Cultura

Aramburu gana el Biblioteca Breve con una sátira de la "poetambre"

  • En 'Ávidas pretensiones' (Seix Barral), el escritor vasco recurre al humor para recrear las interioridades de una supuesta "vida literaria".

Caballero Bonald fue el primero el recordar el término cervantino "poetambre" a la hora de describir Ávidas pretensiones, la novela con la que Fernando Aramburu se hizo ayer con el Premio Biblioteca Breve de Novela. Una novela que se define como sátira y que defiende, desde el principio, el género humorístico como género propio de la literatura española. Como miembro del jurado de este año, Bonald se confesó un "lector atento y afanoso" de Aramburu desde su primera novela, Fuegos con limón, y lo definió como el autor de una "prosa eficiente con injertos castizos".

En Ávidas pretensiones, Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) dibuja una parodia del mundo literario, recreando un desfasado encuentro poético en el que los autores se dedican, principalmente, a desvariar y medrar entre ellos. "Así -continuó José Manuel Caballero Bonald durante la comunicación del premio-, Aramburu dibuja unos personajes moviéndose entre el esperpento y la caricatura, en una versión actualizada del Viaje al Parnaso cervantino".

La poetada como bohemia desesperada no es, sin embargo, el único anclaje de enjundia que la novela ganadora del Biblioteca Breve presenta con la tradición literaria: Ávidas pretensiones vindica el humor como fuente y constante de nuestras letras, en una tradición que surge de El Lazarillo -de hecho, el texto presenta referentes continuos al clásico, como la presencia de un ciego y su guía- y que continuó en nombres como Wescenlao Fernández Flores, Jardiel Poncela, Rafael Azcona o el propio Eduardo Mendoza, también miembro del jurado de esta edición del galardón, junto a José Manuel Caballero Bonald, Pere Gimferrer, Carme Riera y Elena Ramírez. En este sentido, Mendoza mostraba su satisfacción ante el hecho de que un "novelista de verdad hubiera optado por concursar con una sátira salvaje. El de la literatura es un mundo extraño que todos tendemos a idealizar menos los que nos dedicamos a su estudio".

La dicotomía existente entre literatura y vida literaria fue elemento que subrayó en el texto Pere Gimferrer: "Los personajes de este libro no son escritores ni lectores, sino gente que se ha aficionado a ello -apuntó-. No actúan más que por vanidad de ellos mismos: son aquellos que confunden carrera literaria con literatura, y a la sociedad literaria con la literatura misma".

"¿Vienes de un encuentro con 34 escritores?" -recordaba Gimferrer que le había dicho en alguna ocasión Juan Luis Panero-. "Pero si yo creía que en España sólo había tres o cuatro..."

Ávidas pretensiones trata, en fin, "las relaciones de poder -concluía Pere Gimferrer- de una manera a la vez grotesca, triste y sórdida".

"Hay sueños cuyo cumplimiento abarca toda la vida. Mi sueño -explicaba Aramburu- lo concibió un adolescente que, a los catorce o quince años, se propuso consagrar su vida a ser escritor".

También se propuso ser futbolista (de la Real Sociedad), ciclista, ajedrecista y lanzador de jabalina, fracasando en todas ellas, por supuesto. Pero fue en la escritura donde Fernando Aramburu no escatimó ni tiempo ni esfuerzo, y ni siquiera ahora-, con tanto recorrido, siente estar cerca del final: "Premios como este son una posada en el camino, y yo me siento desmesuradamente honrado por ello, celebro tanto que el jurado haya tenido deferencia de escoger o que haya cometido el error de hacerlo. En cualquier caso -bromeó-, ya es tarde".

Buscar jugosas similitudes entre los personajes de Ávidas pretensiones y el actual panorama literario nacional sería -indica Aramburu- inútil. No todos los personajes son ficticios "para salvaguardar" su "integridad", sino que la inspiración para la puesta en escena de la novela tiene referentes alemanes.

El escritor vasco aludió al humor como una "necesidad vital para con los demás y como uno de los compromisos más serios" de su vida. El humor es un resorte que salta, además -añadió- en los" peores momentos personales", tal vez como un factor de compensación busco a posta la risa o el humor como antídoto. Para mí, uno de los pequeños placeres de vida consiste en hacer reír a los demás, provoca un calambre de gusto.... Debe ser algo así como la felicidad..."

Fernando Aramburu afirma que en esta incisión a la "poetada" , "no hay revancha" aunque sí admitió tener la "intuición de que el humor y la poesía son incompatibles. Tengo la sensación de que ambos abordan la realidad de manera similar pero en direcciones contrarias. Al contrario que la prosa, en la poesía, cualquier palabra no sirve, no fluye... Yo soy el primero que sufro esto, porque los dos géneros me gustan".

Hablando en torno a la cuestión de letras y vida literaria, Aramburu recurrió a la figura de literatura como oficio: "En Alemania -evocó- existe la figura del escritor libre, no es alguien que se dedica a escribir los fines de semana o por la noche, como puede. Hay toda una estructura alrededor que te permite, llegado el momento, dedicarte sin dependencias a la literatura. En las presentaciones de libros, por ejemplo, el público acude pagando. La consideración por el escritor también es grande, y está lejos del delirio bohemio en el que hemos abundado y del que yo me hago eco en la novela".

Ávidas pretensiones, que verá la luz el próximo mes de marzo de la mano de Seix Barral, se impuso a los 945 manuscritos presentados en esta convocatoria del Biblioteca Breve, en una edición en la que destacó la temática histórica, de tipo místico y de ciencia ficción y fantasía.

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