Karmen | Crítica

Carmen sobre la arena

  • La compañía Teatro la Máscara trae al FIT su versión de 'Karmen'

Una escena de 'Karmen', de Teatro La Máscara.

Una escena de 'Karmen', de Teatro La Máscara. / Jesús Marín

Cuarenta y cinco años de trayectoria respaldan el trabajo de Teatro la Máscara de Cali (Colombia), una entidad sin ánimo de lucro que combina la producción y formación teatral con proyectos de índole social. Su propuesta para el FIT 2019 es Karmen, un trabajo de investigación alrededor de la figura mítica de la protagonista de la novela de Prospero Mérimée y de la ópera de Georges Bizet.

Todas son Carmen sobre la arena. Un círculo perfecto convoca la presencia de un personaje símbolo de la mujer fatal que, en la propuesta de Teatro la Máscara, nace y renace una y otra vez. Las actrices de la compañía despliegan sus encantos para seducir una vez más a Don José, para enfrentarlo una vez más a Escamillo, para amarlos a ambos con rabia, asumiendo las consecuencias.

Todas iguales y distintas al mismo tiempo. Cada una de las actrices ofrece luz sobre una faceta oscura del personaje, aporta un matiz importante para conocer mejor a esta mujer poderosa. Lisonjera, seductora, vengativa o caprichosa, Karmen insiste en acercarnos al mito desde múltiples perspectivas, pero, por encima de todo, nos acerca a una mujer libre capaz de decidir sobre su propio destino, incluso si eso incluye su perdición y la de sus amantes.

El tiempo transcurre siempre en contra de Carmen, siempre la lleva al mismo final y ella parece consciente del desafío. No así su amante, que siempre espera a la mujer nueva, aunque luego sucumba a los encantos de la misma: mujer aventurera, diosa inmortal. Esta parece ser la tesis del montaje de la compañía colombiana. El amor es el definitivo protagonista de su propuesta. Carmen y Don José son únicamente el paradigma supremo de este sentimiento amable y cruel a un tiempo.

Parte de la acción de Karmen se sitúa en Colombia, aunque la mayoría de las escenas suceden en un espacio atemporal reforzado por la magia de la música en directo y por la voz de uno de los actores que canta sentado en escena. El trabajo actoral es desigual, aunque se adivina el ímpetu compartido por llegar al público, la emoción que le supone estar en este proyecto a un elenco integrado por una mayoría de actrices muy jóvenes.

Un acierto la concepción escenográfica. Sencilla y sutil a la vez: un círculo de tierra que evoca un ruedo taurino, pero también el círculo del tiempo y de la vida. Bajo esa tierra, el puñal apto para el sacrificio, la ropa que dará forma al cuerpo amado. Gira la rueda del destino. Carmen baja a la arena. El tiempo se detiene y ella vuelve a brillar con su halo trágico.

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