente, considerar que el ruido puede ser parte de la información como el silencio lo es de la música, y que aquella lectura lejana es tan parte de mí como la casa de mis abuelos.

No obstante, todo tiene su riesgo, y en Cultivos se echa en falta cierta criba, lo que termina restando fuerza a unas memorias de inicio y final sin duda magníficos. Esto no quita que estemos ante un gran libro, una elegía bellísima a los que ya no están, y un homenaje al campo de la infancia y a los viejos que se quedaron a cultivarlo mientras se cultivaba, de otra manera, el que emigró, porque Cultivos es memoria de su escritura.

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