Cultura

Michael Mann lleva de nuevo al cine la historia del gánster John Dillinger

  • El realizador estrenará en agosto en España su película, que está protagonizada por Johnny Depp y Marion Cotillard

Tras dirigir Collateral, El último mohicano o Ali, Michael Mann ha llevado a la gran pantalla la historia de John Dillinger, el gánster más buscado de los años treinta, en Enemigos públicos, una cinta protagonizada por Johnny Depp y Marion Cotillard y que se estrena en España el 14 de agosto.

En un encuentro con periodistas españoles, Michael Mann aseguró ayer que su película es "la única que respeta los acontecimientos históricos" que protagonizó este personaje, cuya historia ha sido llevada al cine anteriormente en tres ocasiones, la más famosa de ellas en la película Dillinger que dirigió John Milius en 1973 y en la que Warren Oates se convertía en el temido ladrón de bancos.

Estos antecedentes no han sido un impedimento para Mann, que se ha basado para hacer su propia versión en un libro sobre enemigos públicos de los años 30, una época en la que la criminalidad estadounidense obligó al FBI a reestructurar su funcionamiento.

En Enemigos públicos Michael Mann (Chicago, 1943) narra la historia de Dillinger, un gánster que llegó a ser en la época "el personaje más conocido de Estados Unidos después del presidente".

Y lo ha hecho centrándose en los trece meses que separaron su última salida de la cárcel y su muerte por disparos de la policía en Chicago, una etapa en la que "intentó vivir cuatro vidas", según el director.

Michael Mann aseguró que escribió el guión de Enemigos públicos sin elegir antes a los actores que la protagonizarían, Johnny Depp, en el papel de Dillinger, y Marion Cotillard, en el de su novia Billie Frechette. Una de las mayores dificultades del rodaje fue la preparación de los actores, por la "utilización de armas", y sobre todo porque tenían que sentirse como "verdaderos atracadores en cuanto entraban en los bancos", escenas que fueron ensayadas con "verdaderos empleados" de entidades financieras y con la policía. Las escenas de tiroteo fueron concebidas por el director como "un diálogo que deja de lado la palabra y se transforma en una conversación física".

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