Crítica de Cinene

Haifaa al-Mansour como una Mary Shelley del siglo XXI

Elle Fanning ofrece una brillante interpretación en la piel de la escritora Mary Shelley. Elle Fanning ofrece una brillante interpretación en la piel de la escritora Mary Shelley.

Elle Fanning ofrece una brillante interpretación en la piel de la escritora Mary Shelley. / d. s.

Mary Shelley (1797-1851), hija del escritor y polemista radical William Goodwin, pionero del anarquismo y de la novela policíaca con su Caleb Williams, y de la protofeminista Mary Wollstonecraft, fue una perfecta hija de su tiempo, tanto por su lucha contra los convencionalismos de la época como por su entrega a esos otros convencionalismos que fueron los excesos románticos más extremos. Su vida tuvo todas las agitaciones románticas propias de los jóvenes rebeldes: amante adolescente de Shelley -cuya mujer se suicidó al saberse traicionada- y después su esposa durante un breve tiempo -el poeta se ahogó a los 29 años- en el que tuvo cuatro hijos de los que murieron tres, viajó por Europa (muchas veces huyendo de los acreedores) o compartió junto a su marido temporadas tormentosas con el canalla Lord Byron. La joven viuda de 25 años se dedicó a la escritura, criar su único hijo superviviente y mantener discretas relaciones sentimentales. Su memoria ha sobrevivido por haber escrito Frankenstein o el moderno Prometeo. Lo publicó en su primera versión, con poco éxito y sin firmarla en 1818, tras idearla en la famosa reunión en la casa de Byron del lago Constanza de la que también nació El vampiro de Polidori. Tras una reedición en 1823, la reescribió en 1831. Fue en ese lapso de tiempo en el que tuvo un éxito tal vez perjudicial para la autora, al ser libremente adaptada al teatro eliminando los aspectos filosóficos y existenciales para resaltar los sensacionalistas que convierten la culta y atormentada criatura en un monstruo más bien torpe. Tras caer en el olvido fue resucitada por el cine sobre todo con la versión de Whale en 1931, tan fiel a las adaptaciones teatrales sensacionalistas como infiel a la novela original.

Partiendo de su experiencia personal de lucha contra un entorno hostil, la directora saudí Haifaa al-Mansour se ha proyectado a sí misma en la figura de Mary Shelley, lo que da a su película una intensidad que insufla vida a su elegante formalismo. La Arabia Saudí de hoy es mucho más restrictiva con las libertades de las mujeres que la Inglaterra de 1818 y al-Mansour ha sido la primera mujer directora de su país logrando darse a conocer internacionalmente con La bicicleta verde. El suyo es un feminismo sin pose y sin impostura porque ha tenido que luchar para afirmarse como directora incluso más de lo que Mary Shelley -recuérdese que la primera edición de su Frankenstein fue anónima- tuvo que hacerlo para ser reconocida como una de las autoras esenciales de la literatura gótica y de terror. La muy buena interpretación de Elle Fanning dota de verdad humana al personaje de la escritora en el que la directora, de alguna forma, se autorretrata como Mary Shelley lo hizo identificándose con el desdichado monstruo.

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