Cultura

Molina Font bucea en la época dorada de la historia marítima de Cádiz

  • El escritor e investigador gaditano publica 'Protestas de mar ante la Escribanía de Marina de Cádiz (1779-1877)', un libro que recoge las declaraciones de los capitanes de los barcos que llegaban a la ciudad

La navegación de los siglos XVIII y XIX debía ser un oficio para intrépidos. Aunque los avances marítimos habían progresado respecto a los más precarios siglos anteriores, los barcos seguían expuestos a múltiples peligros en forma de temporales, guerras o ataques piratas. Llegar a tierra, después de cualquier dura travesía, debía de suponer en muchas ocasiones un alivio para una tripulación exhausta y entregada y, también, para el capitán a cuyo cargo se encontraba el buque, máximo responsable de la carga y del pasaje que tenía que dejar constancia por escrito de las vicisitudes negativas que se habían producido durante el viaje para tratar de evitar, en la medida de lo posible, futuras responsabilidades ante el armador o el destinatario de la carga. Esta declaración, que el capitán debía hacer como muy tarde 24 horas después de atracar en puerto, recibía el nombre de protestas de mar. El escritor e investigador gaditano Julio Molina Font ha reunido en un libro las protestas de mar presentadas ante la Escribanía de Marina de Cádiz durante cerca de 100 años, una documentación valiosa que demuestra el potencial marítimo del que disfrutó Cádiz en otros tiempos.

Protestas de mar ante la Escribanía de Marina de Cádiz (1779-1877) es el título del libro escrito por Julio Molina Font, editado por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía y que ayer fue presentado en el Archivo Provincial, en cuyos fondos ha buceado durante años para sacar a la luz estos documentos que han sido transcritos tal y como se escribieron en su día, respetando la ortografía de la época aunque algunas de sus normas puedan chirriar en la actualidad. 

Molina Font explicó que en total aparecen en el libro hasta 150 documentos que habían pasado por la Escribanía número 31 de Cádiz, que estaba dedicada exclusivamente al intenso tráfico marítimo que soportaba la ciudad. También las fortificaciones, por su importancia, disponían de escribanía propia en una ciudad que tenía alrededor de otras 38 oficinas para atender asuntos civiles. 

Con las protestas de mar, el capitán del buque recién arribado a puerto -tenía 24 horas para presentar su escrito- dejaba constancia de los daños que se habían podido producir en la carga, en el pasaje o en el propio barco a causa de los ataques de los piratas o simplemente de unas condiciones meteorológicas malas para una tranquila navegación. 

Antes de llegar a las páginas que recogen estas históricas y curiosas protestas de mar, el libro de Julio Molina, dedicado a la memoria del desaparecido trabajador del Archivo Alberto Sanz Trelles, se detiene en ofrecer al lector algunos apuntes acerca del derecho marítimo, de las escribanías de marinas y de los distintos tipos de protestas de mar que existen. La obra, además, cuenta con un pormenorizado diccionario marítimo que, a pie de página, explica los términos marineros y de navegación que se utilizan en las protestas de mar. 

Molina Font estuvo acompañado en la presentación del libro por la delegada provincial de Cultura, Yolanda Peinado, y por Antonio Gonzalo de la Cruz, capitán de marina mercante y profesor de Ciencias Náuticas. Peinado alabó el rigor histórico de la investigación de Julio Molina, del quien recordó anteriores publicaciones, mientras que Gonzalo de la Cruz calificó el libro de "valiente, pues ningún autor de nombre se atrevería a escribirlo y a publicarlo. Es un libro de investigación sobre el esplendor de Cádiz que puede disfrutarse página a página". 

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