Cultura

Diferente, fácil, genial

  • Sala Rivadavia

Los ortodoxos de lo artístico pueden poner le grito en el cielo; los puritanos del Arte podrán considerar que se trata de algo parecido a un vil atentado contra lo que ellos entienden por el más absoluto rigor; incluso, nos podemos encontrar con que existe algún enteradillo que crea estar ante un mero juego de curiosas manualidades -entre estos enteradillos se pueden incluir a esos autores, que no artistas, que sólo creen que su trabajo es el único digno de ser considerado Arte y, por tanto, válido-. Unos y otros, aquellos y estos no son si no pusilánimes y miopes equivocados en lo que se refiere la creación contemporánea. Lo artístico tiene muchos más horizontes. Lo que Arsenio Rodríguez ofrece en la Sala Rivadavia es una feliz manifestación de lo que podríamos considerar como jocosa, festiva y fresca muestra de una muy acertada realidad artística. Y si no que se lo pregunten a los niños, a los jóvenes y a todos aquellos que han llenado constantemente los espacios del que es consulado de Argentina en Cádiz. Ellos que no están impregnados ni contaminados de prejuicios adoptan sabias miradas a un desarrollo plástico lleno de enjundia creativa y alta dimensión creativa. 

    

 Arsenio Rodríguez es un artista gaditano que no forma parte de los habituales ambientes plásticos. Su trabajo está fuera de lo que consideran canónico pero, no por ello, carece de trascendencia artística. El autor nos ofrece un nuevo sentido escultórico con unos especialísimos elementos como determinantes modos conformadores. Se trata de la manipulación de simples, entrañables y cotidianos objetos de desecho a los que acondiciona de una manera muy particular. Así nos encontramos con una obra diferente, llena de entusiasmo creativo y generadora de un espíritu distinto donde continente y contenido funden sus fronteras a la búsqueda de una realidad simple pero llena de frescura y con una dimensión que nos hace circular por un Arte muy a contracorriente.

La exposición nos presenta dos partes perfectamente diferenciadas. Por un lado, en una de las salas se nos ofrece una especie de factoría donde el propio autor crea en directo sus propias obras. Aquí es muy interesante la participación del espectador, que aporta muchos elementos para futuras creaciones. En esta primera sala encontramos algunas de las felicísimas experiencias que el artista realiza elevando el objeto real a un máximo elemento conformador. En el siguiente espacio, Arsenio Rodríguez nos ofrece su definitivo trabajo. Un universo de magia se nos presenta con su aspecto y sus modelos distintos y diferenciadores. Simples piezas de algo tan cercano como unos viejos muñecos son las bases de unas obras llenas de máxima originalidad, potencia formal y gracia visual. Objetos salidos de objetos, que se convierten en obra artística y que plantean un testimonio de compromiso absoluto con lo artístico.

La exposición, distinta de principio a fin, atractiva en toda su dimensión y con muchas circunstancias felices para encontrar en lo artístico nuevos planteamientos y diferentes postulados, sirve para abrir novedosos horizontes a un Arte Contemporáneo que necesita más sabias referencias.

Por tanto, estamos ante una muy buena exposición, con un planteamiento artístico distinto a lo que habitualmente encontramos en una creación con demasiado espíritu igual.

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