Crítica de Cine

Caballos y 'drones'

Camarón, en una imagen de archivo recogida en el documental. Camarón, en una imagen de archivo recogida en el documental.

Camarón, en una imagen de archivo recogida en el documental.

Veintiséis años después de su muerte, la vida y la leyenda de José Monje Cruz (1950-1992), Camarón de la Isla, son de sobra conocidas por cualquiera que haya hecho un mínimo esfuerzo por acercarse a su figura, de sus orígenes humildes en San Fernando a los conciertos internacionales en Nueva York, París y Montreux, de los primeros pasos en la Venta de Vargas a la grabación de aquel mítico Soy gitano con la Royal Philharmonic, de las juergas flamencas a los estragos de la heroína, de Paco de Lucía a Tomatito, de los consejos de Caracol y Mairena a la tutela de Ricardo Pachón, de la ortodoxia de sus primeros discos a la renovación y el giro radical de La leyenda del tiempo, puerta para lo mejor y lo peor del llamado flamenco pop.

De todo ello trata este documental ortodoxo, didáctico y convencional que quiere aparentar no serlo a través de algunas dudosas estrategias. A saber, desde el grano y el deje castizo de la voz narradora de Juan Diego, manipulando viejas fotografías de infancia y juventud en blanco y negro con efectos 3D, haciendo volar a los drones sobre las salinas, las playas y las ciudades, reconstruyendo episodios con animación o siguiendo a un caballo blanco (sic) como símbolo de la autenticidad, la libertad y la rebeldía del cantaor a lo largo de su vida.

Camarón: Flamenco y revolución tira de archivo público e íntimo más o menos conocido, apenas con algún material nuevo, traza el recorrido desde la muerte y aquel entierro de masas y sigue fielmente un guión lineal que no se permite, precisamente, demasiadas heterodoxias ni digresiones. Y una vez más, como ocurre en tantos otros documentales del género, se revela incapaz de aguantar verdaderamente las músicas, de enfrentarse al tiempo y el desgarro del cante en su totalidad, eludiendo al fin y al cabo la materia prima que convirtió a Camarón en un talento único e incuestionable.

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