Cultura

'Pasos para dos' artistas gaditanas reencontradas

  • Rosario Toledo y Ana Salazar se presentan en el Falla con un espectáculo propio

Entre la peña La Perla y la sala Central Lechera, y mediando los noventa del pasado siglo, anduvo el debut de estas dos artistas gaditanas que, después de tres lustros se presentan mañana en el Gran Teatro Falla, el escenario de los sueños de todo artista nacido en Cádiz. No es la primera vez que lo pisan, ya en 2007 compartieron protagonismo dentro del espectáculo Cádiz junto con otros artistas de la tierra, pero esta vez es distinto. Se trata de una obra propia y conjunta, pensada para el reencuentro de las dos amigas, y que Rosario presentó como producción propia en la pasada Bienal de Flamenco de Sevilla.

El binomio Ana Salazar-Rosario Toledo nace desde que las dos eran chicas, cuando vinieron a coincidir en la misma academia de baile. Con posterioridad, también compartirían el descubrimiento del flamenco de la mano de la maestra Charo Cruz para, con el transcurso de ese tiempo, irse cimentando una amistad que se ha mantenido sólida por más que los avatares artísticos de cada una de ellas les hayan llevado por caminos distintos. Rosario fijó pronto su residencia en Sevilla, bailó con El Grilo y para la guitarra de José Antonio Rodríguez y, en la XII Bienal sevillana, representó a la Alicia de Lewis Carrol reconvertida en flamenca por mor de una divertida creación del grupo teatral Los Ulen. Con el tiempo, fue presentando sus propios espectáculos -El aire de Cádiz o Del primer paso- hasta llegar a estos Pasos para dos. Ana, por su parte, se enroló con compañías de baile como las de Manuela Carrasco o Eva Yerbabuena hasta que una fractura le obligó a apartarse del baile. Y empezó a cantar. Primero en peñas gaditanas, luego en Madrid donde fue invitada a participar en la grabación colectiva La Chanson francesa, desde donde daría el paso al que ella considera (antes hubo otro que no le gusta nombrar) su primer disco, con versiones aflamencadas del cancionero de Edith Piaf. Luego vendría el segundo, Claros del Alma, publicado el pasado año. Pero el baile seguía ahí, como la amistad, que siempre se mantuvo. Quizás por ello, estaba cantado que, en cuanto Rosario se planteó producir un espectáculo propio, iba a llamar a la amiga de tantas vivencias artísticas y personales.

Para construir este espectáculo conjunto, las dos artistas optaron por tomar distancia y ponerse en las manos de profesionales que reúnen una contrastada experiencia y les ofrecen, además, toda la confianza. A Pepa Gamboa, que las dirigió en Cádiz, le encargaron la dirección escénica; a Juan Carlos Lérida, la coreografía; y a Guillermo McGill, productor de los dos discos de Ana, la composición y dirección musical. Al equipo se sumaron también el guitarrista Daniel Méndez y el cantaor gaditano David Palomar, dos habituales en los trabajos de Rosario.

En Pasos para dos se reúnen todos esos elementos que unen y separan los caminos de las dos artistas. Están los orígenes, en forma de un añejo baile por alegrías; están las trayectorias que divergen y se encuentran -Ana canta con orquesta y Rosario se entrega a la soleá-; está la amistad, en forma de divertidas parodias etílicas, y está, sobre todo, Cádiz, la isla rodeada de agua y luz que siempre va con ellas, el lugar del que parten y al que siempre regresan. A las dos artistas les gusta, sin embargo, aclarar que la obra no cuenta su historia, pero que sí que es una buena excusa para construir un espectáculo en el que las músicas y las distintas coreografías se van sucediendo para crear el discurso.

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