Festival iberoamericano de teatro Críticas

"Mais" bonita que ninguna

En Brasil, el país de los cuerpos perfectos -moldeados por la samba, en exhibición constante de exiguos tangas o pedrerías carnavaleras- y pionero de las clínicas de cirugía plásticas, se cuenta la leyenda urbana de la dama que subió a un taxi, ante la cual el conductor pronunció admirado: "Es usted tan hermosa que no puede ser obra de Dios, sino del doctor Pitanguy". Desde allí, llega la crítica, no al culto a la belleza sino más bien a la apariencia, a través de un espectáculo que une -como suele ser habitual en los espectáculos brasileños- compromiso con la actualidad circundante, arte y raíces culturales, en definitiva, ética, estética e identidad cultural.

La propuesta se desarrolla en un espacio completamente diáfano y blanco, que remite irremediablemente a la asepsia del hospital o la inquietante calma del psiquiátrico, completado por la presencia de una estructura compuesta de espejos y diferentes proyecciones sobre el fondo. La coreografía, inicia recreándose en movimientos de carácter grotesco, principalmente sobre suelo, por parte de unos bailarines con deformantes celulitis o exagerados bustos -lo de las tetas, con perdón, y las carretas, parece ser universal- gracias a globos distribuidos por el cuerpo bajo el vestuario. Este último, remite en el caso de las féminas a un estilo oriental, con faldas-pantalón y "tops" que dejan el vientre al descubierto, y a un toque "casual" en los hombres, combinando pantalones de vestir y camisetas de algodón.

La secuencia de los diferentes fragmentos juega constantemente con contrastes, antítesis y discrepancias, además de un sutil humor, como los movimientos sinuosos y sensuales de una mujer segura frente a los breves y artificiales de otra convertida en muñeca; el erótico dueto basado en el contacto corporal continuo que no puede culminar a causa del narcisismo, el ángel de una sola ala que cae y se levanta una y otra vez; el esfuerzo inútil de convertirse en la imagen de la portada perfecta, etc. Todo va bien envuelto por la banda sonora original compuesta especialmente para el montaje por Zeca Baleiro, nombre artístico -que traducido al castellano resulta algo así como "Pepito Golosina"- de José Do Ribamar Coelho Santos, uno de los referentes de la nueva música popular brasileña. En ella se funden el folklore popular, la canción melódica o electrónica, así como todo tipo de instrumentos, con letras que combinan humor, poesía y rimas que incluyen referencias a lemas publicitarios o compuestos químicos divulgados por esta persecución de un ideal de perfección inalcanzable, de la que, en la rueda final, como una danza popular y ritual, los intérpretes se liberan en comunidad.

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