Cultura

Ordenando el mundo con la fantasía

Drama, EE UU, 2013, 125 min. Dirección: John Lee Hancock. Guión: Sue Smith, Kelly Marcel. Intérpretes: Tom Hanks, Emma Thompson, Paul Giamatti, Jason Schwartzman, Colin Farrell, Ruth Wilson, Rachel Griffiths, Bradley Whitford. Fotografía: John Schwartzman. Música: Thomas Newman. Cines: El Centro, Bahía de Cádiz, Bahía Mar, Yelmo, Multicines Jerez, Cinesa Los Barrios.

Una de las grandes historias de entre las mil y una que han ido trenzando la historia del cine es la de la larga lucha de Walt Disney a lo largo de 20 años para convencer a P. L. Travers de que le permitiera convertir su Mary Poppins en una comedia musical que integrara imágenes reales y animación. Disney se lo había prometido a sus hijas (factor emocional), veía grandes posibilidades creativas en el relato (factor artístico) y estaba seguro de su potencial de cara al público (factor comercial). Y pocos en el Hollywood clásico, experto en hacerlo, lograron unir emociones, arte y negocio como lo hizo Disney, durísimo empresario capaz de mantener la independencia de su estudio frente a las poderosas ocho corporaciones que dominaban la industria, a la vez que genio creativo y hombre capaz de desconcertantes gestos de generosidad; tan hábil hombre de negocios como visionario enamorado de sus propios sueños. Su dureza como productor le permitió desarrollar sus sueños, desde la creación de Mickey Mouse y las Sinfonías tontas en 1928 y 1929 hasta la invención de los modernos parques temáticos en 1955 con el primer Disney world, pasando por la locura de realizar el primer largometraje de animación (Blancanieves, 1938).

Disney ganó el combate: convenció a Travers, la película se convirtió en uno de los mayores éxitos de su estudio, batió el record de Oscar obtenidos por una producción suya, es considerada una obra maestra y recientemente ha sido escogida para formar parte del Registro Nacional de Películas de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. Pero la historia de este combate no sólo es interesante por la popularidad de los contendientes y el éxito final de la película. Aquí hay más, mucho más, que las anécdotas que rodean el nacimiento de una obra maestra y la recreación del encontronazo entre dos grandes personalidades.

Gracias al guión de Sue Smith y Kelly Marcel la película ahonda en las razones profundas que movieron a la creación del imperio Disney y a la escritura de las novelas protagonizadas por Mary Poppins. El imperio y el universo Disney van camino de cumplir un siglo sin decaer en su éxito y su capacidad de fascinación. Las novelas de Travers se reeditan desde hace 80 años. Las obras de ficción no pueden vivir tanto tiempo sin que en ellas haya una semilla originaria de verdad humana. Esta película la busca y la expone. Tanto Disney como Travers sufrieron de niños, por la enfermedad o muerte de sus padres, la pérdida de la infancia y fueron arrojados a la más ingrata realidad. Crearon sus mundos, en parte, para ordenar el mundo a través de la fantasía. "El cine adapta la realidad a nuestros deseos", dijo el gran André Bazin. Disney convenció a Travers diciéndole lo mismo.

El mayor acierto del guión es profundizar en los cimientos de las ficciones creadas por ambos, además de encantar con las anécdotas de la preparación de Mary Poppins. Visualizar en flash-backs los traumáticos recuerdos de Travers es su mayor debilidad.

La dirección de John Lee Hancock podría ser responsable de este déficit que daña a una película hermosa y emocionante, ya que si todas las escenas interpretadas por Disney y Travers tienen un encomiable tono de contención y se balancean admirablemente entre la comedia y la tragedia, la mayor parte de las escenas de los recuerdos de la infancia australiana de Travers son -pese a su carácter dramático- pastelitos tópicamente filmados. Habría bastado el muy logrado comienzo y un par de recuerdos (el que liga la canción del banco al despido de su padre o los que la visitan durante el estreno, por ejemplo) para vincular la creación de Mary Poppins con su infancia. Si el guión hubiera aludido a los recuerdos en vez de visualizarlos esta estupenda película sería aún mejor y J. L. Hancock no habría excedido sus límites.

Tom Hanks está, como siempre, muy bien. No se parece a Disney, ni aun con el bigote y el maquillaje. Pero a los pocos minutos nos ha convencido de que es Disney. Le gana una irónica, divertida, dura, impertinente, sarcástica e ingeniosa Emma Thompson en un espléndido trabajo que debería estar nominado a los Oscar. Representa a la vez la dureza externa y la íntima fragilidad, la antipatía de una señora intratable y la ternura de una mujer que no ha dejado de ser una niña herida. Sí está nominado Thomas Newman por una gran banda sonora en la que juega con las nunca olvidadas melodías que los hermanos Sherman compusieron para Mary Poppins. Verlos ensayar al piano sus canciones es una delicia. Asistir al momento en el que le presentan a Disney Feed the Birds y A Man Has Dreams emociona.

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