Cultura

Enigmas tras una cortina

  • El gaditano Pablo Fernández-Pujol regresa a su ciudad natal, al Museo Provincial, para presentar una obra que no va a dejar indiferente a nadie

Pablo Fernández-Pujol, ante una de sus creaciones en el patio del Museo de Cádiz. Pablo Fernández-Pujol, ante una de sus creaciones en el patio del Museo de Cádiz.

Pablo Fernández-Pujol, ante una de sus creaciones en el patio del Museo de Cádiz. / joaquín hernández kiki

No es ni mucho menos el patio central del Museo de Cádiz el lugar más adecuado para cualquier exposición. Carencias lumínicas y espaciales impiden una correcta contemplación. No obstante, las estancias museísticas pueden servir de adecuados espacios para puntuales muestras, siempre que exista un riguroso proyecto expositivo que dispongan a los mismos de unos especiales sistemas, con todas las necesarias exigencias museográficas . Es lo que ocurre con la magnífica muestra, comisariada por Eduardo Rodríguez y Miguel Ángel Valencia, que integra parte de la Colección de Arte Contemporáneo de la Diputación Provincial en las estancias de la institución de la plaza de Mina, yuxtaponiéndose a la perfección el permanente contenido del Museo y las obras seleccionadas al efecto. Sin embargo, el patio nunca ha ofrecido unas excesivas posibilidades para el adecuado montaje de exposiciones. Partiendo de esta consideración, debemos decir que la contundencia formal de la obra de Pablo Fernández-Pujol suple cualquier situación y deja apartado cualquier esquiva situación sobre este respecto.

Hemos sido testigos de la evolución, seria y acertada, de este artista. Ya queda lejos aquel joven pintor, de apasionada disposición, que se abría a los postulados de una pintura abstracta que no ofrecía la menor duda de su fortaleza plástica y de sus muy buenas posiciones artísticas. Después, Fernández-Pujol se adentró por terrenos más comprometidos, asumiendo nuevas realidades plásticas con las nuevas tecnologías como estructuras compositivas que, a su vez, compartían espacios escénicos con el compacto discurso pictórico del que hizo gala desde un primer momento. Un artista siempre dispuesto a formalizar proposiciones de poderosa conformación plástica y acertados apoyos conceptuales, que adecuó la forma a un contenido sabiamente posicionado y que se alejó de posturas fáciles y conformadoras.

Ahora, vuelve a la capital gaditana a presentar una obra que no va a dejar indiferente a nadie. Una obra que insiste en los parámetros de un artista muy completo, que sabe desarrollar una pintura contundentemente constituida en unos planteamientos pictóricos de fuerte configuración plástica. Para ello se vale de una situación artística muy bien concebida y, todavía, mejor llevada a efecto. Con un dominio absoluto del dibujo y un manejo sutil, minucioso y sabiamente acondicionado del color, nos sitúa ante una especie de espectaculares trampantojos que hace dudar abiertamente a la mirada y pone en juego la capacidad observadora del espectador. Con unos papeles escuetamente apuntillados a la pared, el artista recrea una especie de cortinajes que parecen movidos por el viento. Tales papeles pintados con acuarelas, con sorprendente facilidad ilustrativa, desarrollan un juego de inquietantes complicidades. La mirada capta una cortina movida por el viento que induce a mirar por detrás, buscando espacios escondidos. El espectador mantiene una duda razonable que tarda en despejarse y busca el guiño del que observa. Se trata de un juego de identidades, un espacio teatral donde habita la duda, donde la realidad pierde muchas de sus dimensiones representativas para adoptar nuevas proposiciones significativas que mueven abiertamente la expectación.

En la exposición de Pablo Fernández-Pujol -la muestra tiene por título Behind the Curtain ( Detrás de la cortina)-, además de estas inquietantes cortinas que provocan más que enseñan, con tres formatos distintos, se presenta una pequeña maqueta de madera a modo de almacén donde se guardan unos minúsculos rollos de telas que recrean los cortinajes que, después, se extenderán por el espacio museístico. Junto a ella, una videocreación que, ya, se pudo contemplar en una anterior comparecencia del autor en el ECCO, protagonizada por unas camisas que, colgadas de un tendedero, adquieren vida y realizan movimientos de gran impacto visual. Por último, otra maqueta como un pequeño teatro donde actúa un curioso personaje a la manera de las sombras chinescas.

La exposición del museo gaditano nos presenta el último trabajo de uno de nuestros más acertados y directos artistas. Un autor que ha buscado -y encontrado- muchos caminos por donde establecer la contundencia de su credo artístico. Pintando, dibujando, mediante la fotografía, los vídeo montajes o los abiertos estamentos de la instalación, Pablo Fernández-Pujol nos hace transitar por varias realidades muy bien acondicionadas en fondo y forma.

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