Cultura

Extremo expresionismo

Una de los nombres considerados como estrella dentro de los fastos en los que Cádiz se encuentra inmerso dentro de este año de tanta referencia conmemorativa es el de Oswaldo Guayasamín, el artista ecuatoriano, uno de los máximos exponentes de la pintura latinoamericana de la centuria anterior. Dos exposiciones concentran la atención sobre la obra del artista. Por un lado, la del Castillo de Santa Catalina acoge el grueso de la obra pictórica, esa que nos sitúa en los preclaros episodios expresionistas de una humanidad que presenta su ángulo más descarnado, agonizante y altamente cuestionable. Por su parte, la galería Benot patrocina la obra gráfica y los dibujos de un Guayasamín que sitúa la obra seriada en los mismos planteamientos plásticos y estéticos, pero sin los extremos visuales y significativos de su particular pintura.

Guayasamín es un autor de una obra con mucha personalidad, con carácter; está en posesión de un lenguaje particularísimo puesto al servicio de una pintura que plantea los descarados episodios de una sociedad circundada de registros agónicos, dramáticos, deshumanizados; una naturaleza humana que se ve transgredida, manipulada, agredida y, casi a punto de ser destruida por la propia inconsciencia reinante.

Los personajes del artista ecuatoriano manifiestan máximos extremos, les cuesta mirar tanto horror como se aprecia ante ellos; cuando lo hacen sucumben ante el espanto de una decadencia palpable y tangible. La obra de Oswaldo Guayasamín duele; los lamentos que representan hacen daño a los oídos, abren las esclusas del horror; crean incertidumbre, desentrañan estados de fuerte emoción. Ante la inmensa miseria de un mundo en agonía perpetua, el artista hace patente la tremenda realidad de una gente que parece soportar, con amarga resignación, su eterna desgracia y traza gestos desesperados que vienen a positivar el dolor de un pueblo cruelmente condenado.

Su pintura es tremendamente expresionista, sus rasgos plásticos están conformados con poderoso vigor que acentúa los vértices significativos de una obra eminentemente testimonial. Si en el Castillo la pintura es todo un tratado de expresionismo humanista de extrema dureza visual; en Benot el expresionismo humano se atempera y hay un mayor interés ilustrativo, sin la dureza máxima que se observa en la pintura. Aquí parece como si el autor tuviese un mayor deseo artístico en detrimento de esa capacidad extrema donde el contenido sobrepasa el continente.

En definitiva, una doble exposición interesante que nos pone en el horizonte de un artista cuyos gritos desgarrados sobre la decadente humanidad no hacen olvidar la pasión por el propio sentido de lo artístico.

Galería Benot-Castillo Santa Catalina Cádiz

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