Académico de honor de Bellas Artes de Cádiz Antonio Pulido defiende el mecenazgo nacido del corazón

  • El presidente de la Fundación Cajasol entra en la Academia de Bellas Artes con un discurso en el que alza la bandera de la cultura como reflejo de una sociedad avanzada

El presidente de la Fundación Cajasol, Antonio Pulido, en el salón de plenos durante su discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de Cádiz. El presidente de la Fundación Cajasol, Antonio Pulido, en el salón de plenos durante su discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de Cádiz.

El presidente de la Fundación Cajasol, Antonio Pulido, en el salón de plenos durante su discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de Cádiz.

El mecenazgo hecho con pasión, nacido del corazón, del amor por las artes y la cultura. Su defensa y su promoción desde entidades e instituciones fue el eje central del discurso con el que Antonio Pulido, presidente de la Fundación Cajasol, ingresó ayer en la Real Academia de Bellas Artes de Cádiz como académico de honor. Estrategias y herramientas para el impulso a la cultura en el siglo XXI fue el título de un discurso que tuvo como escenario, como marco de excepción, el salón de plenos del Ayuntamiento de Cádiz. El pintor y académico gaditano Hernán Cortés recibió al nuevo miembro honorario de la bicentenaria institución, mientras que su presidenta, Rosario Martínez, pronunció el discurso de clausura y el alcalde de Cádiz, José María González, fue el encargado de cerrar el acto.

El discurso de Pulido, académico ya en varias instituciones similares españolas y andaluzas, transcurrió entre el protocolario pero sincero agradecimiento, una glosa del papel que deben jugar las academias, convenientemente modernizadas, en el siglo actual, y una profunda reflexión sobre el mecenazgo como hilo promocional de la cultura desde los tiempos de los romanos y sobre su rol como soporte, uno de los soportes a lo largo de los siglos desde entonces, de buena parte de las disciplinas artísticas. Una vinculación hoy modernizada, muchas veces en manos de fundaciones como la que él mismo preside y para la que volvió a reclamar –ni es el único ni es la única vez– la deseada y demandada Ley del Mecenazgo.

“Ciertamente –dijo Pulido en un momento de su discurso–, existen entidades y empresas que apuestan por el mecenazgo porque entienden que vincular su imagen a la investigación, la divulgación o el fomento a la cultura o las artes les proporciona beneficios intangibles, pero perfectamente identificables en términos de notoriedad, prestigio y reputación pública. Daré mi opinión sin ambages: nadie debe escandalizarse por ello, ni extender un manto de sospecha sobre estas fórmulas de promoción cultural en las que confluyen intereses de distinta naturaleza”.

El presidente de la Fundación Cajasol entiende que estas motivaciones son “totalmente compatibles” con el “espíritu altruista del mecenazgo”. Sobre todo porque “sin la salvaguarda de esos intereses y beneficios comerciales, no habría recursos económicos que dedicar a esas tareas benefactoras”.

Un medio, pues, para alcanzar el fin, el objetivo de promocionar la cultura y las artes desde el impulso que otorgan fundaciones como Cajasol, y que en último término no puede desgajarse, a juicio de Pulido, del arranque emocional del que nace el mecenazgo y su compromiso con la creación artística: “Quisiera defender que sí que existe un nexo perfectamente identificable en cualquier forma de mecenazgo que se haya conocido a lo largo de los tiempos. Si me permiten un símil jurídico, y ya saben que no soy precisamente docto en esa materia, una especie de elemento esencial del contrato, que no puede ser otro que la pasión por esa forma de interpretar el mundo que son las artes, el amor por la cultura en cualquier de sus expresiones. Ese elemento esencial, el corazón del mecenazgo, no puede estar alejado, además, de una auténtica vocación altruista”.

Antonio Pulido, en fin, defiende el mecenazgo como una suerte de palpitación cardiaca, nacido de un corazón capaz de bombear cultura para irradiarla en todos los sectores de la sociedad y para que la humanidad crezca a partir de su exclusiva capacidad de convertirse en creadores de arte. Un mecenazgo con un fin claro: “Lo realmente definitorio del mecenazgo es su carácter facilitador del desarrollo de la cultura y las artes haciendo que se alcancen unos niveles de excelencia en la creación y accesibilidad por parte del público que se frustrarían sin el concurso de las entidades y personas benefactoras. [...]. Una sociedad que se precie de avanzada no puede orillar la cultura, las artes, el pensamiento, ni siquiera en momentos de dificultades económicas”. Como señaló más adelante, la cultura debe ser “un instrumento de mejora de nuestra sociedad”.

No olvidó el presidente de la Fundación Cajasol una reivindicación ya habitual en muchos entornos culturales, que desde hace décadas vienen demandando un marco legal apropiado que ampare esta labor cultural y que contribuya a definir su funcionamiento y sus beneficios: “Es necesario habilitar instrumentos coherentes con estos objetivos y uno de ellos puede ser la tan anunciada, y nunca materializada, Ley sobre el Mecenazgo, un auténtico clásico entre los anuncios nunca cumplidos por parte de ningún gobierno”.

Antonio Pulido defendió con datos y hechos la labor social y cultural de la fundación que preside, se refirió a su colección artística compuesta por 7.000 piezas y recordó el “compromiso” de la entidad con la provincia de Cádiz a través de su sede en la capital, la rehabilitada en su momento Casa Pemán, y con el anuncio de que “en los próximos días” la fundación inaugurará también sede en Jerez con un auditorio y nuevos espacios expositivos.

Agradecido por el nombramiento de académico de honor de Bellas Artes, Pulido, que se comprometió a aportar su “grano de arena” a la institución, recordó el origen de estas entidades creadas en su mayoría en el Siglo de las Luces y las animó a seguir jugando en esta época un papel determinante en la conservación y difusión del patrimonio cultural, a través, eso sí, de una actualización a los tiempos actuales sin perder su esencia: “Un empeño de renovación respetando su ADN original”.

“Animar a la Real Academia de Cádiz, a quienes las integráis de manera tan leal y eficaz y quienes, como yo ahora, se incorporan, a dar un impulso a nuestra tarea, con un aire renovador, que os sitúe en la vanguardia del nuevo milenio al servicio de nuestra sociedad”.

Agradeció también Pulido la presencia del alcalde gaditano, de quien destacó su compromiso con la cultura. Y José María González, por su parte, mostró su satisfacción por presidir el acto y destacó “el cariño y la devoción” que Antonio Pulido siente por el arte: “Lo muestra con palabras y con los hechos”. González destacó también el compromiso del presidente de Cajasol con la ciudad de Cádiz: “Nunca he encontrado un no por respuesta de Antonio Pulido”.

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