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José Ramón Ripoll: "La poesía es el mejor antídoto contra la vulgaridad"

  • El gaditano ingresa en la Real Academia Hispanoamericana con un discurso en el que hace una gran defensa de esta disciplina y el papel que juega en unos momentos como estos

José Ramón Ripoll, en un momento de su discurso de ingreso en la Real Academia Hispanoamericana. José Ramón Ripoll, en un momento de su discurso de ingreso en la Real Academia Hispanoamericana.

José Ramón Ripoll, en un momento de su discurso de ingreso en la Real Academia Hispanoamericana. / Jesús Marín

“La poesía es el mejor antídoto contra la vulgaridad”. El poeta José Ramón Ripoll pronunció esta frase durante su discurso de ingreso como miembro de la Real Academia Hispano Americana de Ciencias, Artes y Letras, ceremonia que ha tenido lugar este miércoles en el Salón de Grados de la Facultad de Medicina. Su intervención fue sobre ‘La poesía más necesaria: conciencia, lenguaje y otredad’ para ocupar el sillón de la letra W, que quedó vacante al acceder la profesora Mercedes Palau Baquero a la categoría de académicos supernumerarios.

Ripoll reconoció que para su discurso tuvo dudas si hablar sobre Manuel de Falla, que fue también académico de la institución y del que profesa una desmesurada admiración. También pensó hacerlo sobre Pilar Paz Pasamar, a la que dedicó numerosos trabajos. Sin embargo, “la poesía como ejercicio personal, su vigencia y papel a jugar en estos tiempos de incertidumbre, dolor y enfermedad, y su vinculación con el otro es una de mis principales inquietudes”, por lo que se acercó a esta disciplina desde una reflexión personal muy profunda y, sobre todo, desde la pregunta.

Y la primera que le lanzó al auditorio es cuál es una de las principales funciones del poeta y que él mismo respondió: “es preguntarse por qué lo hace, qué pretende con sus versos y qué cometido tiene la palabra en un mundo que, sustentándose en ella para representarse a sí mismo, la falsifica y adultera, movido por su propia tendencia a la sumisión y por los intereses de quienes lo manipulan”.

Ripoll afirma que “rastrear el terreno de la lengua es una necesidad del escritor para buscar la raíz vital de los nombres sin sombra que los encubra”. A su juicio, el poema es “la reconstrucción ordenada de una vida -no necesariamente la del autor- sino de un cuerpo anónimo que habita en el interior del escrito como si fuera su propia casa e invita a los demás a fundirse con él en una sola carne y en un solo espíritu”. El nuevo académico cree que reflexionar sobre la poesía “no es simplemente un caprichoso soliloquio del poeta, sino una invitación colectiva a debatir sobre el nombre de las cosas y la identidad de todos”.

También fue crítico cuando ha afirmado que “no hay nada más efectivo para el adoctrinamiento global que reducir la lengua a sus niveles mínimos, porque de esa manera se restringe la exposición de las ideas y la expresión de los sentimientos sin que el hablante advierta ninguna sospecha en su mecanismo mental que le haga sentirse cautivo de su propia limitación”. Por ello entiende que “se trata de un hábil proceso de control que han llevado a la práctica los regímenes más totalitarios del siglo XX pero que hoy siguen utilizando los grandes sistemas del poder económico bajo el amable rostro de la libertad y la democracia”.

Ripoll tiene muy claro que la propaganda política “se dirige directamente a aquellos que responden a la llamada de la incitación”.

En este sentido, la lengua poética “es, por tanto, más necesaria que nunca, porque de algún modo nos inmuniza contra el acoso reductor. Por su naturaleza polisémica se rebela contra aquellos que intentan domesticarla y ceñir un exclusivo significado a sus palabras bajo el pretexto de la inmediata y fácil comunicación, desterrando así todo tipo de esfuerzo por parte del autor y los lectores”.

Y a partir es donde desarrolla su argumento de que la poesía “es también el mejor antídoto contra la vulgaridad a la que tratan de avocarnos”, que se hace presente, a su juicio, “desde el abominable tratamiento de gran parte de la televisión hasta los espectáculos de masa, programados por los estamentos públicos y privados”. Y hay algo que le preocupa mucho y es que “parece que existe una terca tendencia a considerar que aquello que más se acepta por parte de la mayoría es lo que más vale, confundiendo así la democratización de la cultura con su vulgarización”.

Ripoll afirma que en estos tiempos de pandemia “es más necesaria que nunca la compasión, no sólo en el sentido ético o religioso del término, sino en su llana procedencia semántica, es decir, compartir con el otro su pasión, que hoy lamentablemente es su dolor”.

El académico concluye que la poesía “no tiene término medio: es radical en su naturaleza e intención”.

El discurso de José Ramón Ripoll fue contestado por la académica de número y vicedirectora segunda, Ana Sofía Pérez Bustamante, del que dijo que “es un poeta de estirpe juanramoniana”, como lo es la idea de que “la poesía es para una inmensa minoría”.

Tras la entrega de los premios Eduardo de Ory Sevilla, la presidenta de la Academia, Felicidad Rodríguez, clausuró el acto.

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