Xxiii festival iberoamericano de teatro Primer homenaje en el FIT

Milagro en Aguascalientes

  • Viajes desde Baden Baden con la prestigiosa compañía que hoy recibe el galardón Atahualpa del Cioppo en el FIT · Un resumen de su trayectoria: "La Zaranda no existe nada más que cuando sucede"

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Ocurrió sobre 1986, año arriba o abajo, cuando los componentes de La Zaranda tan malvivían del teatro que habían decidido que la que estaban representando en un pequeño tugurio de Sevilla sería su última obra juntos. Fue entonces cuando un hombre del FIT cayó por allí y dijo que qué hacían que no estaban ya en Cádiz. "A nosotros no nos llaman del FIT, ¿no ves que somos muy malos?", cree Francisco Sánchez, Paco de La Zaranda, que le dijo. Si no fue eso, algo parecido. Nada, nada. Para Cádiz. Y allí se fueron para poder comer gratis, que es lo que supone Gaspar Campuzano que les atrajo. Prepararon una representación para gente del teatro, directores de festivales y todo eso, con tan mala fortuna que coincidió con el día de la visita a las bodegas. Venía la gente calentita de vino, escogiendo la representación de la agonizante Zaranda para echarse una cabezada. Pero tres o cuatro se mantuvieron despiertos e insistieron: esto hay que repetirlo, pero sin vino. Y se repitió y a La Zaranda les invitaron a recorrerse Sudamérica de festival en festival. Todo ello ocurrió en Cádiz, en un lejano FIT y esta historia, que en lo básico es así, puede estirarse o encogerse porque forma parte de la leyenda del teatro español. Matiza Paco de La Zaranda tras contar la historia: "En realidad, no me acuerdo de nada. Tengo memoria, pero no me acuerdo. Vale lo que pasa ahora. No sé nada de lo que pasó antes". El colorín colorado de este bonito cuento se produce hoy, más de veinte años después, cuando el grupo del teatro rabioso de la vida recoja el premio Atahualpa del Cioppo, un reconocimiento a una de las compañías emblemáticas del Festival. "Honor y gratitud", resume La Zaranda, ceremoniosa, humilde. "Conocimos a Atahualpa del Cioppo. Tomamos copas con él. Ya muy viejito". Por cambiar de tema.

El premio vendrá al salón de trofeos. Está en un antiguo almacén de trigo de las afueras de Jerez. Aquí preparan entre camillas y sillas de rueda desvencijadas, bajo la dulce mirada de la Virgen de Guadalupe, su próximo trabajo, Futuros difuntos, que se presenta en Toulouse dentro de veinte días. En la vitrina hay decenas de premios del uno y el otro lado del charco. Acumulan polvo, que es decir que acumulan una biografía, que es lo que llevamos más o menos todos encima.

Examinemos ese polvo. Lo haremos en la casa de comidas Baden Baden, donde cuelgan tres guirnaldas de colores de los techos desnudos y brilla un viejo 'happy birthday' en la pared. Ante una dorada y unas habichuelas, empieza la representación. Los miembros de La Zaranda empiezan la recapitulación de historias, casi todas americanas, de Nueva York a Tierra del Fuego. Pueblos indígenas que tienen sus ritos y no necesitan ese recreo occidental llamado teatro. "Ellos no necesitan el teatro, pero nosotros sí les necesitamos a ellos". O una balasera en Colombia, encerrados en el hotel ante el asedio de tres días de las FARC; o navegando con el tiburón negro, un capitán de barco con un sólo y afilado diente. Luego hicieron la travesía con la secuela, tiburón negro 2, que era un piloto de barco con sólo dos dientes. Son dos mil historias. Las cuentan y las representan. Se atropellan los unos a los otros y nos destripan a carcajadas. Pero una historia, sólo una. Estamos en Zacatecas, en la localidad de Aguascalientes, cuyo gentilicio, como todo el mundo sabe, es el de hidrocálidos. Se celebra la feria, donde se bebe tequila a hectolitros y la gente se ahorca con sus mejores tenis. "Se compran zapatos para ahorcarse, en serio". Allí tiene que actuar La Zaranda entre el ruido infernal de la fiesta popularísima. Paco advierte que no va a poder ser, que no pueden actuar, hasta que el gobernador se lleva la mano al cinto: "Actúen, huevones". Y comienza la representación ante gente humilde, mujeres que dan el pecho a sus hijos, hombres rudos... y se produce algo, se produce la comunión. El silencio entre la algarabía. Se emocionan recordándolo. "¿Compañía de culto? ¿Teatro de creación? Qué saben ellos de eso. Están recibiendo, se están empapando de lo que tú estás haciendo y tú te estás empapando de cada uno de ellos. Eso es el teatro. No hay otra definición. El teatro es Aguascalientes..." ¿Y La Zaranda? "Bueno, La Zaranda no existe nada más que cuando sucede".

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