lahoradelbocadillo

Fundido a negro

  • Tras una larga ausencia de 12 años, regresa a las librerías el `Balas Perdidas´ de David Lapham

Fundido a negro Fundido a negro

Fundido a negro

Y lo hace a lo grande, ya que los que nos quedamos huérfanos de esta magnífica serie hace ya la friolera de doce años, tenemos la oportunidad de continuarla con un nuevo volumen, el quinto, titulado Hazañas y travesuras. Y por si esto fuera poco, Ediciones La Cúpula reedita (con nuevo tamaño, rotulación, etc.) el primer tomo con aquel puñado de historias que nos enganchó en su momento y que puede hacerlo ahora con todos los lectores que no conozcan este magnífico cómic enmarcado dentro del género negro.

Corría el año 95, cuando una pareja, los Lapham, David y Martha, se liaron la manta a la cabeza y crearon un sello editorial independiente, El Capitán Books. En él comenzó a publicarse la serie que hizo famoso a David Lapham, ya que en los siguientes años no tardaron en llegar los premios (Eisner) y las numerosas nominaciones. Su título, Balas Perdidas.

Lo malo es que los trofeos no dan de comer, así que todo el dolor de su corazón, pocos años después, tuvieron que tomar una decisión: La colección quedaría suspendida indefinidamente. Gracias al nombre que David se había hecho en el mundo de la viñeta, no le fue nada difícil comenzar a aceptar encargos para las grandes editoriales norteamericanas, Marvel y DC. En ellas posó su pluma sobre personajes como Daredevil, El Castigador, o el propio Batman. Su experiencia previa cuando comenzó en esto de las viñetas, trabajando para sellos como Valiant o Defiant, le facilitaron la labor a la hora de cambiar el chip.

Afortunadamente, había dejado un buen puñado de número de su serie, además de maravillas breves como las miniseries Murder me dead o la dedicada a Amy Racecar, y más tarde también tendría la oportunidad de seguir cultivando su género favorito con Silverfish y la lisérgica Young Liars, ambas publicadas en el sello Vertigo de DC Comics.

En aquellos años, mediados de los noventa y comienzos del nuevo siglo, el cómic de género criminal tan solo se cultivaba dentro de los grandes sellos, os puedo poner como ejemplo los trabajos de otros grandes del noir como Brian Azzarello (Jonny Double, 100 Balas), Jason Aaron (Scaped), Greg Rucka y Ed Brubaker (Gotham Central), autores la mayoría que, años después, liberados del yugo del comic-book mensual, se situarían en el Olimpo del Cómic, al llevar impresionantes relatos noir a la viñeta.

Y es curioso que muchos de ellos hayan arribado en la misma editorial, Image Comics, un lugar en el que los autores poseen la total autoría de su obra y la cadencia de su publicación, por lo que estaba bastante claro que aquella iba a convertirse en la nueva casa de la serie Balas Perdidas, que regresó a las estanterías yanquis en el año 2014, con el consiguiente alborozo de todos los que la seguíamos.

Y bueno, os preguntaréis, ¿de qué va esta serie? Pues bien, os pondré un claro ejemplo para que podáis poneros en situación: ¿Recordáis la película de Robert Altman, Vidas cruzadas, basada en los relatos de Raymond Carver? Pues bien, David Laphan nos lleva al lado más oscuro y peligroso de la Norteamérica de los últimos años, y lo hace presentándonos a una chiquilla, Virginia Applejack, miembro más joven de una familia totalmente desestructurada, con un padre ausente la mayoría del tiempo, una hermana que sufre en silencio y una madre que odia a la protagonista.

Las primeras historias contenidas en el volumen titulado La inocencia del nihilismo nos lleva a Baltimore, y comienzan presentándonos a Frank Y Joey, dos asesinos que, en uno de sus trabajos, la que se suponía iba a ser una noche tranquila, terminará como una orgía de sangre y violencia.

Violencia que la joven Virginia, Ginny, contemplará al salir del cine, marcándola de por vida. Su actitud rebelde le va a acarrear multitud de problemas y alguna que otra cicatriz…

Ella y otros personajes son las piezas de este rompecabezas, que poco a poco irá tomando forma ante nuestros ojos, desvelando un sangriento y brutal tapiz.

Y para los que ya seguíamos la serie en el sello Brut de La Cúpula, un salto en el tiempo: Tres años que han pasado desde que Ginny decidió romper con todo. Pero ahora ha regresado a su ciudad y, sobre todo, al instituto, donde trabará amistad con otro loser como ella, el joven de color Leon. Desde un segundo plano observará a sus compañeros, concretamente a los gamberros del lugar, miembros la mayoría del equipo de rugby: Rufus, Jeb, Mike… y a algunos pandilleros, encabezados por Sidney Barret. Entre todos se formará una red invisible, donde también quedarán atrapados Stef y Tony, una joven pareja, y el apocado padre de Mike, que conocerá de primera mano los expeditivos métodos de un matón apodado Dedos…

Y a todo esto, tanto en el primer tomo como en el quinto, se nos presentan las aventuras criminales y alocadas de una chica llamada Amy Racecar, que comparte rasgos con Virginia… ¿Quién es esta muchacha?

La violencia más descarnada espera para estallar en esta serie, calificada ya como una de las mejores del género criminal plasmado en viñetas de cómic.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios