Cultura

Misterioso paisaje brumoso

  • Las obras de la artista malagueña son pulcramente resueltas, con un dominio absoluto de la estructura pictórica, con sabio engranaje constitutivo

Esta joven artista malagueña no demostró, según dicen, vocación artística prematura, ni parecía que una carrera pictórica estuviese en su intencionalidad primaria. Su espacio familiar, tan proclive a que eso pudiera ocurrir -su padre es el gran pintor Pedro Escalona-, nunca fue una inmediata estancia creativa para la joven, ajena, al menos aparentemente, a lo que allí se desarrollaba, con la gran pintura de siempre marcando unos bellísimos desenlaces artísticos. Dicen, también, que cierto día, vieron que la niña, que nunca se había interesado por el arte, cogió un lápiz y se puso a dibujar. Lo que la pequeña María hacía parecía no poder ser verdad; tuvieron que ponerla a prueba para convencerse de que lo que manifestaba era una realidad absoluta. Después, ya, todo fue muy rápido. María Escalona se convirtió en la pintora que hoy es, con una solvencia creativa que no ofrece la más mínima duda.

No es difícil imaginar que el manantial pictórico donde nacen las aguas que hacen fluir la pintura de esta artista se llama Pedro Escalona. Negarlo sería, no sólo faltar a la verdad, sino no conocer absolutamente nada del trabajo del pintor que vive en la población malagueña de Alhaurín. ¿Dónde mejor podía beber?, ¿qué otra realidad podía ser más idónea para una pintura como la de María Escalona que ofrece las grandes argumentaciones de la mejor pintura paisajística clásica? No podía ser de otro modo y, creo, que no debía serlo cuando hay tanta verdad y tanta fortaleza artística en la obra del Escalona progenitor. Pero no crean que la obra de la hija es un simple y fiel trasunto de la del padre. Nada de eso. Ella posee el concepto pictórico de él; hasta, si me apuran, la atmósfera que envuelve su obra puede tener ciertas reminiscencias de la contundencia plástica de aquel, pero María posee una intención distinta. Su brumosa conformación plantea una oferta diferente; el desenlace figurativo pierde mucha consistencia para alcanzar estamentos más cercanos a una abstracción evocadora con supremas argumentaciones plásticas que suspenden la realidad para asumir bellas formas llenas de intimidad pictórica y emoción formal.

La artista malagueña descubre en Rafael Benot una suerte de paisaje brumoso, con los contornos del mismo sabiamente diluidos por nebulosas envolventes que acusan una clara sensación de misterio. Son obras pulcramente resueltas, con un dominio absoluto de la estructura pictórica, con un sabio engranaje constitutivo y un sobrio establecimiento de los elementos compositivos y todo dispuesto para conformar una pintura llena de intensidad, atractiva en fondo y forma y portadora de todos los elementos que nos hacen percatarnos de que estamos ante unas obras seguras, salidas de los esquemas creativos de una pintora, también, segura cuyo sobresaliente bagaje técnico no desmerece absolutamente su gran capacidad pictórica y sus contundentes postulados conceptuales.

Estamos ante una exposición muy del ideario estético que ha regido esta galería desde un principio. Una muestra que nos presenta una pintura pulcra en continente y contenido, relatora de unos principios artísticos donde nada queda supeditado al azar, sino que está concienzudamente dispuesto para que todo constituya un sabio discurso pictórico de segura solvencia creativa.

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