Paqui Ayllón| Autora 'La lectora ciega'

"Me apasiona seguir viviendo una vida normal siendo ciega total"

Paqui Ayllón conversa con Daniel Heredia en la presentación de su libro 'La lectora ciega'. Paqui Ayllón conversa con Daniel Heredia en la presentación de su libro 'La lectora ciega'.

Paqui Ayllón conversa con Daniel Heredia en la presentación de su libro 'La lectora ciega'. / Lourdes de Vicente

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Paqui Ayllón es ciega total pero lleva una vida normal y repleta de proyectos. Entre todos ellos, que no son pocos, ocupa buena parte de su tiempo en un voluntariado lector, con el que regala historias envueltas en su bella voz a aquellos colectivos con menor acceso a la lectura.

Es así como esta diplomada en Enfermería devuelve “a la sociedad parte de lo mucho que he recibido”. El camino no ha sido fácil, sino más bien de superación, y la forma en que lo encauzó cuando perdió definitivamente la visión a eso de los 30 años lo comparte en su libro La lectora ciega (Ed. La esfera de los Libros), que ayer presentó de la mano de Daniel Heredia en en el Edificio Andrés Segovia Sala de los Libros de la UCA.

El libro tiene tres partes, que son las etapas y capítulos que a ella misma le ha tocado vivir, con las que narra cómo ha sido este largo pero fructífero proceso en Vivir para ver, La travesía del desierto y Leer para vivir. La primera etapa “es la anterior a mi jubilación, que fue a los 30, cuando obtengo la incapacidad”. No fue tan dura, cuenta Paqui, pese a que a los 23 años ya le diagnosticaron su enfermedad –Retinosis pigmentaria– que le mermaría la retina hasta dejarla si más luz que la que ella irradia en todo momento.“A esa edad aún tenía un buen porcentaje visual, y aunque tuve que dejar de conducir, seguía trabajando como enfermera en la sierra de Cádiz. No fui muy consciente”.

No puede decir lo mismo del momento en que definitivamente se queda ciega, que es cuando obtiene la incapacidad y se matricula en otra carrera. Fue un proceso de 20 años, en los que cae en depresión y también sale de ella hasta adaptarse y conseguir su objetivo: “Lo que me apasiona es seguir llevando una vida normal siendo ciega total”.

En esta larga travesía también encuentra la luz de Cádiz, a la que dedica un capítulo especial, “una ciudad que me ayudó mucho y a la que iba desde Ronda en autobús cuando me matriculé en la UNED”, y también se topa con la inesperada maternidad, “que fueron los dos grandes oasis en mi desierto”.

La tercera etapa se titula Leer para vivir, “que es a partir de mis 42 años, donde cuento el descubrimiento del voluntariado lector primero como usuaria y luego como voluntaria, y al que dedico un capítulo a cada colectivo, a mayores de geriátricos, niños y adolescentes enfermos de leucemia y enfermos mentales”. Con ellos viaja a través de la literatura, sorprendiéndoles desde el primer momento “cuando ven que una ciega va con su perro guía –Meadow– para leerles”, y con su bella voz después. Cada uno tiene sus favoritos, poesía romántica del XIX para los mayores, poesía de Lorca y de Luis Montero, cuentos de animales y hasta de Kipling para los pequeños. Así, gracias a la tecnología diflotécnica les acerca el placer de la lectura, cuya pasión le acompaña desde pequeña, le ayudó en plena madurez y con la que ahora cuenta su propia historia con tono “humilde, con sensibilidad y honestidad”.

Su voz suena así en su voluntariado, en los talleres de discapacidad que imparte, en el programa radiofónico en el que colabora en Radio Puerto y en las páginas de este libro, “que es el que me hubiera gustado leer cuando me diagnosticaron la enfermedad”.

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