Cultura

La Catedral enloquece con Sara

  • La bailaora gaditana Sara Baras puso fin a los Conciertos para la Libertad con su espectáculo 'Juana La Loca', casi una hora y media de flamenco y drama que consiguió enamorar a un público entregado

La historia también se aprende a golpe de taconeo. La historia se puede traducir a tanguillos, alegrías o bulerías. La mejor de las clases de historias se vivió anoche en la plaza de La Catedral y gracias al saber de la mejor de las maestras en la materia, Sara Baras.

Quinientos son los años que se conmemoran en 2009 de la llegada de Juana I de Castilla a la Casona-Palacio de Tordesillas, donde pasó los últimos 46 años de su vida hasta su muerte, motivo que ha llevado a la bailaora y coreógrafa Sara Baras a retomar el espectáculo que estrenó allá por el año 2000, Juana La Loca. Este trabajo, que supuso un antes y un después en la carrera artística de la Baras, puso anoche fin al ciclo de Conciertos para la Libertad.

Con el cartel de "no hay entradas", la Plaza de la Catedral esperaba ansiosa el comienzo del espectáculo, que se retrasó un cuarto de hora. Tan sólo con el sonido de una guitarra de fondo, Sara apareció en el escenario. Aún no era Juana, porque al aplauso que el público le dio al verla, respondió con una sonrisa y llevándose la mano al pecho en señal de agradecimiento. Sin embargo, poco tardó en meterse en la piel de la reina de Castilla, papel que no sólo supo bailar como ella sabe, sino al que no le costó interpretar durante más de una hora.

La gaditana sintió y sufrió todo lo que le ocurría a Juana La Loca, en un espectáculo en el que, además de flamenco, se vio la tragedia y el drama que supuso para Juana la fatídica historia de amor que vivió con Felipe El Hermoso.

El cuerpo de baile, formado por seis chicos y seis chicas, salió al escenario llenó de fuerza y energía y se dejaron la piel en él. Los que también se dejaron la piel en el escenario, aunque ellos por detrás del decorado que impedía que se les viera, fueron los músicos y cantaores, unas voces que ayudaron a entender la historia de amor.

Los tientos expresaron coraje, las sevillanas felicidad y la saeta tristeza. La iluminación fue perfecta y espectaculares fueron los movimientos de los trajes que se parecían desprenderse del cuerpo de las bailaoras y volar.

Sara Baras consiguió meterse al público en el bolsillo desde el primer momento, cuando junto a su cuerpo de baile y a José Serrano, que interpretó a Felipe El Hermoso, bailaron unas sevillanas y unos tangos que arrancaron el aplauso del público, uno de los momentos más espectaculares de la representación, junto una saeta magistralmente cantá por Saray Muñoz.

Si Juana lo dio todo por amor, Sara lo dio todo por su público. Se dejó la piel en el escenario y cada gota de sudor era prueba de ello. La dulzura con la que movía sus manos y sus brazos chocaban con la fuerza con la que cada taconeo retumbaba en la Catedral.

El momento álgido de la noche llegó con el fin de fiestas por bulerías en el que no sólo Sara fue la protagonista. Fue Ana González, una de las integrantes de su cuerpo de baile, quien se arrancó, seguida por dos bailaores gaditanos que derrocharon arte sobre el escenario. Ellos le dieron paso a José Serrano, que ya no era Felipe, sino Pepín, y tras él, ella, que ya no era Juana, sino Sara. Tras un taconeo que dejó sin palabras al respetable, fue ella la que habló. Breve y conciso, pero muy clarito. ¡Viva Cádiz! a lo que el público respondió poniéndose en pie, para despedirla entre aplausos.

Juana La Loca, un espectáculo lleno de fuerza y energía. Un espectáculo que enloqueció a la Plaza de la Catedral. Un espectáculo que demostró que la reina del flamenco tiene un nombre, y se llama Sara Baras.

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios